En 2024, con motivo de la exposición Suburbia del CCCB, sobre la que hablamos en varias ocasiones en esta columna, el geógrafo Francesc Muñoz nos explicaba en sus visitas guiadas lo siguiente: cuando en una de las encuestas que se utilizan para construir indicadores de calidad de vida en Catalunya se pregunta por el tipo de vivienda preferida, entre las diversas opciones (piso en bloque, casa unifamiliar, casa adosada/apareada o casa de campo), la más seleccionada es esta última. La única de las cuatro categorías que no tiene una concreción clara en términos urbanísticos. Es una idealización, incluso una declaración aspiracional, más que una imagen cuidadosa de lo que significa en realidad.
"La caseta i l’hortet", efectivamente, forman parte del imaginario catalán desde hace mucho tiempo y creo que podemos afirmar que sigue vigente hoy en día. Seguro que quien lea estas líneas ha participado en un momento u otro, especialmente desde 2020, en alguna conversación en la que el tema central ha sido los pros y contras de abandonar la gran ciudad persiguiendo ese ideal, y quien más quien menos conoce a alguien que ha dado este paso recientemente.
Así lo hace pensar el hecho de que El Periódico de Catalunya desvelara el pasado 31 de diciembre que el artículo más leído en la sección Barcelona de su web durante el año 2025 llevaba por título: "No nos planteamos volver a Barcelona". Cinco rostros del nuevo éxodo hacia la segunda corona metropolitana.
Nos tendremos que preguntar si ser metropueblitano resultará una opción viable a medio plazo o más bien constituirá un lujo pasajero, hasta que los propios pueblos, desbordados, pierdan los atributos que los hacen atractivos.El motivo inmediato que nos viene a la cabeza para explicar este éxodo son los precios de la vivienda en el municipio de Barcelona y los más cercanos. Cierto. Hay, sin embargo, otras circunstancias que influyen. Así, en el año 2024 encargamos conjuntamente con otras instituciones un estudio que nos decía que 70.000 personas tenían pensado abandonar el núcleo metropolitano para ir a vivir a zonas menos densas o incluso rurales, y que más de 200.000 tenían previsto hacerlo si se daban las circunstancias. Estas circunstancias tenían que ver con encontrar una vivienda más asequible, sí, pero también con que tuviera unas determinadas características o que estuviera bien comunicada en transporte público. Tener un empleo que posibilitara el teletrabajo era otro factor clave.
Al finalizar 2025, y a pesar de haber sido publicado el 15 de julio, el artículo de El Periódico acumulaba más de 250.000 lecturas, a las que habría que añadir las que alcanzaron una serie de piezas que profundizaban en la cuestión en días posteriores. Todo ello llevó al diario a acuñar la expresión "efecto Cardedeu" para etiquetar este fenómeno de huida de lo que entendemos como clases medias hacia municipios de fuera del Área Metropolitana de Barcelona, pero que forman parte claramente de las dinámicas metropolitanas, es decir, de la ciudad de los cinco millones para la que trabajamos en el Plan Estratégico Metropolitano de Barcelona (PEMB).
Cardedeu se ha convertido, pues, en un ejemplo paradigmático de destino codiciado por muchos urbanitas desencantados que tampoco quieren ir a parar a una urbanización aislada y despersonalizada. En los últimos años lo hemos vivido de cerca en el PEMB, ya que por nuestro equipo han pasado dos personas que ya vivían allí, una del equipo actual se ha trasladado recientemente, así como hasta cinco colaboradoras habituales. Añado a una amiga personal. Yo los llamo "metropueblitanos".
Mis amistades y conocidos metropueblitanos saben que es un término en clave profesional, en absoluto peyorativo. Al contrario, refleja la consecución de un ideal que miles y miles de personas firmaríamos, como es el de vivir en un entorno de pueblo teniendo muy cerca tanto la naturaleza como las ventajas de formar parte de una gran metrópoli. La vivienda que encuentren quizás no sea una casita, seguramente tampoco tendrá huerto, pero se parecerá mucho a la soñada casa de campo de las encuestas.
"Un palco en el Liceu i una torre a Cardedeu" era una frase definitoria de las clases acaudaladas catalanas de finales del siglo XIX. No es novedad, pues, que la villa vallesana se encuentre en el punto de mira de quienes buscan calidad de vida, ya que cumple hoy en día muchas de las condiciones requeridas para acoger metropueblitanos.
Dispone de una estación de Rodalies en el casco urbano (pese a que ello no sea precisamente en estos momentos garantía de calidad de vida). También se encuentra cerca de la autopista y de varios polígonos de actividad económica en municipios de alrededor, además de estar a 20 minutos del centro de Granollers, que cuenta con los servicios correspondientes a una capital de comarca.
