"Un amor hacia todo me atormenta", dijo Miguel Hernández. Y parece que este tipo de amor también atraviesa a Pep Tosar y Evelyn Arévalo, dramaturgos encargados de recuperar la vida y la obra del poeta considerado por muchos como "el poeta del pueblo".
El Teatre del Raval acoge este nuevo espectáculo que, siguiendo la estela de otras producciones como las de Blai Bonet, Damià Huguet, Guillem d’Efak, Lorca o Pessoa, ofrece un montaje multidisciplinar donde teatro, música, danza y audiovisual se fusionan para narrar la historia de uno de los poetas más queridos de la literatura española de principios de siglo XX.
En el bar del teatro, con la lluvia resonando de fondo, me siento con Pep Tosar y Evelyn Arévalo para conocer mejor su espectáculo y los motivos por los que han querido recuperar la voz del humilde poeta.
— ¿Por qué Miguel Hernández y por qué ahora?
— Evelyn Arévalo: Miguel Hernández, como muchos de los clásicos, siempre es un buen reclamo, pero creo que vivimos un momento especialmente importante para recuperarlo. Es un momento en que podemos encontrar ecos del pasado en nuestro presente; nos recuerda que se debe luchar y, sobre todo, que se debe tener conciencia de qué significa ser una persona con derechos. Él sufrió los embates del fascismo de una manera muy grave.
Cuando hacíamos la rueda de prensa pensábamos que Miguel Hernández pertenece a la generación posterior a la del 27. Con todo aquello que se consiguió durante la Segunda República, él nació en un mundo con esperanza. A quienes nacimos en los ochenta nos pasa algo similar: recordamos un momento donde parecía que lo podías hacer todo, con un mensaje de futuro próspero e igualitario que, de golpe, se truncó.

Ahora estamos viviendo una ruptura en aquello que llamamos el estado del bienestar. Más allá de la figura histórica y del interés del personaje, Miguel Hernández es un espejo excelente para mirarnos desde el presente.
— Pep Tosar: Además, se dice mucho que los jóvenes hoy en día tienden hacia ideologías de derecha o de extrema derecha. Hay que recordar que Miguel Hernández murió con solo 31 años; era muy joven. Los jóvenes de hoy deberían encontrar una sintonía directa con él y encontrar en su figura muchas respuestas que quizás la política actual no les da.
— ¿Por qué habéis elegido Vientos del Pueblo como título del espectáculo?
— P. T.: Viento del pueblo es el título del poemario y también el nombre de su primer poema. Hemos escogido este título para llamar la atención sobre la necesidad de estos «vientos»: no sé si hoy en día hay vientos del pueblo que susciten una determinada poesía, pero creo que harían mucha falta. Como concepto es poético y metafórico. También es uno de los títulos más conocidos y emblemáticos del autor. Es la corona de su obra, donde su esencia se manifiesta con más profundidad.
— Este poemario forma parte de su etapa de poesía bélica o de urgencia. ¿Os habéis centrado especialmente en este periodo?
— E. A.: Sí, ocupa una parte muy importante de su corta vida: el inicio de la guerra, el desarrollo del conflicto y su posterior muerte, que se produce al final o justo acabada la guerra. Es un momento trascendental porque él ya había escrito El rayo que no cesa; ya era un poeta reconocido con una voz propia y una poesía de grandísima calidad. Él pone toda esta sabiduría, talento y destreza al servicio de la lucha y de la defensa de un mundo que querían destruir cuando se produce el golpe de estado franquista. Estuvo en el frente, trabajó como periodista e incluso viajó a Rusia en una misión cultural.
Sin embargo, la poesía de esta etapa no es únicamente combativa: es poesía durante la guerra. Vientos del Pueblo, concretamente, es un poema más descriptivo que combativo; es, por encima de todo, un poema sobre la dignidad humana.

