EL BAR DEL POST

Elisabeth Anglarill: El verdadero significado de riqueza

La periodista Elisabeth Anglarill. © Eduardo Laplaza
La periodista Elisabeth Anglarill. © Eduardo Laplaza
(Escritor, periodista, gestor cultural)
06 de junio de 2026

"Me considero una persona rica. He podido aprender de lo que la vida me ha ido trayendo, y escoger los caminos que me han permitido cumplir con mis dos grandes pulsiones: viajar y contar historias". Elisabeth Anglarill ataca un trozo de tarta de zanahoria mientras espera a que el té verde acabado de servir atempere un poco, sirviéndose del silencio matutino del Bar para concentrarse en la conversación. “¡Cuando digo que soy rica no lo digo a nivel económico, que soy periodista, sino en términos de riqueza vital! ¿Eh?” –ríe.

Su niñez transcurrió entre libros. “Mi madre y mi abuela materna me inculcaron mucho el amor por la lectura y mi padre era impresor, así que cuando mi hermano y yo íbamos a su imprenta nos encantaba conducir el toro mecánico y escarbar entre las toneladas de libros que había ahí”. A los siete años escribió su primer relato y se le quedó plantada la semilla de escribir ficción.

“Pero mi parte aventurera me empujó hacia el periodismo, hacia una profesión que me permitiera viajar, conocer y explicar mundo”. Y así ha sido. Su trayectoria periodística lo ha abarcado absolutamente todo. Ha escrito para cabeceras y hecho radio y un montón de televisión. Ha sido reportera en El escarabajo verde y, para Imprescindibles, ha dirigido documentales sobre Josep Maria Pou, Ricardo Bofill, María Casares o Colita. Ha llevado la batuta de programas como La quarta paret o Qué animal. Ha sido subdirectora de contenidos de cultura y sociedad de TVE y ha escrito reportajes en formas de libros como El Cairo en los zapatos, Aguas compartidas o el colectivo Periodistas en peligro.

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Anglarill escribió su primer relato con siete años y se le quedó plantada la semilla de escribir ficción. © Eduardo Laplaza

Pero en toda esta vertiginosa carrera cimentada a base de viajes, crónicas y actualidad, en toda esa riqueza vital que la hace definirse como una persona opulente, faltaba cumplir con un viejo anhelo que llevaba germinando dentro de ella desde la niñez. Un sueño que hundía sus raíces en profundidad: en aquel primer relato escrito a los siete años. 

Viaje a las profundidades de Empúries

“Durante todos estos años, y de forma intermitente, fui escribiendo relatos, pero las historias importantes, las que quería contar, eran las que iba desarrollando a través de mis reportajes”. Elisabeth Anglarill nunca abandonó el deseo de adentrarse en la ficción literaria, sólo que la vida la estaba llevando por otros derroteros. Hasta que llegó el momento de echar el proverbial freno de mano.

“Tenía un cargo directivo, estaba terriblemente absorta en mi día a día y hubo un momento, hace unos diez años, en que, por varias circunstancias, me di cuenta de que estaba perdiendo el rumbo”. Se bajó de aquel tren desbocado durante tres meses. Necesitaba despejarse. “Viajé a Laos y me tomé las cosas con calma”. 

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La periodista ha sido subdirectora de contenidos de cultura y sociedad de TVE  .  © Eduardo Laplaza

Tras aquel trimestre sabático se reincorporó al trabajo, pero ya tomándose el tiempo para escribir su primera novela, una historia de expolios y silencios ambientada en las ruinas de Empúries entre 1912 y 2012. Un siglo de diferencia en el que cambian los nombres, pero no los abusos del poder, las corruptelas y los densos silencios administrativos. Lo que somos y las grietas que nuestra codicia va dejando a nuestro paso.

Tras años en un cajón, “y gracias a la presión que ejercieron mi pareja y mis amigos para que buscara una editorial”, la obra por fin ha visto la luz bajo el título de Los malos muertos (Siruela). Y Elisabeth anuncia estar trabajando ya en una segunda parte, de nuevo protagonizada por la investigadora Alex Sabell, mientras estrena en La2 de TVE, su documental Feminisme 76, quan ens va canviar la vida, sobre las Jornades Catalanes de la Dona, celebradas en Barcelona hace ahora medio siglo.

Conservar la esencia mediterránea

“Soy barcelonesa con un background muy urbano”, reivindica la escritora y periodista, “aunque en estos últimos años, y por motivos ligados a la logística laboral, mi pareja y yo nos hemos mudado a Cerdanyola, a pocos minutos de donde trabajamos”. Aun así, cada dos por tres viene a la ciudad a disfrutar “de su cosmopolitismo, de su ritmo más pausado que el de otras grandes ciudades, del mar, de su mezcla única de arquitecturas”.

Y liquida el último sorbo de té y el último trozo de tarta, antes de determinar: “lo que me preocupa es cómo estamos perdiendo la ciudad, el hecho de que hay zonas, calles, de las que me siento expulsada. Por eso me gusta ir a barrios como Sant Andreu, que logran mantener viva la esencia mediterránea de la ciudad”.

Elisabeth Anglarill
Tras años en un cajón, su primera novela ha visto la luz bajo el título de Los malos muertos (Siruela).

– Si algo mantiene viva esta esencia es nuestra oferta culinaria. Se acerca la hora de comer y tal vez te podamos tentar con el menú, unas tapas, la carta o un plato combinado…

Elisabeth Anglarill sonríe. Parte de lo que la convierte en la mujer rica que dice ser es el probar las cocinas de los lugares a los que viaja. Y el Bar no iba a ser menos.

“¿Qué tienes de menú del día?”, pregunta, pensando que, si no se llena mucho, por nada del mundo va a perdonar los postres.

Sobre el autor

Alberto Valle
Alberto Valle

Escritor, periodista, gestor cultural

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