Las estaciones de metro y sus nombres como memoria viva de Barcelona

Estación de Congrés-Indians de la L5 (Ayuntamiento de Barcelona)
Estación de Congrés-Indians de la L5 (Ayuntamiento de Barcelona)

Recogemos el paso de Congrés a Congrés-Indians como una invitación a mirar bajo tierra y explorar los cambios de nombres de la red de metro como reflejo de la ciudad y de su transformación

(Redactora)
12 de febrero de 2026

Un guion, siete letras y un cartel. Es el cambio que implica que la estación de metro de Congrés haya pasado a llamarse Congrés-Indians: son pocas letras, pero tienen mucho detrás, y mucho por delante. Detrás, una larga reivindicación de identidad vecinal; delante, un amplio proceso para reproducir el cambio en toda la cartelería, indicadores de metros y centenares de mapas de la red de transporte público, que se hará de forma paulatina. Por ahora, se ha cambiado un único cartel, para empezar a poner en valor la identidad del barrio, aunque sea inicialmente de forma simbólica, con el impulso de la reivindicación vecinal.

Con este cambio en la L5, el mapa se adapta a la realidad de la ciudad. Así, las estaciones de Barcelona no solo indican caminos, sino que son un reflejo de la ciudad, y cambian con ella, revisando su memoria y reconociendo sus barrios, habitualmente al ritmo de las reivindicaciones de sus vecinos.

No son pocas las estaciones de metro que han cambiado de nombre a lo largo de las décadas. De hecho, el cambio de Congrés-Indians fue aprobado por la Autoritat del Transport Metropolità (ATM) en 2022, junto a otras 20 estaciones ferroviarias, tanto de Barcelona ciudad como de su entorno. Entre ellos, figuró el cambio de Vall d’Hebron por Vall d’Hebron-Sant Genís, también largamente defendido por los vecinos. En la capital catalana, varios cambios aprobados en 2022 esperan aún materializarse: Drassanes pasará a llamarse La Rambla-Drassanes, y Llucmajor será Llucmajor-República, siguiendo la estela del cambio de nombre de la plaza hace diez años.

Todos estos cambios se debate y aprueban en el mismo organismo: la Comisión de Nomenclatura de la ATM, que coordina y reúne a operadores de transporte para coordinar la nomenclatura de la red de transporte público. Y los cambios siempre vienen motivados por tres motivos: unificar nombres de estaciones intermodales —como Clot de metro y Clot-Aragó de Renfe, ahora El Clot—, diferenciar estaciones no enlazadas, y adecuar los nombres de la red a la realidad del lugar. Estos últimos son los que, a menudo a través de la reivindicación vecinal, acaban desembocando en cambios como el de Vall d’Hebron, o el reciente —y simbólico— de Congrés-Indians.

Estos son solo dos de los muchos cambios que ha vivido una red de metro que acumula cien años y que se ha ido adaptando a la realidad de la ciudad. Decir que los cambios no son pocos no es una forma de hablar: de las 165 estaciones del metro, cerca de 50 han visto modificado su nombre original —y en algunos casos, más de una ocasión—, especialmente en las líneas históricas: cerca de 20 tanto en la L1 y como en la L5, y una quincena en la L3 y también en la L4.

Muchos de estos rebautizos vinieron motivados por el cambio del castellano por el catalán en la nomenclatura, como recogió Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) en motivo del centenario del metro. Torres y Bages, Las Cortes, Rocafor, Plaza del Centro, Pueblo Seco —ahora Paral·lel, mientras que la antes parada de Parlament se ha quedado con el nombre de Poble Sec—, o Luchana (Llacuna) son algunos de ellos.

Metro de Llacuna per Fundació TMB

La estación de Llacuna se llamó inicialmente Luchana. © Arxiu TMB

Pero otros cambios han ido más allá de cuestiones idiomáticas: la concurridísima Sants Estació fue inicialmente la estación de Roma, por la cercana avenida, y Besòs-Mar adquirió su nombre actual en 1985, tres años después de abrir como Mina. Aragón pasó a ser Aragón-Gran Vía para convertirse en Passeig de Gràcia en 1982, el mismo año en que Verdaguer dejó su nombre franquista original de General Mola, en una red que ha visto cambiar nombres como el de Guinardó por Guinardó-Hospital de Sant Pau y Triunfo-Norte por Arc de Triomf. De todas ellas, una de las estaciones que más ha cambiado de nombre en la red de metro ha sido la de Ciutadella-Vila Olímpica. La estación abrió en 1977 como Ribera; con la reorganización de la L4 pasó a ser Ciutadella, y sumó la referencia a la Vila Olímpica precisamente en 1992.

General Mola, actualmente Verdaguer, de la Fundació TMB

General Mola, actualmente Verdaguer. © Arxiu TMB

La protagonista del último cambio no se queda lejos: la ahora Congrés-Indians tenía que abrir como Garcilaso, por la calle que la acoge, pero finalmente cogió el nombre del barrio: Viviendas del Congreso, en plena construcción en ese momento. La historia del barrio no tiene nada que envidiar a la de la estación en cuanto a singularidad: el conjunto de viviendas fue impulsado por Gregorio Modrego, entonces obispo de la ciudad, cogiendo el nombre del Congreso Eucarístico Internacional, que tuvo lugar en Barcelona en 1952. Fue en 1959 cuando la estación entró en servicio, entonces en la L2, y pasó a la L5 con su prolongación entre Diagonal y La Sagrera. El segundo cambio del nombre llegó con su catalanización, en 1982, y ya se está materializando el tercero, con Congrés-Indians.

Así como Congrés parte del Congreso Eucarístico Internacional, ¿de dónde viene ese Indians? El nombre del barrio ya lo incluye desde hace 20 años, para dar representación a un área singular y con una personalidad muy distinta a los bloques de Congrés. La zona empezó a conocerse como la dels Indians a raíz de otro hecho histórico: la Guerra de Cuba y el regreso de barceloneses que habían hecho fortuna en las Américas. Algunos de ellos eligieron esos terrenos entonces despoblados de Sant Andreu del Palomar para levantar residencias que reflejaran su riqueza, que dibujaron un paisaje de torres y casas como la Torre Rosa; levantada en 1920, sigue en pie transformada en una coctelería.

La Torre Rosa, ahora como coctelería.

La Torre Rosa, ahora como coctelería.

Las calles del barrio son un reflejo claro de esa herencia caribeña: Manigua, Puerto Príncipe, Matanzas y Cienfuegos son algunas de ellas. De nuevo, nombres que se convierten en testigo de un momento de la realidad de la ciudad, ahora convertido en historia. Entre Manigua y esa calle Garcilaso en la que se coge el metro, un descampado ahora desaparecido fue el escenario de otro de los episodios históricos del barrio, cuyo impacto se extiende hasta ahora y a nivel global: acogió el primer campo de la historia del FC Barcelona a principios del siglo, cuando todavía no había ni metro, ni Congrés, ni Indians. Recogiendo el origen e historia del barrio y la reivindicación vecinal para que toda ella esté presente, ahora está la estación, su guion, sus siete letras y una identidad de barrio representada —aunque de forma simbólica—.

Sobre el autor

Anna Badia López
Anna Badia López

Redactora

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