El día después de la bendición de la Torre de Jesús, Miquel Barceló. Comentarios evidentes entre los periodistas, “no haré declaraciones” evidentes por parte del artista, todo pendiente, Dios proveerá, doctores tiene la Iglesia. Pero desde aquí no nos podemos abstener de decir que es en Barceló y en nadie más en quien debe recaer la fachada de la Gloria. No hace falta entrar en detalles como el barro, la piedra blanda, el Mediterráneo, la catedral de Palma, Gaudí mismo, la Gloria misma. Solo hay que saber que ahora Barceló es el artista más importante de nuestro país, que para entendernos es un Miró o un Picasso en carne y en vivo, y que dejárselo perder es siempre un error. No nos lo perdemos en la presentación de su exposición en la Galería Artur Ramon, “Grabados de Barcelona (2010-2026)”. La primera en una galería desde los viejos años 90.
Comisariada por Enrique Juncosa, la exposición muestra unos treinta grabados hechos con técnicas diversas: aguatinta, aguafuerte, xilografía, litografía, carborundum, rodillo, serigrafía, barniz, collage, punta seca (rascar directamente sobre la placa), pintura directa con ácido, termitas de áfrica, incluso sierra eléctrica (en los enormes pulpos de la entrada, que consiguen, así, hacer un trazo dentado y en forma de espina de pescado)... Barceló habla con una proximidad terrenal que es de agradecer, explica poco pero está abierto a explicar si se le pregunta, y dice varias veces que le gusta más hacer obras que exhibirlas.
Todas ellas están hechas en el taller de Joan Romà y Takeshi Montomiya entre 2010 y 2026 y muestran temáticas diversas -y característicamente barcelonesas- como peces, pulpos, plantas, verduras, animales, pieles, retratos de escritores célebres o incluso un autorretrato escondido en forma de calamar cabra. Dice que cada taller de grabado le parece un laboratorio de alquimia diferente, hasta el punto que, aun usando las mismas técnicas y exactamente los mismos materiales, se nota mucho si un grabado está hecho en un taller de París o de Barcelona porque ha quedado un aire. El aire. Grabado. Y de tan sencillamente que lo explica, seguro que es cierto.
También aparecen en vitrinas tres libros ilustrados por él: El Bestiari de Apollinaire, Sobre la apariencia de las cosas, del mismo comisario de la exposición y Dins la panxa del bou, un libro sin textos. Barceló dice que le entusiasma el grabado porque tiene el intermediario de la placa, lo cual no aparece en el arte más directo de la pintura. Lo que no le gusta es multiplicar, hacer largas ediciones, y por eso hace muy pocos (aunque el grabado sea una técnica destinada a reproducir). De hecho, considera el grabado un estilo particular de pintura, y en tiempos de impresión digital cree que la técnica adquiere valor porque el resultado es de una intensidad especial, no superficial, más definitiva. Hablamos de 30 grabados inéditos, que no han sido expuestos en ningún sitio, excepto los Lletraferits que han pasado por París y Praga. Pronto, dicen, un libro con estos y otros grabados.
Barceló tiene como referentes en esta técnica a Rembrandt, Goya, Picasso, Munch y Piranesi, pero detrás de él deambulan sus peces y manchas de vida salada que parecen señalarlo a él como verdadero referente del futuro. Y es que, como quien no quiere la cosa, hablamos de un artista que puede decir sin despeinarse (perdón, quiero decir sin peinarse) que los tapices para la catedral de Nôtre Dame ya casi están listos. De alguien que ha pintado la cúpula de la sede de las Naciones Unidas en Ginebra. De alguien que no puede volver a su casa de Mali, cercana a un acantilado, por culpa de la guerra.
De alguien que, también con la mirada local siempre atenta, ha dedicado un cartel a Biel Mesquida para celebrar su Premio de Honor. Hablamos de un hombre descomunal y a la vez de tamaño humano, de mirada genial y angustia sensualísima. Ultralocal y planetario al mismo tiempo, poético y agresivo a la vez, inteligible e innovador a la par, Barceló dice que no estuvo en el acto de bendición de la torre central de la Sagrada Familia. Yo prometo que todavía no sé nada de la decisión. Pero hombre. Pero es que hombre, pero es que por el amor de Dios.
