La publicidad, esa eterna sorpresa (primera entrega)

En la actualidad la publicidad usa como anzuelo las relaciones sociales, más allá de la familia. Relaciones de amistad, relaciones de pareja... Ya no se usa la fórmula familiar como en este anuncio de cerveza, salvo para aquellos anuncios tal vez de juguetes o de seguros de salud y de vida, y de automóviles de formato familiar

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ace unos días una amiga me envió, a través de una conocida red social, una compilación de anuncios de los años 60 de marcas españolas: ¡yo no daba crédito! Cada uno de ellos me alucinaba más, hasta que llegó este, en especial, un anuncio de aquella época de la cervecera Cruzcampo. ¿Qué podemos decir de un anuncio que ofrece cerveza con alcohol a los más jóvenes de la casa? Y, ¿a quién se le podría ocurrir ponerlo en tela de juicio? ¡Si es mamá la que además tiene que ir a comprarla! A ver, a ver: por un lado alcoholizamos a los niños, por otro lado, a las madres las mandamos a hacer la compra. Y es que el problema de la época no era el alcoholismo, sino el hambre. Con este panorama, ¿quién mejor que la publicidad para obligarnos a tomar una decisión u otra? Sí, sí, la publicidad manda (y mandaba), una vez más, sobre los patrones que va a seguir la sociedad.

Este anuncio, publicado en 1961, en el diario ABC (¡benditas hemerotecas!), en plena dictadura, pone de manifiesto el sexismo imperante en aquella época y los roles sociales impuestos a cada miembro de la familia. El anuncio fue realizado por un estudio de publicidad (Ancoma) que lo puso en manos de un dibujante, cuyo nombre desconocemos (aunque hicieron también el mismo anuncio en una versión fotográfica). En la composición de la escena se pone de manifiesto quién iba a cortar el bacalao al cabo de pocos años. Me explico: el hermano mayor, sentado en el centro de la composición, será quien ocupe el trono patriarcal de la familia (como sucesor del padre, claro está), y a su alrededor los hermanos que esperan, vaso en mano, que él les suministre la cerveza. Una foto perfecta como estímulo para potenciar la importancia se der familia numerosa en la época, como símbolo de prosperidad y abundancia. Y para ello, cómo no, la mamá, cual sirvienta sumisa, le ayudará a serlo y comprará, bajo el tono imperativo del anuncio, lo mejorcito de la época para sus retoños. Y mejor: al son de los efectos colaterales del consumo de una cervecita, bueno, de una litrona más bien. Con un eslogan que actualmente haría saltar las chispas de la OMS, Cruzcampo se metía en el bolsillo la dinámica familiar más rancia de la época. Pero no fueron los únicos que usaron este tipo de publicidad para llegar al consumismo familiar de la sociedad.

Otras marcas, como por ejemplo San Miguel, usaron a los niños para promocionar su cerveza. Y es que estos productos se promocionaban para los niños como alimentos sanos (de igual forma que en EEUU se publicitaba la bebida Seven Up para los bebés, (¡adicción al azúcar desde el inicio de nuestras vidas!). Un sinfín de anuncios sexistas, machistas, racistas… se exhibían y se exhibían sin ningún pudor, reproduciendo el modelo social impuesto en el mundo occidental y aceptado sin crítica alguna por parte de sus súbditos, ¡uy, perdón!, quería decir sociedad.

Interpretación actualitzada de la autora sobre el anuncio que abre este artículo

En la actualidad la publicidad usa como anzuelo las relaciones sociales más allá de la familia. Relaciones de amistad, relaciones de pareja… Ya no se usa la fórmula familiar como en este anuncio de cerveza, salvo para aquellos anuncios tal vez de juguetes o de seguros de salud y de vida, y de automóviles de formato familiar.

Y, ya que soy una fascinada de la publicidad, ¿cuál y cómo podría ser este anuncio en la actualidad? Aquí va mi propuesta, ajustándome a una de las tendencias estéticas de nuestros días: colores planos, líneas precisas, un eslogan que diga algo así como, “Cruzcampo somos todos, amigo mío y ala… ¡salud!”. Pero no, no colaría. Mejor lo actualizo un poco más y llegaría a: ‘Smartphones, también para los más pequeños de la casa’. Y tal vez dentro de 50 años alguien escribiría algo así sobre mi propuesta… ¿Quién mejor que la publicidad para marcarnos el camino?… ¿A quién se le ocurriría recomendar el uso de los teléfonos móviles a los niños? ¡En la OMS saltarían chispas!