Barcelona es una ciudad innovadora y la casa de muchos congresos internacionales. Uno de ellos es Integrated Systems Europe (ISE), que este año ha decidido crear su propia fundación para extender el impacto del evento más allá de los días que dura la feria. Glòria Boix asume la dirección general de la ISE Foundation, tras más de cuatro años en Barcelona Activa, donde ha sido responsable de proyectos estratégicos y de City Branding. Antes había pasado por instituciones como la Mobile World Capital Barcelona y Fira de Barcelona, construyendo una trayectoria vinculada a los eventos, la promoción de ciudad y la transformación digital. Recibe a The New Barcelona Post en las oficinas de esta nueva fundación, aunque confiesa orgullosa que, seguramente, tendrán que marcharse porque "se han quedado pequeñas". Con la directiva hablamos del sector audiovisual y de los sistemas integrados y, sobre todo, desmiente la idea de verticalidad que se vincula a los sectores económicos tradicionales. Para ella su sector es transversal y muy relevante, ya que en pocos años concentra el 14% del empleo en Catalunya.
—Felicidades por la ISE Foundation. Antes de hablar de la fundación, hablemos del sector audiovisual en el que estáis entrando y del ecosistema que se está creando en Catalunya. ¿Es un mercado creciente?
—El sector audiovisual y de sistemas integrados —que no son exactamente lo mismo— lleva años creciendo, unos 5-10 años, desde que hay análisis, porque a veces nos cuesta tener datos específicos comparativos consecutivos. Es un sector muy relevante para Catalunya. Complementa muy bien la llegada de la ISE, pero ya había un sector creativo y audiovisual muy potente en el país. Según el último estudio de la Generalitat, el sector representa casi el 14% del empleo, con 45.000 trabajadores y 8.000 empresas. Muchas son pequeñas, pymes o micropymes, pero es un sector muy relevante en términos de valores económicos y de empleo.
—¿En quién nos fijamos? ¿Hay alguna meca?
—Más que una meca, cada territorio busca su espacio, porque cada territorio tiene un ADN concreto. Hay aprendizajes de otros territorios europeos o mundiales en los que te puedes basar, pero no diría que hay un lugar concreto en el que mirarse. Podrías pensar que debemos mirar el audiovisual americano o el de otros territorios, pero no sería cierto, porque la base de empresas y de talento es diferente. Es difícil ese mirarse en el espejo de otros y no me gusta especialmente. Sí que funciona en estrategia, cuando intentas hacer un benchmark específico. En videojuegos, por ejemplo, se puede mirar Berlín, Copenhague y Londres, y Francia también tiene un par de localizaciones muy interesantes, pero no nos fijamos solo en un lugar.
Lo más importante que hay que explicar, y que la ISE ha empezado a hacer y la Fundación también intentará, es cómo los sistemas integrados impactan de manera transversal en muchos sectores. Tradicionalmente, todos los relacionamos con el audiovisual profesional, pero ya impactan de manera significativa en otros sectores: videojuegos, residencial, hotelería, centros educativos. El propio sector busca nuevas oportunidades y se ha diversificado. El apellido "audiovisual" es complementario. Son soluciones que se aplicaban al audiovisual y que ahora se aplican también a otros sectores, con esta transversalidad en los sistemas integrados.
El apellido "audiovisual" es complementario. Son soluciones que se aplicaban al audiovisual y que ahora se aplican también a otros sectores
—Has hablado de ADN. ¿Sabrías definir el ADN del ecosistema catalán del audiovisual y los sistemas integrados?
—Es delicado, sobre todo porque me gustaría tener datos y estudios más consistentes. Estudios hay varios y bien hechos: en el ámbito territorial, normalmente la Generalitat y Acció, y también los hay en el ámbito local. Se había hecho un mapa de las industrias creativas en el área metropolitana. Pero definir el ADN es como hablar de las marcas concretas de los territorios: son muy plurales, todos los agentes contribuyen, y las definiciones no siempre ayudan a tener una perspectiva consistente, porque depende mucho de cómo lo quieras mirar. Creo que ahora sería muy necesario hacer nuevos análisis de cómo se está implementando, porque a menudo la taxonomía es antigua y no hace justicia a lo que pasa en la calle.
—¿Cuál diría que es la debilidad de este sector?
