En medio del Poblenou tecnológico, entre oficinas, espacios de coworking y universidades punteras, las antiguas chimeneas todavía se asoman entre edificios modernos y las naves industriales se resisten a desaparecer del paisaje. La Escocesa es uno de los recordatorios más visuales de aquel Poblenou que, antes de convertirse en el distrito tecnológico del 22@, concentraba buena parte de la actividad fabril de Barcelona.
Sin embargo, a pesar de conservar las grandes naves, los ventanales y las estructuras de hierro de aquel pasado industrial, hace años que la actividad de este antiguo recinto fabril ya no tiene nada que ver con la industria. De hecho, la antigua fábrica textil ya se prepara para dar un nuevo paso en su gran transformación, con un ambicioso proyecto que se prolongará hasta 2029 y convertirá sus más de 11.000 metros cuadrados en un espacio donde convivirán el arte, la vivienda, la economía social y la innovación alimentaria.
Esta nueva etapa, sin embargo, no parte de cero. Hace años que una parte de La Escocesa funciona como Fábrica de Creación de Barcelona, gestionada por el Institut de Cultura de Barcelona (ICUB), y entre sus paredes trabajan habitualmente más de 30 artistas residentes, en talleres y espacios de producción artística. La actividad artística, sin embargo, solo ocupa una parte de los más de 11.000 metros cuadrados del recinto. El resto del recinto, que el consistorio ha ido adquiriendo progresivamente hasta gestionar actualmente el 93% del conjunto, será donde precisamente donde se concentrará ahora la gran transformación de La Escocesa.
Un proyecto ambicioso que culminará en 2029 y que el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, ha desgranado hoy en rueda de prensa. Con una inversión prevista de 51,8 millones de euros —27,2 millones aportados directamente por el Ayuntamiento de Barcelona y el resto por los socios del proyecto, entre los que se encuentran entidades como Mercabarna, la Fundación AMPANS o la Generalitat de Catalunya—, el plan quiere dar una nueva vida a los más de 11.000 metros cuadrados del recinto.
La nueva Escocesa combinará usos diversos en un mismo espacio. La creación artística, que hace años que forma parte de la identidad del recinto, convivirá con nuevas viviendas y espacios de inclusión social, como un nuevo polo de Economía Social y Solidaria, y un centro de innovación alimentaria para impulsar nuevos proyectos y empresas del sector. Un ecosistema que, según las previsiones del consistorio, también generará nueva actividad económica y empleo: más de un centenar de puestos de trabajo directos y unos 500 indirectos, tal como ha detallado Collboni.
El objetivo es que estos nuevos usos no funcionen como piezas aisladas, sino que se relacionen entre sí y compartan espacios, talento y oportunidades. Un modelo que se empezará a materializar este mismo año, con los primeros trámites y actuaciones, y que tomará forma durante las obras previstas para 2027 y 2028, con el objetivo de que en 2029 todo el conjunto esté en pleno funcionamiento.
170 años de historia y una segunda vida
Pero para entender qué representa esta nueva etapa hay que retroceder más de 170 años, hasta los orígenes del conjunto que hoy se conoce como La Escocesa. La historia del recinto fabril se remonta a 1852, cuando se instaló una fábrica dedicada a producir productos químicos para la estampación textil. El complejo fue creciendo y cambiando de actividad hasta que, a finales del siglo XIX, llegó Johnston, Shields & Co., una empresa procedente del sur de Glasgow especializada en la fabricación de cortinas y visillos de tul. La empresa desembarcó en el Poblenou con cerca de 40 operarios escoceses, que se encargaron de formar a los primeros trabajadores locales. Aquellos trabajadores no solo trajeron nuevas formas de trabajar, sino también sus costumbres y una procedencia que acabaría dando el sobrenombre por el que todavía se conoce al conjunto: La Escocesa.
Durante casi un siglo, la fábrica mantuvo su actividad vinculada a la industria textil, hasta que cerró en 1984. Las naves quedaron entonces en desuso, pero pronto encontrarían una nueva vida de la mano de un grupo de artistas que a finales de siglo entendieron el potencial de la fábrica como espacio de creación. Aquel grupo de artistas consiguió llegar a un acuerdo con el propietario del recinto para instalarse en las antiguas naves a cambio de un alquiler simbólico.
