Se siente a gusto. Disfruta del paisanaje de media mañana, de la Coca-Cola que se está bebiendo y del aroma de los guisos cocinándose que se cuela desde la cocina. De fondo, los acordes del The green grass starts to grow de Dionne Warwick y Burt Bacharach acompasan el momento y Gabi Soto, que como cada día lleva desde las cuatro de la madrugada despierto, cierra los ojos y, sonriente, se deja mecer por la atmósfera del Bar.
“Técnicamente, soy muy limitado, mi modelo de guitarrista es Johnny Ramone, con eso te lo digo todo”, confiesa este músico autodidacta que, desde que con 12 años agarró una guitarra de su hermano Jordi, sintió la necesidad de crear a través de la música. “Las cosas las acabo sacando por cabezonería, aunque ahora, que estoy aprendiendo a tocar el piano, debo decir que echo en falta una base teórica”.
Debutó en los días de instituto “con un grupo que montamos mi amigo Carlos y yo, llamado Super Small, que trataba de emular a los Pixies”. Y sorbe un trago, antes de añadir, riendo: “éramos rematadamente malos”. Más adelante se curtió con Los Soberanos, la mítica banda barcelonesa de pop ibérico sesentero, en cuyas filas militó entre 1997 y 2002. “Aquella fue para mí una gran escuela. Tocábamos mucho, girábamos, hice muy buenos amigos y aprendí un montón de cosas”, recuerda este devoto y defensor a ultranza de la música popular española de los 60.
Un amor que se ha reflejado en proyectos posteriores como Zola, Los Popov o Los Bics y con su nueva banda, Los Belter, que debutan estos días con el EP En tu ventana, producido por Marc Tena –“¡ni considero la posibilidad de grabar con otro!”– y que incluye en su line-up a algunas eminencias del pop barcelonés. Un premio a un trabajo, musical y personal, muy bien hecho. “Llevo dos años y medio sin beber alcohol y tengo la suerte de contar con el respaldo y el cariño de mi pareja, Matilde”. Vuelve a sonreír, antes de rematar: “¡creo que ni ella se da cuenta de lo mucho que me ayuda!”.
De corazones y hormigas
Entre 2001 y 2007, Gabi Soto y la que entonces era su pareja, Nuria Cimini, crearon Zola, una banda marcada por letras de fuerte carácter lírico, acompasadas con un pop impregnado de bossa, jazz y otros sonidos elegantes. “Aquel fue mi primer proyecto personal y dejamos grabados dos discos, Siete maletas y En la oscuridad”. El segundo salió al final de todo. “Nuria se marchó a vivir a China y aquel fue el fin de la banda y de nuestra relación, pero el segundo álbum es, posiblemente, el disco del que estoy más orgulloso a nivel creativo. Eché la casa por la ventana con él”.Publicado en su día en CD por el pequeño sello Discos de Paseo, Gabi no descarta una posible reedición en vinilo para dar nuevo lustre a canciones como Viernes 5 o De corazones y hormigas. “El tiempo dirá si es posible hacerlo o no”.
Otra de sus aventuras musicales fue el paso por Los Popov, capitaneados por la cantante Inés Bayo. “Estuve con ellos unos tres años y, más tarde, colaboré en el álbum que Inés no llegó a ver acabado, porque murió antes, en 2019”. El LP salió publicado por el sello Discos Sélak, impulsado por Pablo Jiménez y en el que Gabi está involucrado. “Y, aunque hace unos años que salió, estamos intentando darle una segunda vida porque es el gran legado de Inés. Tiene canciones preciosas que merecen tener la máxima proyección”. El trabajo bien hecho se tiene que notar.
Nacer, vivir y (probablemente) morir en Barcelona
“Esta ciudad aún me sigue asombrando, a pesar de llevar mis 55 años de vida aquí. Su arquitectura, sus calles, no dejan de darme sorpresas. Su clima me encanta, así como su cercanía al mar y, a la vez, a la montaña”.
El parroquiano admite que la ciudad ha cambiado a un ritmo mucho más rápido del suyo, y admite, también, que la culpa de muchas cosas malas que le pasan a la ciudad “la tenemos los propios barceloneses que nos quejamos de problemas que hemos contribuido a crear”. A veces la ve “como a una exnovia a la que has querido mucho y a la que, a pesar de las turbulencias vividas, sigues de alguna manera queriendo”. Y liquida su Coca-Cola, antes de determinar: “he nacido aquí, he vivido toda mi vida aquí y todo apunta a que será aquí donde me muera”.
--- Pues eso no puede pasar sin que, antes, pruebes nuestra exquisita cocina. Se acerca la hora de comer y tal vez te podamos ofrecer alguna tapa, ración o plato…
Gabi Soto se deja tentar. De fondo, las notas del Always something there to remind me de Bacharach. En la carta, callos y caracoles. La decisión está entre estos dos. “Ambos me encantan”. Y mientras se lo piensa pide, para beber, “otra Coca-Cola”. Y, por favor, también, que la conversación se alargue.