¿Sabías que la Sala Apolo fue un parque de atracciones?

La Sala Apolo es uno de los espacios referentes de la cultura musical en Barcelona. ©Sala Apolo
La Sala Apolo es uno de los espacios referentes de la cultura musical en Barcelona. ©Sala Apolo

Con motivo de la Fiesta Mayor de Poble Sec 2026, la Sala Apolo organizó unas visitas guiadas que relataban la fascinante historia de este templo de la música en Barcelona.

(Redactora)
31 de julio de 2026

Hoy en día, la Sala Apolo es una de las referentes de la cultura musical y del ocio nocturno de la ciudad. Y es que ¿qué barcelonés no ha pasado alguna vez por su pista, ya sea para disfrutar de un concierto o para darlo todo con una buena sesión de baile? Pero pocos saben que, en sus orígenes, este espacio se conocía como Autopark, un parque de atracciones situado en el mismo recinto y que contaba con autos de choques, pistas de patinaje, o les Coves del Drac, un tren fantasma que, realmente, era terrorífico. 

Por tanto, hace 91 años que el espacio actual de la Sala Apolo albergaba este parque de atracciones, tan popular en su época. Pero ¿cuándo empezó a sonar música entre sus paredes? Tenemos que viajar un poco más en el tiempo para situarnos en el 1943, el año en el que el Apolo se inauguró oficialmente como sala de baile, es decir, hace la friolera de 83 años. Se considera, pues, Sala Apolo como una de las salas de baile más antiguas de toda Europa. 

Hablar de la historia de la Sala Apolo es hablar de la historia de nuestra ciudad: de cómo su transformación ha ido de la mano de Barcelona y viviendo todas las etapas que van desde la República, hasta la guerra Civil, la dictadura o la democracia.

Un parque de atracciones en el Paral·lel de los años treinta

Todo empezó en la década de 1930. Tras la Exposición Internacional de 1929, la oferta de ocio de la ciudad estaba concentrada en Montjuïc o en las afueras. Pero a un empresario catalán, José Vallés Rovira, se le ocurrió una idea revolucionaria para la época: construir un parque de atracciones en pleno centro urbano y, además, totalmente cubierto para evitar el mal tiempo. 

Así fue cómo en el 1935 abría sus puertas el Autoparc (conocido como L'Airette durante la etapa republicana). Estaba equipado con cúpulas, pasajes temáticos y atracciones tan conocidas como las cuevas del Dragón, por donde circulaba un pequeño tren rodeado de figuras caricaturescas. No obstante, este primer capítulo duró poco: el estallido de la Guerra Civil en 1936 paralizó por completo la actividad cuando el parque apenas llevaba un año y medio funcionando. 

Cartel promocional del Autopark
Cartel promocional del Autopark

La posguerra, la censura y el nacimiento de la sala de baile 

Después de la guerra, el espacio reabrió sus puertas en 1940 reconvertido en Atracciones Apolo. El régimen franquista impuso la castellanización obligatoria de cualquier rotulación que no estuviera en español (un proceso por el que también pasaron locales vecinos como El Molino o el Bataclan), por lo que el antiguo Autoparc tuvo que adaptar su nombre y castellanizarse. 

Pero la censura moral de la época también transformó el diseño gráfico del recinto. Las ilustraciones promocionales que mostraban figuras femeninas pasaron por un estricto filtro: a los dibujos de las ninfas se les añadió un velo para cubrirles el cuerpo, mientras que otras representaciones consideradas provocativas fueron sustituidas directamente por enanitos con gorro.

Como nos explicaban en la visita de la Sala Apolo, el régimen y las autoridades de la época veían con recelo la Fiesta Mayor del Poble-sec porque la calle se llenaba de gente de un barrio tradicionalmente obrero y libertario. Por eso, crearon una gran fiesta alternativa en el Paral·lel, llamada la Fiesta Mayor de Paral·lel, para tener cierto control sobre la población, restándole fuerza a la fiesta popular de la calle.

Así fue la visita guiada en la Sala Apolo
Así fue la visita guiada en la Sala Apolo

Fue en este contexto, en 1943, cuando los propietarios inauguraron oficialmente la Sala de Baile: las autoridades obligaron a todos los teatros de la avenida a sumarse a esta programación oficial que contaba con una oferta de entretenimiento mucho más supervisada.