—Más que una debilidad, la estructura sectorial es una evidencia, tanto en los análisis locales y autonómicos como en los europeos: es un sector muy atomizado, con micropymes y pymes. Evidentemente, hay alguna empresa grande, pero, comparativamente con otros sectores tradicionales, la aproximación y los retos varían sustancialmente, porque en otros sectores normalmente hay una base de empresas muy grandes y una cadena escalada en volumen. Aquí el punto de partida es mucha gente muy creativa con empresas pequeñas, que tienen otros requisitos, sea para crecer o para aportar una mejora específica. Hablo puramente en términos económicos. A escala socioeconómica, pienso que es un regalo que tengas un sector así, tan plural. Bien coordinado puede ser un ecosistema muy potente, en el que el desarrollo y la riqueza estarían mucho más repartidos. Pero hay retos concretos, porque el tamaño afecta cuando quieres crecer o competir.
—Barcelona se había convertido en la ciudad de las start-ups y ahora necesitamos la ciudad de las scale-ups. Tiene que haber empresas no tan pequeñas, o al menos más diversas, que puedan llegar a más.
—Esto no es exclusivo de Barcelona ni de Catalunya. Ha pasado en toda Europa, y no solo en este sector: Europa ha aprendido y ha hecho los deberes en generación de empresas. Ha habido muchas políticas y buenas ayudas, pero también ha habido sector privado, y las interacciones públicoprivadas han hecho que entre todos hayamos aprendido cuáles eran las carencias y los retos y cómo abordarlos. Esto ha hecho crecer grandes nodos digitales en Europa, y Barcelona lo ha sabido aprovechar y es uno de ellos. Pero la escalabilidad es un reto europeo, continental, porque ni siquiera se resuelve desde el punto de vista estatal: por la competencia en un entorno globalizado, estás siempre en términos casi continentales. Por eso las ayudas, los apoyos, la financiación y las rondas de inversión se deben abordar desde otro prisma.
—Hablemos de ese mercado único que también se pide en otros sectores, un mercado único europeo en el que todos puedan entrar y jugar.
—De nuevo, en este sector y en muchos otros sería favorable hablar en términos de desarrollo, crecimiento y competitividad europea. Creo que es una evidencia, con suficientes análisis tanto en el ámbito continental como a escala de cada una de las áreas europeas, que podrían jugar un papel muy relevante desde el punto de vista global.
—En Catalunya, ¿el audiovisual y los sistemas integrados deben ser una estrategia de país?
—Dado el alto porcentaje de empleo y lo que representa en el ámbito económico, creo que sí. Y no solo en la parte económica, también en la social y demográfica. La creatividad impulsa la innovación. Se ha visto que zonas inicialmente más desfavorecidas, cuando llegan artistas y creadores, pasan a tener un desarrollo económico mucho más alto y una parte social mucho más cohesionada. No hablamos solo de tener más empresas y que ganen más, que es una de las voluntades claras de muchos de nosotros, sino también de una oferta cultural, de unos entornos más bonitos y estéticos, y de una integración social mucho más elevada. El sector creativo tiene los dos activos. Por eso creo que se apuesta fuertemente por él y hace muchos años que se intenta, pero, precisamente porque la idiosincrasia es algo diferente de la de otros sectores, hay que buscar estrategias y líneas de actuación diferentes.
—¿Notáis esa voluntad pública en la colaboración públicoprivada? Una cosa es que las empresas lo vean como estrategia de país, pero ¿la parte pública también tiene esa voluntad, o al menos caminar hacia ahí juntos?
—Pienso que sí. Tanto los indicadores como lo que recibimos de las grandes empresas y no tan grandes, internacionales o locales, que participan en la ISE, como también de la administración pública y de otros agentes públicos y privados. La colaboración es un activo muy relevante. Creo que territorialmente Catalunya ha hecho los deberes y ha aprendido a hacer esta contribución públicoprivada. De hecho, la gente internacional que nos llega, y no solo en este sector, nos ve como ejemplo de esta colaboración y de este aprovechamiento, de este legado que tanto nos gusta en Barcelona, de qué extrapolación ha tenido, no solo económicamente sino también por el territorio y socialmente. Hace muchos años que desde el extranjero se analiza esto, y podemos estar orgullosos.
