La cultura reclama un lugar en el corazón de la empresa

Elena de Carandini, CEO de Castell Raimat y presidenta de la Fundación Comunitaria Raimat Lleida; Josep Maria Carreté, secretario general del Departamento de Cultura de la Generalitat de Catalunya; Alba Guzmán, socia fundadora de la agencia de comunicación ROSAPARKS; y Marta Otzet, directora de Cultura y Acción Socioeducativa de la Basílica de la Sagrada Familia © Fundació Catalunya Cultura
Elena de Carandini, CEO de Castell Raimat y presidenta de la Fundación Comunitaria Raimat Lleida; Josep Maria Carreté, secretario general del Departamento de Cultura de la Generalitat de Catalunya; Alba Guzmán, socia fundadora de la agencia de comunicación ROSAPARKS; y Marta Otzet, directora de Cultura y Acción Socioeducativa de la Basílica de la Sagrada Familia © Fundació Catalunya Cultura

La Fundació Catalunya Cultura reúne a empresas y agentes del sector en La Pedrera para debatir el papel de la cultura en la estrategia empresarial

09 de septiembre de 2026 a las 05:30h

Muchas veces, uno cree que la cultura es estática; aquello que define una sociedad y sus habitantes, pero que no es motor de cambio, simplemente espectadora de los virajes generación tras generación. Lejos de ser una afirmación cierta, la cultura no solo forma parte del cambio social, sino que en muchos aspectos lo puede crear. En clave empresarial, la cultura siempre se ha visto como un elemento al que dar apoyo, pero cada vez es más evidente que se convierte en una herramienta de transformación y competitividad y, a pesar de ser la máxima representante de la tradición, también aporta innovación. Precisamente, este es el concepto principal del último evento que ha organizado la Fundació Catalunya Cultura. En el auditorio de la Pedrera, la organización monta un encuentro con diálogos, debates y reflexiones alrededor del papel de la cultura en un entorno empresarial cada vez más dinámico y cambiante, bajo el lema Cuando la cultura se convierte en estrategia empresarial.

"Si un empresario no tiene una vinculación personal con la cultura no la ve como una herramienta para su compañía", lamenta Maite Esteve, directora de la Fundació Catalunya Cultura. En muchos momentos, las empresas hacen una inyección de dinero a algunas fundaciones que protegen la cultura sin saber demasiado bien dónde va ese dinero o qué retorno tienen. La realidad, sin embargo, es que la cultura es un canal transformador social y, como tal, merece un espacio dentro del mundo empresarial. Según explica Alba Guzmán, socia fundadora de la agencia de comunicación ROSAPARKS, igual que se ha conseguido que las compañías quieran tener políticas de sostenibilidad de triple acción, "hay que hacerles entender que se debe integrar la cultura". De esta manera, Guzmán recuerda que debe haber una línea de sostenibilidad económica, social, medioambiental, pero también cultural.

Ahora bien, llegar al tejido empresarial y demostrar que la apuesta por la cultura es una pata necesaria en cualquier compañía no es una tarea sencilla. Primeramente, en el sello B Corp, el máximo representante de la sostenibilidad de triple acción dentro de las empresas, no se reconoce la cultura como cuarto eje. Guzmán confirma que la cultura "no ha adoptado el lenguaje para comunicarse con las compañías". De esta manera la cofundadora de ROSAPARKS reconoce que la cultura no se ha adaptado a los tiempos rápidos del empresariado. A la vez, pero las compañías tampoco comprenden la independencia y libertad de la cultura. En este contexto recuerda que la única manera de llegar es la conversación de igual a igual y afirma que la única manera de hacer funcionar la cultura en el mundo empresarial es "integrarla en el corazón de las empresas". "Esto no va de cuatro patrocinios y un mecenazgo; va de entender por qué es necesaria una vinculación que perdure y con sentido". El mismo opina Marta Otzet, directora de Cultura i Acció Socioeducativa de la basílica de la Sagrada Família, quien concreta que la cultura motiva y "traspasa un legado con identidad". Así pues, para Otzet apostar por la cultura —en el ámbito empresarial— es apostar por una estructura que perdurará en el tiempo.

"La cultura cuestiona aquello que damos por descontado y nos ayuda a crear nuevas ideas"

La cultura debe formar parte de las empresas y esto solo se podrá conseguir con "inversiones y convenios a largo plazo", tal como dice Elena de Carandini, CEO de Castell Raimat y presidenta de la Fundación Comunitaria Raimat Lleida. Precisamente por eso, la implicación de las instituciones públicas es clave. Durante el acto, todos los ponentes han esperado su turno para pedir tanto la nueva Ley del mecenazgo y la Ley de Drets Culturals a Josep Maria Carreté, secretario general del Departamento de Cultura de la Generalitat de Catalunya, el representante institucional del acto. Él mismo confirma que estas leyes son esenciales y también reconoce que la administración debe jugar un papel en esta entrada de la cultura en las empresas. Por su parte, sin embargo, también remarca que es necesaria más profesionalización. En definitiva, todos los ponentes mantienen la clara necesidad de apostar por la cultura porque "cuestiona aquello que damos por descontado y nos ayuda a crear nuevas ideas", como define la moderadora del acto Georgina Ferri, directora de Betevé.

El mecenazgo del siglo XXI

La familia Güell forma parte del legado cultural de Catalunya y, desde la visión de Eusebio Güell, presidente de la Fundació Güell, la esencia del mecenazgo es la misma: "Creer en un talento que todavía no se ha probado". En este sentido, el mecenazgo es "dar una oportunidad", en palabras de Güell y también de Oriol Aguilà, director del Festival Castell de Peralada. Ahora bien, este concepto se ha profesionalizado. Mientras el antepasado de Güell puso toda su fuerza en un solo artista, Antoni Gaudí, conocidísimo por crear el parque barcelonés más famoso del mundo, el Parc Güell, la actualidad abre las puertas a validar las obras de diversos talentos. A pesar de los cambios, sin embargo, Güell mantiene que a lo largo de los siglos y a pesar de la transformación de la profesión, "los mecenas siguen siendo unos visionarios" con convicciones personales para —tal como expresa Aguilà— "pasar por el mundo habiendo hecho algo". En este sentido, para ser mecenas se deben tomar decisiones arriesgadas y tener claro lo que se quiere hacer y desarrollar. Ya no vale apostarlo todo a un artista incomprendido.

Ser mecenas ya no es solo un trabajo individual. De hecho, cada vez se pide más implicación empresarial. El Festival Castell de Peralada es la casa de las artes escénicas del Empordà. En otras palabras, a través de su Campus se convierten en los productores de los sueños de la juventud ampurdanesa, que a veces se ven demasiado lejos de llegar a las grandes escuelas de arte del mundo. Desde el festival los forman, los aproximan a estos objetivos aparentemente inasumibles y los suben al escenario con grandes estrellas: "Un riesgo que queremos y debemos correr", remarca Aguilà. Y, en este contexto, tampoco lo tienen que hacer solos, según Güell: las instituciones públicas también deben ayudar a hacer crecer a estos artistas emergentes. "La cultura es la que puede crear cohesión en un mundo tan convulso", reflexiona Aguilà, quien cree, además, que el mecenazgo será clave para que la cultura llegue a solucionar el "caos" que vivimos, porque tal como concluye Güell: "Una sociedad sin cultura no sabe de dónde viene y no puede ver su futuro".