Un proyecto artístico se fue consolidando con los años, a pesar de los cambios de propiedad del recinto, hasta que el Ayuntamiento de Barcelona empezó a intervenir directamente. En 2008, el consistorio adquirió una primera parte del espacio y la cedió a los artistas, consolidando una actividad artística que se convertiría en una de las Fábricas de Creación de Barcelona que gestiona el ICUB. No fue hasta el año 2017 cuando compró prácticamente la totalidad del conjunto hasta gestionar actualmente el 93%. Desde esta adquisición, el Ayuntamiento ha ido gestando la segunda vida del conjunto, que ahora entra en su fase decisiva con la mirada puesta en 2029.
El futuro de La Escocesa, nave por nave
Esta transformación se desplegará por las diferentes naves que conforman el recinto, de más de 11.000 metros cuadrados. Cada una de ellas tendrá un uso propio, pero todas estarán conectadas para integrarse un mismo ecosistema, donde arte, la vivienda, economía social e innovación alimentaria compartirán espacio, conocimiento y oportunidades.
Por un lado, las naves Johnston y Foseco —esta última, recientemente rehabilitada para mejorar su accesibilidad con una inversión de 4,3 millones de euros—, que ocupan unos 2.267 metros cuadrados entre ambas, mantendrán su actividad artística, ya que hace años que funcionan como Fábrica de Creación del ICUB. La Associació d’Idees EMA autogestiona sus espacios, donde trabajan habitualmente más de 30 artistas residentes y se desarrollan talleres individuales y compartidos.
A esta actividad artística se sumará en los próximos años la nave Paul (de 849 metros cuadrados), que será rehabilitada entre 2027 y 2028 para convertirse en un nuevo centro de arte inclusivo impulsado por la Fundació AMPANS, una entidad especializada en el acompañamiento y la inclusión de personas con discapacidad intelectual y en situación de vulnerabilidad. En este nuevo centro, creadores con discapacidad intelectual podrán trabajar y crear conjuntamente con otros artistas, exponer sus obras y participar en proyectos de arteterapia.
La inclusión, sin embargo, no se quedará solo en el ámbito artístico. El proyecto social se extenderá también a la vivienda y a la inserción laboral, con las naves Steegmann y Birkhead como principales espacios de esta nueva dimensión de La Escocesa.
En la nave Steegmann (1.756 metros cuadrados) —donde también se ejecutarán obras antes de 2029—, las plantas superiores se destinarán a vivienda reservada para unas 30 personas con discapacidad intelectual, con los servicios de apoyo necesarios para que puedan desarrollar una vida autónoma. La planta baja, en cambio, incorporará actividades como un restaurante-bar o una tienda-exposición, que también servirán para generar oportunidades laborales para este colectivo.
Por su parte, la nave Birkhead, con unos 1.800 metros cuadrados, también se transformará antes de 2029 para convertirse en un espacio residencial para 42 personas, principalmente con discapacidad intelectual, pero también de otros colectivos vulnerables. Así, entre las naves Steegmann y Birkhead el proyecto prevé crear 72 plazas de vivienda social para personas en situación de vulnerabilidad.
La última pieza de esta nueva vertiente social de La Escocesa será la nave Klein, que se convertirá en un nuevo polo de Economía Social y Solidaria de 1.391 metros cuadrados. El proyecto se integrará en la red de polos de actividad económica que el consistorio está desplegando desde hace meses en diferentes ámbitos y barrios, como el polo audiovisual XRLAB o el Polo de Talento Digital del Parc Tecnològic de Nou Barris. En este caso, el nuevo espacio de la Escocesa estará orientado a cooperativas, proyectos de emprendimiento social y otras iniciativas de la economía social y solidaria.
De momento, sin embargo, todavía no se ha escogido la entidad que gestionará el nuevo espacio, ya que el concurso público se encuentra en fase de revisión de las propuestas presentadas. Una vez resuelto, la entidad que asuma el proyecto tendrá una concesión de 40 años y recibirá 2,5 millones de euros de subvención municipal para rehabilitar el edificio, en unas obras que supondrán una inversión total de 7,5 millones.
La última de las grandes transformaciones del recinto será la de la nave Shield, de 2.170 metros cuadrados, que se convertirá en la sede del Barcelona FoodLab, un centro pionero de incubación, aceleración e investigación en el ámbito de la tecnología agroalimentaria y la innovación gastronómica, impulsado por el Ayuntamiento de Barcelona, a través de Barcelona Activa, junto con Mercabarna y la Generalitat. Para incubar e impulsar esta innovación gastronómica, el espacio combinará aulas de formación, espacios de coworking y módulos para empresas, así como zonas donde desarrollar y testar los nuevos productos y proyectos agroalimentarios.
