En los Premios Planeta, el misterio no siempre está entre las páginas de una novela. A veces empieza por la firma. El juego de los seudónimos se ha convertido en uno de los grandes alicientes del galardón: detrás de un nombre inventado puede esconderse tanto un autor novel como una figura consagrada, y descubrir su identidad forma parte de la expectación que rodea a la gala. En 2021, el seudónimo Carmen Mola destapó la identidad de tres escritores: Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero. Este año, pocos podían imaginar que detrás de Luz Ventura se encontraba Isabel Allende, una de las escritoras vivas en lengua española más leídas del mundo, que se ha alzado con el Planeta gracias a la precuela de La casa de los espíritus, la novela que publicó hace más de cuatro décadas y que se ha convertido en un clásico de la literatura universal.
La revelación de Allende ha servido también para celebrar una cifra redonda: las 75 ediciones de un premio cuya dotación alcanza ya el millón de euros, lo que lo sitúa entre los galardones literarios mejor remunerados del mundo. Una cuantía que comparte con el recientemente creado Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, aunque este último reconoce obras ya publicadas.
La elección de Allende dibuja, además, un perfil distinto al de otros ganadores recientes del Planeta con una marcada presencia mediática, como Juan del Val, vencedor en 2025 con Vera, una historia de amor. En esta ocasión, el foco recae en una autora de trayectoria internacional consolidada y en una obra que conecta con uno de los títulos más emblemáticos de su carrera. Con este reconocimiento, Allende se incorpora a un palmarés en el que figuran grandes nombres de la literatura española, como Juan Marsé y Ana María Matute y recupera una novela convertida ya en clásica.
Así, en La hora antes del alba —novela con la que ha ganado el Premio Planeta—, Allende retoma la historia de Alba Trueba, nieta del patriarca de La casa de los espíritus. Después de ser encarcelada y torturada durante la dictadura chilena, la protagonista regresa embarazada a la casa familiar. Desde allí, reconstruye su vida y se convierte en testigo de una época marcada por la represión, el miedo y las heridas que deja la violencia política.
Aunque se trata de obras independientes, Allende llevaba décadas pensando en retomar la historia de Alba, en parte por las preguntas de los lectores sobre el destino del personaje. El regreso a la familia Trueba le permite volver sobre algunos de los temas centrales de su literatura, como la memoria, el exilio y las heridas de la represión, esta vez desde la perspectiva de una mujer que trata de reconstruir su vida y dar testimonio de lo ocurrido.
La escritora también ha explicado, mientras recogía el galardón, por qué había decidido presentarse al Planeta, algo que no había hecho hasta ahora. “Nunca me había presentado a un premio para evitar la humillación de quedar a la cola”, ha bromeado durante la gala. A sus 84 años, ha asegurado, era el momento de asumir el riesgo.
La victoria de Allende también tiene una dimensión geográfica: doce años después de que el mexicano Jorge Zepeda Patterson ganara el premio con Milena o el fémur más bello del mundo, en 2014, el Planeta vuelve a cruzar el Atlántico para reconocer a una autora latinoamericana. Pero el resultado tiene también otra lectura, esta vez editorial. Allende ha estado vinculada durante décadas a Plaza & Janés, sello perteneciente a Penguin Random House, desde la publicación de La casa de los espíritus en 1982. Con el Planeta, su nueva novela pasa al catálogo de un grupo competidor. Aunque el galardón no implica necesariamente el traslado de toda su obra anterior, sí incorpora a una de las autoras más reconocidas de la literatura en español al catálogo de Planeta.
La escritora ha recogido el galardón durante una cena multitudinaria, presidida por los Reyes y con cerca de 1.300 invitados. La celebración ha estrenado también escenario: en lugar del Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC), sede habitual de la gala, la organización ha trasladado la ceremonia al pabellón 1 del recinto de Montjuïc de Fira de Barcelona, ante la elevada demanda de asistencia. Un encuentro que ha servido para conmemorar los 75 años de un premio creado en 1952 por el editor José Manuel Lara Hernández y convertido, con el paso de las décadas, en una de las grandes citas del calendario literario español.
Sergio Hernández rescata la Barcelona de posguerra en La añoranza
Además de Allende, la gala ha tenido otro nombre destacado: Sergio Hernández, finalista del premio con La añoranza, una novela histórica ambientada en la Barcelona de finales de los años cincuenta y que recibe 200.000 euros. La trama sigue a una mujer que se enamora de un traductor francés que desaparece sin dejar rastro. Años después, descubre un informe policial que lo vincula con un plan para asesinar a Antonio Machado. La novela combina, así, la intriga con la memoria de una época marcada por las consecuencias de la Guerra Civil y la represión franquista.