—Entremos a hablar de la ISE Foundation. El primer contexto que tuve de este tipo de fundaciones es la Mobile World Capital, surgida a raíz de la llegada y la consolidación del Mobile World Congress. Entiendo que es similar: un congreso de este nivel monta una fundación aquí. ¿Es una manera de generar impacto en los vecinos de Barcelona y de Catalunya? ¿Por qué se crea una fundación a raíz de un congreso así?
—La ISE, AVIXA y CEDIA son propietarios de esta fundación, le han dado apoyo y han encontrado su visión, evidentemente con el CEO de la ISE, Mike Blackman. La visión es análoga o paralela al MWC: a partir de un gran evento, de un gran encuentro, se quiere crear un impacto positivo en el territorio. Es una manera de dar algo a un territorio que, parafraseando a los fundadores, "nos ha tratado muy bien": la parte pública ha hecho que les vaya mucho mejor como negocio, y quieren tener un retorno hacia el entorno que los ha acogido. Está la mirada de ser una parte contributiva para el territorio y una segunda arista: serlo para que al sector también le vaya mejor. Si juntamos las dos, tenemos el nacimiento y la parte fundacional de la ISE Foundation.
—¿Qué puede aportar, concretamente, la ISE Foundation a Barcelona?
—Nosotros recogemos el potencial de la ISE, que es la feria más importante de su segmento de sistemas integrados, con toda la parte de industria, conocimiento y contenido. Cada año viene gente muy relevante de cada sector, y se diversifica y crece cada día más. De hecho, este año en Fira de Barcelona se queda pequeño y se abre el Palau 8 de Montjuïc con dos iniciativas nuevas: Spark y EdTech, dentro de un acuerdo con el Clúster Educatiu de Catalunya. Es, por un lado, una iniciativa para integrar estas tecnologías y sistemas integrados en el ámbito educativo, y la otra son soluciones para creativos. La voluntad de la Fundación es extrapolar lo que pasa durante cuatro días y aprovechar estas oportunidades durante todo el año, con líneas e iniciativas concretas para que pasen aquí durante todo el año: retos en educación, generación y crecimiento de empresas, aplicaciones de estas soluciones.
—Hay un punto bastante polémico, también en otros sectores, que es la transferencia de conocimiento. Tenemos grandes centros de investigación en Catalunya y muchas veces las empresas hablan de un agujero entre lo que se estudia y lo que se monta. ¿Se ve también en este sector, o hay más comunicación entre la parte innovadora privada y estos centros?
—Creo que no van por separado, ni en este sector ni en ninguno. Lo que pasa es que las start-ups y spin-offs que nacen en un centro de investigación suelen tener una cadencia de rentabilidad mucho más larga. Todos hemos aprendido de manera rápida, a escala europea, a hacer una transferencia rápida en sectores digitales, donde la cadencia de llegada al mercado es más corta, de 3 a 4 años hasta que rentabilizas la start-up. En cambio, en sectores específicos de spin-offs, normalmente hablamos de 6 a 8 años. En el sector del que hablamos, esta transferencia o la voluntad de transferencia existe. La otra cosa es que es costoso y lento, y a menudo queremos resultados muy rápidamente o los buscamos de una manera demasiado ajustada. Creo que se hace razonablemente bien, pero aquí no es cuántas start-ups surgen, como cuántas se mantienen y cuántas conseguimos que, quizá en algún programa de escalabilidad, ganen en volumen de trabajadores y de facturación. Esa debería ser la voluntad de todos.
—En términos de talento, ¿tenemos suficiente talento catalán para abastecer este sector en Catalunya?
—Las empresas nos piden dos cosas. Una es volumen de talento, porque en ciertos perfiles concretos parece que hay carencia. ¿Quiere decir esto que tenemos pocas personas? Es una parte que tenemos que analizar bien, porque las tecnologías, no solo en este sector sino en general, las soluciones, o allí donde las aplicas, avanzan muy rápido. Creo que tiene que ser un mix. Por un lado, promover vocaciones sectoriales. Por otro, la capacitación profesional: que los profesionales que ahora se forman y los que ya están en el sector vayan adquiriendo nuevas competencias, una especie de reskilling constante, que es casi un mandato que nos ha tocado a nuestra generación en términos tecnológicos, trabajes donde trabajes. Tienes que ir poniéndote al día y haciendo reactualizaciones constantes. Y después está todo el talento existente, incluso de otros sectores, que podría entrar: análisis de datos, inteligencia artificial... Hay muchos ámbitos que se cruzan, con mucha intersección, es multisectorial. Mucho talento que quizá existe no está buscando o no piensa directamente en el sector, y no llega a los lugares pertinentes.