— ¿Qué peso tiene la poesía en la sociedad actual? ¿Puede realmente sacudir conciencias o "cambiar" el mundo?
— P. T.: La poesía no son solo los versos de un soneto; la fuerza poética reside en todas partes. Que nos levantemos por la mañana y haya un cielo sobre nosotros, o que nos durmamos y soñemos cosas increíbles, eso es poesía pura y diaria. El simple fenómeno de estar vivo es poético. Como decía Pessoa, hay poesía en una taza o en el ruido; el tema es ponerse las gafas de la poesía y utilizarla como un bastón para poder seguir adelante.
— E. A.: Cambiar el mundo en su globalidad parece que no lo hemos conseguido en todos estos siglos, pero sí que se pueden cambiar "mundos" individuales. La poesía puede sacudir conciencias y hacer que alguien conecte consigo mismo, con los demás y con el entorno. Ningún buen creador o artista debe pecar de iluso o de vanidad pensando que con su obra cambiará el mundo de arriba abajo, pero salvar vidas en un sentido metafórico sí que está al alcance del arte.
La poesía no son solo los versos de un soneto; la fuerza poética reside en todas partes.
— No es el primer espectáculo que hacéis sobre la vida de grandes poetas (como Damià Huguet o Blai Bonet). ¿Vuestra apuesta es hacerlos resurgir?
— P. T.: Cuando hicimos el primer espectáculo (Esquena de ganivet, sobre Damià Huguet), mucha gente me preguntaba si mi intención era sacar al poeta del anonimato. ¡Ojalá fuera tan fácil! Sacar a un autor del anonimato no depende de una compañía de teatro, aunque pueda colaborar un poco.
Estos no son simplemente "espectáculos poéticos", son espectáculos de teatro con su propia naturaleza. Un espectáculo que no tenga fuerza poética o capacidad de conmoción no sé si se podría llamar teatro. La poesía es el instrumento para hacer visible lo invisible: cuando convocas a un público y subes el telón, si la historia no tiene peso poético, pierde el interés.
La poesía es el instrumento para hacer visible lo invisible.
— Explicar la vida de Miguel Hernández se ha definido como una "aventura". ¿Por qué?
— P. T.: Estamos muy contentos de cómo nos han salido estos espectáculos, pero cada vez que iniciamos uno tenemos las corbatas al cuello. Las posibilidades de equivocarse son abundantes y no lo quieres hacer. Además, a menudo no dispones de todo el tiempo que necesitarías. Por eso hay que tener muy claro cuál es el objetivo, qué quieres enseñar del poeta y no errar el tiro.
— ¿Cómo está conformado el elenco y por qué elegisteis el lenguaje de la danza contemporánea con Andrés Corchero?
— P. T.: En el escenario hay tres músicos, un bailarín y dos actores. Elegimos la danza contemporánea por su capacidad de abstracción. La abstracción te da la libertad y la plasticidad necesarias para catalizar el discurso dramatúrgico y trasladarlo al espectador de una manera mucho más esponjosa.
— E.A.: Además, desde el principio pensamos directamente en Andrés Corchero. Tiene una esencia muy similar a la de Miguel Hernández: es tierra y es espíritu a la vez. En nuestra tierra es de los pocos bailarines con una trayectoria tan consolidada en este lenguaje. Es muy gustoso coger los textos y esperar la respuesta de su danza.
— P. T: El espectáculo se concibió específicamente para Andrés Corchero y para Carles Dénia, que son dos artistas absolutamente singulares. Carles tiene una formación jazzística de ocho años en Holanda, pero por influencia familiar está muy ligado a la música tradicional. Tiene un pie en cada lado: crea melodías que provienen del mundo popular o tradicional arregladas con armonizaciones de jazz, y tiene una voz explosiva.

— ¿Tenéis algún otro autor o autora en la lista para el futuro?
— P. T.: ¡Y tanto, tenemos unos cuantos en la lista! Tenemos alguna mujer encaminada de la que todavía no podemos decir el nombre, y a la larga nos gustaría trabajar sobre figuras como Ángel Vázquez, Jorge Luis Borges o Pier Paolo Pasolini.
— Para acabar, ¿cómo definiríais el espectáculo Vientos del Pueblo?
— E. A.: La definición básica es que se trata de un espectáculo multidisciplinar y absolutamente híbrido. Combina la interpretación, la música, la danza, la imagen y una parte documental muy importante basada en entrevistas.
— Es una dramaturgia compleja que da lugar a un espectáculo de teatro muy dinámico, enriquecedor y original. Tiene una parte narrativa que explica una historia real, una parte emocional y perceptiva, y un componente reflexivo que invita al diálogo y al pensamiento desde la razón. La combinación de todos estos elementos hace que el espectáculo se vuelva impactante. Tiene una duración de una hora y media, funciona muy bien y es muy bonito de disfrutar.
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