La inteligencia artificial (IA) está en boca de todos. A escala individual se ha integrado perfectamente en las rutinas humanas, pero ¿qué ocurre en el ecosistema empresarial? En muchos casos, las empresas todavía no acaban de ver todas las capacidades que tiene la IA. La falta de confianza, las inmensurables inversiones que se necesitan y la poca claridad de la normativa europea la convierten en un forastero dentro de las oficinas; el amante que un trabajador utiliza de vez en cuando, lejos de la mirada furtiva del empresario, quien por falta de conocimiento, no ve un beneficio. Para perder este miedo, Foment del Treball organiza el congreso Forward Tech Summit, un encuentro entre empresarios y expertos del ámbito de la tecnología y la IA para demostrar que integrar la innovación podría cambiar el mundo empresarial; a mejor.
“Si todo el mundo implementara bien la IA en sus empresas, ganaríamos tiempo”, explica Sasha Rubel, directora de Políticas Públicas para IA Generativa en EMEA, AWS. En su intervención en el evento, Rubel ha sido clara: la IA es una realidad y las empresas deben abrazarla. Para ella, el efecto de la inteligencia artificial no es solo económico, no se trata de una optimización para conseguir más productividad, sino que puede provocar un cambio social y cultural. “No se trata de trabajar más, se trata de conseguir más tiempo para nosotros”, repite Rubel, quien con los datos en la mano recuerda que con la implementación de la IA, los procesos se finalizan un 30% más deprisa.
Ahora bien, que la IA tenga una eficacia probada y constatada no significa que todas las empresas tengan facilidad para adaptarla. Para Rubel hay tres aspectos clave: el talento, la integración en la administración pública y la normativa europea. En primera instancia, los especialistas en tecnología son escasos y se tarda alrededor de siete meses en realizar el proceso de selección. Rubel defiende que hay que encontrar profesionales y formarlos de una manera mucho más eficaz para hacer frente a las oportunidades empresariales que genera la IA. Lo mismo opina Daniel Calleja, director de la Representación de la Comisión Europea en España, quien entre las claras prioridades que tiene el estado hacia la IA –que ha puesto sobre la mesa en su intervención en el evento– está la contratación y formación de profesionales.
“Barcelona apuesta por la IA”, remarca Jordi Valls, Cuarto Teniente de Alcaldía, Área de Economía, Vivienda, Hacienda y Turismo, Ayuntamiento de Barcelona. Para él, la ciudad está preparada para integrar estas nuevas tecnologías, aunque recuerda que “la integración no debe ser rápida, sino equilibrada”, haciendo referencia a moverse escalonadamente, sin dar pasos en falso ni “perder la ética”. La realidad es que según Rubel, la administración pública también debe jugar un papel en esta transformación. La experta reconoce que si el gobierno avala y abanderada un cambio es muy probable que las empresas lo vean con buenos ojos y les genere confianza. Es por eso que hace un llamamiento general a las administraciones catalanas a empezar a adaptarla de verdad en sus procesos.
Una Europa cautelosa en el centro
Sin duda, sin embargo, las normativas de la Unión Europea son la mención más repetida en toda la jornada -y no solo encima del escenario, sino entre pasillos, en las conversaciones de muchos expertos tomando café. Europa es cautelosa y no funciona de la misma manera que Estados Unidos o China, donde la IA ya está llegando a niveles muy altos. Aquí, la norma pide paciencia y la fragmentación de reglas entre países hace más pesada la unificación en un solo mercado: “Tenemos un mercado único para la pasta de dientes, pero no para la IA”, ironiza Rubel. No obstante, Calleja mantiene que “se necesita una política común, fuerte y responsable”, por lo tanto, “se debe ir más lento”.
Además, el director de la Representación de la Comisión Europea en España recuerda que “no solo es una cuestión de normativa” y añade que también se necesita más capacidad empresarial, es decir, más inversión y más empresas. “Barcelona tiene la posibilidad de convertirse en uno de los nodos de la IA de Europa”, dice el experto. Una opinión que también sobrevuela el presidente de Foment del Treball, Josep Sánchez-Llibre, quien de rebote en el acto de apertura del evento concreta que se necesitan empresas “con dimensión suficiente” para poder competir en la “nueva etapa” de la IA.
En definitiva, la IA es una realidad inamovible y como tal se le debe hacer un espacio dentro de las empresas. Los expertos han reflexionado sobre todas las posibilidades de crecimiento empresarial que puede dar esta nueva tecnología, pero también han coincidido en remarcar que las capacidades humanas también deben estar: “No se trata de pensar que la IA nos quitará el trabajo, sino que cambiará nuestra manera de trabajar”, concluye Rubel.
Los peligros de la IA
El entusiasmo hacia la inteligencia artificial es fácilmente contagiable. No es ningún secreto que, en unos tres años, todo el mundo la ha integrado en sus vidas. Ahora bien, no todos los expertos ven con el optimismo generalizado actual esta tecnología. Lluís Pareras, partner en Invivo, sale al escenario de Foment del Treball para afirmar que debemos parar el desarrollo a una velocidad tan elevada. Con un argumento similar al de Jacob Coxon, el ingeniero que hace una semana aseguró que la IA nos podría matar antes de acabar la década, Pareras explica que la IA ya empieza a programarse a sí misma y que esta autonomía es la clave para su posible desvinculación de las decisiones humanas. “Mi mayor miedo es que el agente con el que trabajamos en la oficina envíe un día un correo electrónico sin avisarme”, dice el experto. Fuera del hecho anecdótico, Pareras lamenta que, si la tecnología continúa avanzando a esta velocidad, la IA podría descontrolarse.
