El Cafè Vienès es todo un símbolo del legado cultural y artístico de Barcelona. Actualmente, forma parte del Hotel Casa Fuster, situado en lo alto del Passeig de Gràcia; un edificio modernista, elegante e histórico. Es en la planta baja donde nos encontramos este rincón que parece parece haber quedado suspendido en el tiempo.
Un detalle fundamental para comprender la historia de este espacio es que el Cafè Vienès no nació como el bar de un hotel, sino como un establecimiento con identidad propia a pie de calle. El edificio de la Casa Fuster se construyó en 1908 como residencia privada, pero los altos costes de mantenimiento obligaron a sus propietarios a abandonarlo en la década de 1920. El espacio pasó por diversos negocios (como una barbería o el popular salón de baile El Danubio Azul), hasta que en el 1933 se inauguró el Cafè Vienès.
Durante más de siete décadas, fue un café independiente y un espacio cultural donde tuvieron lugar las famosas tertulias de la posguerra con Salvador Espriu como máximo exponente. En el año 2004, el edificio fue rehabilitado para transformarse en el actual Hotel Casa Fuster de cinco estrellas Gran Lujo, que integró el histórico salón en su planta baja para preservar su nombre, su arquitectura y su espíritu bohemio.
Actualmente, las columnas de mármol rosa, los grandes ventanales y los interiores ondulantes nos dan la bienvenida a un espacio amplio, acogedor y que alberga una historia más que interesante: fue el punto de reunión de intelectuales, poetas y bohemios en el siglo XX.
Pensamiento, arte y debate cultural en el corazón de Barcelona
Cuando se entra en el Cafè Vienès, se entra en un espacio que guarda secretos, historias y encuentros protagonizadas por algunos de los nombres más destacados de la Barcelona del siglo XX. Forma parte del edificio diseñado por Lluís Domènech i Montaner y se inauguró en el año 1933, tres años antes del estallido de la Guerra Civil Española. Y fue precisamente esta contienda la que posicionó el espacio como un lugar de refugio intelectual e intercambio de pensamiento.
Tras el conflicto armado, se estableció la dictadura de Franco, un periodo caracterizado por la falta de libertad de expresión y por la persecución de la cultura catalana. En este contexto, el Cafè Vienès fue símbolo de la resistencia intelectual: entre sus mesas se encontraban escritores, filósofos y artistas que se reunían para debatir e intercambiar puntos de vista sobre la sociedad y la época. Pintores, dramaturgos, editores, traductores y poetas acudían a este espacio para hablar acerca de las vanguardias europeas, debatir sobre la existencia humana, revisar manuscritos y potenciar la creación de revistas clandestinas.
En Barcelona, se vivia un momento de represión, silencio y persecución; pero el Cafè Vienès abría sus puertas para permitir que intelectuales de la época pudieran recuperar su voz, participar en tertulias y potenciar el pensamiento colectivo.

Salvador Espriu y su huella en el Cafè Vienès
Si hay un nombre que destaca en la historia del Cafè Vienès, ese es, sin duda, el de Salvador Espriu. El conocido poeta y dramaturgo convirtió este espacio casi en su oficina. Era uno de los literatos más habituales del café y no solo para participar en tertulias, sino también para corregir sus obras o para leer la prensa.
Estamos ante uno de los autores imprescindibles de la literatura catalana y universal del siglo XX. De su pluma surgieron algunos grandes títulos como La pell de brau (1960), Ariadna al laberint grotesc (1935) o Primera història d'Esther (editada en 1948), obras monumentales que hicieron que se convirtiera en una personalidad muy reconocida. Su estilo se caracteriza por presentar una escritura compleja donde la metáfora y el vocabulario pulcro se empleaban para crear una verdad deshumanizada.

En su prosa se mezcla lo grotesco, con lo absurdo, lo satírico y lo elegíaco para explicar el momento histórico y cultural que el país estaba viviendo. La literatura de Espriu está fuertemente marcada por la brecha de la Guerra Civil y, de hecho, él mismo muchas veces anunciaba que "había muerto en 1938", momento en el que la guerra estaba casi a su fin, la cultura catalana estaba perseguida y falleció su gran amigo Bartomeu Rosselló-Pòrcel, un poeta mallorquín.
El sentimiento pesimista y devastador de la posguerra hizo que Espriu escribiera Primera història d'Esther, una pieza que es concebida como un manifiesto de resistencia. En esta obra, el autor tiene un objetivo claro: rescatar algunas palabras del olvido y, aprovechar esta hazaña, para colar algunas burlas a la censura franquista de la época.
Espriu se relacionaba con otros grandes nombres de la literatura de la época, como Llorenç Villalonga (autor de la esperpéntica Mort de Dama y que influyó en el tono de Espriu) o Marià Villangómez. En los sofás del Cafè Vienès, los literatos intercambiaban ideas, reflexiones y pensamientos, junto con otras grandes personalidades como Joan Vinyoli, críticos como Joaquim Molas y editores y jóvenes universitarios.

La huella de Espriu en este espacio del Hotel Casa Fuster fue tal que, con la llegada de la democracia, el Ayuntamiento de Barcelona bautizó los jardines que hay enfrente con el nombre de Jardins de Salvador Espriu.
De la literatura de posguerra al jazz
En el 2004, el edificio se Passeig de Gràcia se convirtió en el Hotel Casa Fuster y se integró el Cafè Vienès en el establecimiento hotelero. Lejos de perder su identidad cultural y compromiso artístico, el local amplió su apuesta por la cultura: el espacio que en su día acogió a los poetas del siglo XX pasó a acoger a creadores contemporáneos.
Este es el caso del cineasta neoyorquino Woody Allen que, mientras rodaba en Barcelona su película Vicky, Cristina, Barcelona, improvisó un concierto de jazz tradicional en los salones rememorando, así, el legado artístico y bohemio del espacio.

Hoy en día, el Cafè Vienès sigue siendo un punto de encuentro entre artistas, literatos y periodistas que, muchas veces, escogen sus salones para hacer entrevistas a grandes personalidades. Pero los jueves, al caer la tarde, el espacio vuelve a recuperar su esencia y se convierte en un Jazz Club con conciertos en pequeño formato, íntimos y de proximidad, que recuerdan a los clubs de jazz de Europa o de Estados Unidos.
Por mucho que pasen los años, el Cafè Vienès sigue siendo lo que siempre fue: la casa del pensamiento y del arte en el corazón de Barcelona.
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