“Estoy contento de haber logrado no perder jamás al chico de pueblo que fui. Por supuesto, me he ido transformando espiritualmente, pero sin traicionar la esencia”. El baterista y compositor Homero Tolosa reflexiona en voz alta a pie de barra, tras una cena de picoteo regada con un buen vino, degustando ahora el sabor ahumado y complejo de un Lagavulin, mientras las notas del St. Thomas de Sonny Rollins impregnan esas “primeras horas de la noche, intermedio entre lo que está pasando y lo que está por venir”.
Creció en Longchamps, un pueblo de la provincia de Buenos Aires, donde aprendió a amar la música de la mano de su hermano mayor. Casetes y discos constituyeron su educación sonora y sentimental y pronto quiso aprender a tocar. “A los doce años mi madre me dio a elegir entre pagarme el viaje de fin de curso de la escuela o comprarme una batería. Ni lo pensé”, recuerda, con la sonrisa algo melancólica de quien trata de acariciar un pasado que, de tan presente, parece que todavía se pueda asir.
Fue un adolescente musical. “Mis amigos del pueblo me decían que yo era músico, pero todavía sentía que aquel calificativo me venía grande y sólo me asumí como tal a partir de los veinte, cuando marché a Buenos Aires a estudiar y a trabajar”. El suyo es un caso paradigmático de quien nunca deja de aprender, pero enseguida tiene mucho que decir: fue a la vez alumno y profesor de la Escuela de Blues bonaerense y se integró en los Easy Babies, combo de blues y R&B integrado por docentes de la escuela, muy activo a nivel internacional. “Con ellos visité varias veces Europa acompañando a artistas estadounidenses como Bob Stroger o Deitra Farr”.

Colideró después a Támesis, conjunto de soul y rock que duró una década tocando para públicos amplios y con el que publicó tres discos. Más adelante, se metió de lleno en el soul y el funk más purista inspirándose en lo que sellos como Daptone o Colemine estaban haciendo. “Así nació Los Negronis, banda instrumental con la que grabamos un álbum y llegamos a tocar con el organista Adam Scone”. Aquel proyecto iba como un tiro, pero todo se torció cuando llegó la pandemia y el mundo se congeló. “Grabamos un segundo disco que jamás vio la luz y ahí ya me puse a pensar en serio en irme a Europa”.
Cuando el plan B era, en realidad, el plan A
Cuando visitó el viejo continente por primera vez, en uno de sus tours acompañando a luminarias del blues estadounidense, Tolosa tenía veinticuatro años. “En aquella primera visita, yo ya tuve claro que antes o después me trasladaría a Europa”. Así que el fin de Los Negronis no supuso más que mover los hilos para consumar una decisión tomada de antemano: trasladarse al otro lado del charco. Lo hizo en 2023.
“Venir a Barcelona fue una apuesta hecha casi a ciegas, pero que salió incluso mejor de lo que podía haber esperado”. En la ciudad, el músico siente que ha hallado un espacio donde su enfoque artístico encaja. Un aspecto notable en alguien que, musicalmente, no ha dejado de hacer lo que quería. Sin concesiones. Sin traicionar jamás la esencia.
Junto al organista Lucas Herrera Fernández y al guitarrista Pablo Sánchez, lidera The Soulful Trio, vibrante combo de soul jazz de órgano con el que estos días saca su segundo álbum Second hand: nueve temazos propios que beben de Billy Larkin, Jimmy Smith, Joey DeFrancesco o Jack McDuff, impecablemente producidos por Marc Tena, ulterior garantía de calidad. “También estamos grabando material para la banda de blues liderada por Víctor Puertas y Martín Burguez, en la que toco la batería, y para otro proyecto que he montado junto al saxofonista Fede Álvarez y al organista gerundense Raül-Marc Portell, bajo el nombre de The Blackmailers”. La cuestión, aquí, es no parar quieto.

La importancia de eludir las Ramblas
Cuando llegó a la ciudad hace casi cuatro años, el músico no sabía muy bien qué se iba a encontrar. “Elegí Barcelona porque aquí tenía amigos y la posibilidad de poder desarrollar una carrera”. Todo salió más que bien. “Me siento muy cómodo con este estilo de vida y me encanta caminar por esta ciudad pequeña, pero tan diversa, donde cada barrio se ve tan diferente”. No en vano, el hit de su primer disco al frente del Soulful Trio llevaba por título La Barceloneta, y suena a carta de amor al tradicional barrio portuario.
“Eso sí –prosigue el parroquiano–, no tardé en darme cuenta de que el centro, sobre todo las Ramblas y el Gótico, hay que eludirlos, como si ya no fueran Barcelona. Me gusta ir al Gótico en invierno, pero el resto del año toda esa zona está tomada por el turismo masivo y es imposible circular por ahí”, lamenta, atizándose el último trago de whisky.
–Lo que no vas a querer eludir en ninguna época del año es este Bar. Aquí casi nunca vienen turistas y los tragos se sirven largos… por si quieres tomarte otro…
Tolosa capta al vuelo la oferta y sonríe, mirando a su alrededor, observando la mutación del paisanaje al modo noche. Blue Friday, de Kenny Dorham suena de fondo y el músico exulta.
“Acepto”, responde al fin, listo para dejarse sorprender por una nocturnidad que es la que siempre depara las mejores sorpresas.
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