Adicionalmente, Cardedeu destaca por la oferta educativa, con varios centros considerados entre los más innovadores de Catalunya. De hecho, la primera vez que conocí a alguien que se trasladaba allí desde Barcelona, ya en el año 2015, lo hacía por este motivo.
La proliferación de iniciativas culturales y de economía social y solidaria, en un municipio ya de por sí bastante activo tradicionalmente en estos ámbitos, también muestran un perfil particular de muchas de las personas que han ido allí a residir, que quieren recuperar los lazos de comunidad que sienten que se pierden con la dinámica globalizadora de la gran ciudad. Quizás es por eso que hay quien le llama "el nuevo barrio de Gràcia".
Ahora bien, ¿es este del metropueblitanismo un sueño al alcance de todos?
Por encima de todo, como era de esperar, hay que decir que el efecto sobre el mercado de la vivienda es más que notable. En Cardedeu en particular, los precios de venta ya rozan los 2.500 €/m2 (500 € más que hace cinco años), por encima de la media de la comarca y próximos a la media catalana. Los alquileres también se han disparado con crecimientos superiores al 50% en una década. En este sentido, el efecto de onda expansiva de los precios, sin mayor oferta ni en el centro de la metrópoli ni más allá del AMB seguirá funcionando implacable hacia todas las localidades de estas características.
Cardedeu se ha convertido, pues, en un ejemplo paradigmático de destino codiciado por muchos urbanitas desencantados que tampoco quieren ir a parar a una urbanización aislada y despersonalizadaEsto supone, como también es sabido, que se produzca un desplazamiento de la población local que, o bien no puede asumir estos costes o bien encuentra la manera de sacar partido de su propiedad y marcha hacia otro municipio. En el caso de Cardedeu, principalmente hacia otro de la misma comarca. Hay que tener en cuenta que el padrón del municipio, que registra 19.091 personas en 2025, ha crecido en 1.000 personas en 10 años, una cifra muy cercana, sin embargo, a la de los que se han marchado.
Pasar de los 20.000 habitantes conlleva añadir algunas competencias mínimas obligatorias para el ayuntamiento de turno, como servicios de protección civil y de extinción de incendios o contar con instalaciones deportivas de uso público. Cardedeu podría superar este umbral de población antes de 2030, pero hay que decir que, en general, las ciudades y villas de la provincia de Barcelona tienen bien cubiertas estas necesidades con el apoyo de la Diputación.
Lo que resulta más difícil de ajustar presupuestariamente son otros servicios que, dependan del propio ayuntamiento o de otras administraciones, ven incrementada la demanda a un ritmo que no siguen los recursos, con la educación y la sanidad al frente. Asegurar puestos de trabajo en estos entornos, teniendo en cuenta que no todos los empleos admiten el teletrabajo, es otro de los retos fundamentales para cerrar el ciclo de la prosperidad y evitar que se conformen pueblos-dormitorio como ha sucedido a lo largo del tiempo con algunas ciudades.
En definitiva, cuando se habla del crecimiento de la población en Catalunya, con proyecciones que contemplan incluso alcanzar los 10 millones de habitantes en 25 años, y el goteo constante y de tendencia creciente de población hacia zonas cada vez más alejadas de la capital, habrá que plantear cómo se debería repartir esta población por el territorio catalán y si los pueblos situados en un radio de 45 minutos de Barcelona podrán seguir siendo pueblos. Nos tendremos que preguntar, por tanto, si ser metropueblitano resultará una opción viable a medio plazo o más bien constituirá un lujo pasajero, hasta que los propios pueblos, desbordados, pierdan los atributos que los hacen atractivos.
Empezaba señalando que hay muchas personas que querían tener una vida metropueblitana, pero es igualmente cierto que hay muchas otras que no cambiarían el trasiego de la gran ciudad por nada. Del mismo modo, hay que buscar fórmulas para evitar que este fenómeno suponga la expulsión de la gente de sus pueblos.
Hacer compatibles diversos modos de vida en diversos tipos de asentamientos (metrópolis, ciudades intermedias, villas, pueblos, etc.) forma parte de las condiciones para el desarrollo sostenible de un país. Y para conseguirlo, es necesario que en Catalunya se recupere y se renueve la planificación territorial, que hemos dejado de lado durante demasiado tiempo, para dibujar qué país queremos en el horizonte de 2050.
Desde el PEMB queremos ponernos a pensar en ello en breve. Seguiremos informando.
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