El pasado 14 de octubre vivimos una nueva edición de la Nit de l’Empresa i la Cultura, una velada que demostró, una vez más, que cuando la cultura está en el centro, la sociedad se eleva. Una mención especial al equipo de la Fundació Catalunya Cultura liderado por Maite Esteve y presidido por Eloi Planes, por conseguir no solo una noche con un mensaje profundo y a la vez entretenida, sino por trabajar cada día con propósito y pasión por nuestra sociedad. Porque, sin cultura, la sociedad está muerta.
Mi participación como jurado en la última edición fue, para mí, mucho más que un honor; fue una revelación. Cuando se me encargó, junto con mis compañeros Aitor, Pere, Cristina y Jordi, evaluar los proyectos en las categorías de Gran Empresa y Pequeña y Mediana empresa, empecé con una idea preconcebida: esperaba encontrar iniciativas valiosas enmarcadas dentro de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC).
El impacto fue inmediato. No encontré solo buenas intenciones, sino un verdadero ecosistema de inversión en valores, talento e innovación. Descubrí empresas, algunas sin el eco mediático que merecen, con una apuesta real y estratégica por la cultura. No se trata de apoyar para quedar bien, sino de un compromiso auténtico: la cultura como el vehículo más potente para generar impacto social y económico genuino.
Las empresas deben garantizar los beneficios a corto plazo, pero también la competitividad y la sostenibilidad a largo plazo. Y hoy, esta competitividad no se mide solo con el balance financiero, sino con su capacidad de adaptación, de disrupción, de atracción de talento y de impacto positivo a la sociedad.
Aquí es donde el talento cultural se convierte en el verdadero motor de transformación. La cultura, en todas sus formas, desde las artes escénicas y visuales hasta el diseño o la divulgación científica, nos aporta pensamiento lateral, espíritu crítico y creatividad, tres activos imprescindibles para la supervivencia y evolución empresarial.
Cuando una empresa invierte en un proyecto cultural, no está haciendo una donación, está haciendo una apuesta estratégica por su futuro. Está incubando ideas, narrativas y liderazgos que marcarán el mañana. El apoyo empresarial a la cultura tiene que ser visto como una inversión con retorno, en valores, en reputación, en innovación y en capacidad disruptiva.
El mensaje que la Fundació Catalunya Cultura impulsa: que la cultura sea un pilar fundamental de la sociedad, no es una aspiración idealista, sino una necesidad para cualquier economía avanzada. Para que la cultura actúe como pilar, hace falta que el empresariado la trate con el mismo rigor y ambición que cualquier línea de negocio estratégica.
La Nit de l’Empresa i la Cultura nos recuerda cada año la importancia de apoyar y reconocer proyectos culturales que generan valor real. Nos demuestra que, en nuestra casa, hay iniciativas que, a pesar de nacer con pocos recursos, están transformando la sociedad y el tejido empresarial. Son estas iniciativas, visionarias, persistentes, comprometidas, las que alimentan el pensamiento crítico y la innovación. Nuestra responsabilidad social no es solo compensar, sino acelerar este impacto. Tenemos que actuar como motores de impulso del talento, identificando y financiando ideas culturales que mejoren la calidad de vida de nuestra ciudad y de nuestro país.
Programas como Impulsa Cultura son esenciales: convierten el talento en proyectos viables, innovadores y con impacto. Son el punto donde la escala empresarial se encuentra con la profundidad cultural, generando un círculo virtuoso de crecimiento. Después de esta experiencia como jurado, salgo con una convicción clara: la apuesta por la cultura en Catalunya es mucho más amplia y sólida de lo que a menudo imaginamos. Solo hay que hacerla visible y situarla en el centro de las decisiones estratégicas.
Invito a todo el mundo a cambiar la lente. Dejamos de ver el apoyo a la cultura como un gasto o una acción filantrópica, y empezamos a entenderlo como lo que realmente es: la materia prima de la creatividad, la innovación y el humanismo que necesitamos para mantener la competitividad global y construir una sociedad más rica, más justa y más ilustrada.
Que la Nit de l’Empresa i la Cultura siga siendo el catalizador de esta visión.
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