Mucho talento que quizá existe no está buscando en el sector, y no llega a los lugares pertinentes
—¿Esto se da por una falta de claridad en los espacios de formación?
—No tanto una falta de claridad. Como decíamos del análisis sectorial, y quiero elevarlo más allá de nuestro sector, partimos de taxonomías relativamente verticalizadas, y la transversalidad que nos ha aportado la tecnología en los últimos 20-30 años ha hecho que, en algunos casos, esas taxonomías se hayan quedado cortas o parciales. Pienso que a la parte formativa le pasa lo mismo: la tecnología avanza muy rápido, seguramente más de lo que se pueden adaptar las líneas curriculares. Además, los trabajos de hoy no tienen nada que ver con los de hace 30 años. Entre todos tenemos que entender qué capacitación necesitamos según el tipo de tareas, y no tanto qué formación concreta sirve para entrar en un sector. Esto es trabajo de todos, no solo de nuestro sector, sino de muchos.
—¿Qué papel puede jugar, o queréis jugar, la ISE Foundation en este espacio de formación?
—Como la fundación nace ahora, este verano (empezamos en julio), estamos en una fase como quien dice cero: de construcción de la estructura y de los modelos de gobernanza, hablando con muchísima gente, pública y privada, que querría acompañarnos en esta visión. Pero la ISE ya había empezado algunas actividades de retorno o impacto social, y algunas las continuaremos haciendo. De aquí a final de año nos hemos propuesto tres iniciativas en talento y formación y tres de ayuda a la innovación y la generación de empresas, más de emprendimiento.
En la parte formativa podemos aportar el conocimiento técnico y la actualización de contenidos. Contamos con AVIXA y CEDIA, que anualmente hacen un análisis sectorial del audiovisual y de los sistemas integrados aplicados a muchos sectores, y además tienen la parte formativa, es decir, tienen a los grandes expertos en el avance de estas nuevas tecnologías. Ya hemos empezado: en julio hicimos una formación dirigida a profesorado, con esta mirada de actualizar algunos conceptos de audiovisual. Ahora también trabajamos con el Departamento de Educación de la Generalitat para intentar ayudar a plantear un currículum profesional de audiovisual, con profesores internacionales o nacionales, que puedan acompañar a jóvenes de formación profesional, de régimen especial, etc. AVIXA cuenta con una certificación, la CTS, que es la certificación aceptada mundialmente como la más elevada o la que aporta una actualización mayor. Normalmente, tiene una vigencia de 3 años y las personas que la tienen deben ir actualizándose constantemente. Estos son algunos de los conceptos que la ISE quiere y tiene ganas de llevar para que haya mejores profesionales que puedan entrar en el sector, o personas que se puedan plantear entrar en él.
—Y por el otro lado, en emprendimiento, ¿qué quiere aportar la ISE a la hora de empezar empresas y start-ups?
—Hace año y medio, con la voluntad que ya tenían de montar la fundación, querían generar este impacto y buscaban la fórmula. Finalmente, vieron que una fundación sería pertinente para que hubiera esta cadencia anual y pasaran cosas durante todo el año. Hasta entonces, sin embargo, dentro del evento crearon el Innovation Park, que tiene varias aristas. Es una parte física situada en medio de la feria, donde hay una convocatoria específica de start-ups con un jurado que selecciona cuáles pueden participar. Se busca un alto grado de innovación, y las start-ups solo pueden repetir un año: cada dos años se renuevan. Muchas de ellas acaban yéndole bien y pueden estar en otros espacios. Es un revulsivo para mostrar empresas que normalmente no podrían estar en la ISE, por costes y por espacio.
Paralelamente, se organiza un hackathon con estudiantes, de la mayoría de universidades locales y también de universidades internacionales. Hay un acompañamiento y un seguimiento importantes de los challenges y prechallenges, y ahora estamos en este proceso de selección de prechallenges. El objetivo es que las grandes compañías que participan en la ISE puedan ir detectando tanto empresas específicas como talento relevante, de ámbito europeo.