Durante la década de los cincuenta, el Apolo se convirtió en un punto de encuentro muy popular entre los barceloneses. Por un lado, la orquesta liderada por Florentino Bou ponía banda sonora a las tardes de baile y se convirtió en una de las formaciones más populares de Europa. Por otro, los pasillos del recinto exhibían autómatas mecánicos traídos de varios puntos del continente, junto a atracciones cómicas como la Casa de la Risa.

El dato más curioso de aquellos años se vivió en la pista de patinaje sobre ruedas situada en la esquina con la calle Nou de la Rambla. Fue construida con las medidas reglamentarias de la Federación Catalana de Hockey y se inauguró oficialmente en septiembre de 1951 con la tradicional bendición eclesiástica y un torneo entre el Barça, el Espanyol y el Petit Club. Aquel espacio dio pie a la creación del Apolo Patín Club, una entidad que llegó a competir durante seis temporadas en la Primera División de hockey sobre patines. 

La Casa de la Risa en la Sala Apolo
La Casa de la Risa en la Sala Apolo

El nacimiento de un nuevo Apolo  

Con la llegada de los años setenta y ochenta, los hábitos de consumo cambiaron por completo. El público dejó de acudir a las salas de baile tradicionales con orquesta en directo y el Apolo se vio en la tesitura de transformar el negocio o cerrar las puertas.

A finales de la década de los ochenta se tomó la decisión de eliminar las atracciones y reformar la estructura del local. El Apolo dejó atrás su etapa como parque de atracciones para reconvertirse en sala de conciertos y discoteca. Concretamente, fue en el año 1991 cuando se reinauguró el espacio y se convirtió en lo que hoy todo el mundo conoce como la Sala Apolo de Barcelona.

Interior de la Sala Apolo en sus orígenes
Interior de la Sala Apolo en sus orígenes

Desde entonces, por sus escenarios han pasado más de 13.000 grupos y 7.000 DJ y productores. En los noventa, la sala era el recinto perfecto para conciertos de mediano aforo (1.300 personas) y recibió en sus primeros pasos a bandas que años más tarde abarrotarían estadios, como Coldplay, Kings of Leon, The Killers, The Hives, Tindersticks o Rufus Wainwright.

A mediados de los noventa la sala acogió el Nitsa Club, un movimiento clave para la música electrónica de la ciudad. Por su cabina pasaron figuras internacionales de la talla de Jeff Mills, Carl Craig, Laurent Garnier, Justice, Ellen Allien o Maceo Plex, que compartieron noches con referentes de la escena local como DJ Sideral o John Talabot. Hoy en día, el Nitsa Club sigue reinando en la sala y abarca desde el techno, house o indie hasta el reggae, trap, dub o hip-hop.

Además de su oferta nocturna, en la actualidad, la Sala Apolo no se detiene durante el día. El edificio cuenta con iniciativas como LAB, una plataforma dedicada a la innovación, la tecnología y el activismo donde destaca el concurso anual de bandas Bala Perduda; L'Estudi, centrado en la producción audiovisual y la formación musical mediante el Aula Apolo; e incluso la Apolo Symphonic Orchestra, un proyecto de grabación orquestal de kilómetro cero.

Su actividad diaria se reparte entre sus diferentes espacios:

  • Sala 1: es el espacio principal histórico que se usa para los grandes conciertos y las sesiones nocturnas.
  • Sala 2: espacio inaugurado en 2006 y remodelado en 2017 con una estética más underground e industrial inspirada en ciudades como Berlín o Detroit.
  • Sala 3 (3LOGY): zona al aire libre destinada a la actividad de colectivos locales como Churros con Chocolate, La Cangri o El Sarau del Drac. Además, incorpora intervenciones artísticas dentro del proyecto Art Meets Apolo, o eventos como el de este año del Cineclub 113.
  • Sala 5: es la sala más nueva y acogedora. Se trata de un espacio íntimo pensado para 100 personas y orientado a conciertos acústicos, presentaciones y sesiones de tarde como el ciclo Apologia.

Toda esta trayectoria tuvo su reconocimiento en el 2018 cuando se conmemoró el 75º aniversario de su sala de baile y se llevó a cabo una programación especial, el estreno del documental La Juventud Baila (dirigido por Marc Crehuet) y la publicación del libro histórico 75 Años sin parar de Bailar, escrito por Eva Espinet.

Hoy, casi un siglo después de la instalación de sus primeras atracciones, la Sala Apolo sigue siendo uno de los espacios culturales más vinculados con la música, la creación local y la difusión de la cultura. ¡Por muchos años más, Apolo!

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Sobre el autor

Elia Tabuenca
Elia Tabuenca

Redactora

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