Hay otra actividad que no pasa dentro de la feria sino en la parte superior, el Investors Forum. También hace año y medio, fue paralelo, y se modelizaron estas tres actividades para llevar soluciones al reto que presentaba el sector desde el punto de vista empresarial. Se ha creado un grupo de inversores que participan anualmente en la ISE, y la misión es que vengan más, de más envergadura, o que otros inversores que hasta ahora no se planteaban invertir en este sector lo hagan y lo consideren un sector relevante en el que invertir.
—¿Se ha entendido desde la parte inversora que este es un sector relevante?
—Creo que cada vez hay más inversores que no estaban en estos segmentos y ahora están, y el gran reto es que haya más y de más poder adquisitivo. Es lo que acaba queriendo todo el mundo, y la fundación quiere contribuir firmemente. Pasada la feria de febrero, nos gustaría continuar con actividades en estas tres líneas de innovación durante todo el año. Ahora se hacen mentorías concentradas en el evento, pero creemos que se pueden hacer durante el año, igual que el trabajo con la parte inversora y con las start-ups. Lo estamos construyendo dentro del plan estratégico a 3 años vista, del 2027 al 2029, que concretará las líneas específicas que seguiremos.
—Hemos hablado de un sector de pymes y micropymes, sin una gran empresa detrás. Siguiendo con lo del ADN: ¿hay que tener grandes empresas para que el sector crezca, o puede seguir creciendo y ser relevante con un ecosistema de pequeñas y medianas empresas, como es Catalunya?
—Creo que sí, precisamente porque se está multisectorializando, y hay alguna grande. El tema es la aplicación concreta y si están localizadas aquí o no. Tendríamos que precisar de qué territorio hablamos: Catalunya, área metropolitana, nacional o europeo. Es relevante porque a veces, cuando nos conviene, segmentamos territorialmente y, cuando no, no, y eso no ayuda. El sector está creciendo y necesita, evidentemente, más inversión y escala; eso lo quiere cualquier sector, porque es el objetivo de cualquier compañía. ¿Necesitamos grandes empresas? Ya hay alguna. ¿Queremos más? Sí, pero no me corresponde a mí, desde una fundación, decirlo: es una pregunta que responderían más las administraciones.
—¿No era si queremos más, sino si son necesarias para que el crecimiento no se detenga, o si se puede vivir sin grandes empresas?
—La analogía que sucede en otros sectores no pasa aquí. En nuestro sector tiene otras reglas del juego porque la base es diferente. Es difícil decir si son necesarias, porque aquí la necesidad normalmente es de inversión. A partir de ahí, el mercado hace su trabajo. Si después se adquieren entre ellas... es una pregunta que no sé responder, ni me atrevería.
—La última pregunta, la inteligencia artificial. Con el sector audiovisual se han visto con miedo las imágenes que se pueden generar solas y que cada vez mejoran más, y se modifica la parte de producción. Y en los sistemas integrados, como el residencial, la IA puede ayudar a que todo se controle desde un solo espacio. ¿Qué papel juega la IA? ¿Se ve como una amenaza o como una gran herramienta?
—La IA se ve como las dos cosas. Hay mucha preocupación social, y es bueno que la haya, y no es solo aplicado a nuestro sector, que también se ha visto impactado de manera muy relevante. La tecnología, según la visión europea al menos, debe ayudar a los humanos a hacer ciertas cosas y a mejorar, automatizando aquello que no haría falta que hiciera un humano. Cómo se utiliza y dónde se aplica es trabajo de todos, e implica mucha política, mucha interrelación y mucho consenso públicoprivado. Es difícil decir si es oportunidad o amenaza, porque lo que pasa es que nos ha impactado de una manera revolucionaria y crítica, y vamos más lentos a pensar cómo la queremos utilizar que el propio uso que hacemos todos. Por eso está la alegría de unos, la voz amenazadora de otros, o las dos cosas a la vez en muchos de nosotros, a la hora de entender cómo, qué y en qué momento se debe utilizar.
Hay una parte que para los creadores es muy relevante y hay que decirla: los derechos de imagen, los royalties. La parte regulatoria siempre es posterior al uso que ya se ha hecho, y muchos creativos se ven ignorantes porque ese uso ha sido indebido o porque no había un vacío jurídico o legal que lo cubriera como muchos querrían. No tengo un posicionamiento, pero creo que entre todos tenemos que hablar mucho de ello, porque nos impacta a todos, en cualquier sector, para intentar acelerar este período de reflexión. Vamos siempre a remolque: se nos pasa el uso por encima antes de pensar para qué queremos utilizarlo.
