Fiel a su espíritu madrugador, el dibujante y guionista Dani Zarzuelo, alias DaniZar, ha aterrizado en el Bar a primera hora. Como homenaje a su adorado Súper López, hoy acompaña su café con leche con un croissant y disfruta con la tenue melodía de la banda sonora de Interstellar, de Hans Zimmer, que acompasa la calma matutina. “Todas las historias que cuento con viñetas tienen ese tono humorístico y fantástico que ayudan a evadir de la realidad”, añade a pie de barra, con una tímida media sonrisa asomando.
En sus años de estudiante, este terrassenc abandonó la carrera de Arquitectura Superior para cursar Ingeniería Industrial. “Eso me abrió las puertas para hacer mis primeros fanzines, contactar con gente afín a mis intereses y establecer los primeros contactos en el mundillo del cómic”. Pero tuvo que mantener en barbecho aquella pasión por la historieta para concentrarse en su carrera profesional, la de programador web.
“No es que hubiera perdido al 100% la conexión con el cómic, pero sí hubo un momento, en 2011, en que aquello volvió con fuerza… ¡y para quedarse!”. Dani desempolvó un viejo proyecto y, gracias a un Verkami, vio la luz su debut Renna en tierra desconocida. Ahí quedaban claras, ya, sus coordenadas narrativas. Evasión y toneladas de fantasía. También plantaba las bases del que ha venido siendo su enfoque profesional. “Soy un autor independiente que intenta huir de las condiciones esclavistas y paupérrimas de los contratos editoriales. Por eso, aunque no viva del cómic –cosa que muy pocos privilegiados pueden hacer en este país–, casi siempre me he autopublicado”.
Su obra ha ido viendo la luz en distintos formatos y suma títulos como Litte Renna y el circo de los dragones, Águila Coja, Little Wars, Tamy & Drax, El Mangurriano (“un cómic paródico del universo de Star Wars”) o Little Renna y la fuente mágica. Este último lleva asociada una experiencia que recuerda con especial cariño: “la de dar talleres de cómic en la Fundació Bofill de Barcelona con los chavales de diez años, y descubrirles el proceso creativo de la historieta”. Sorbe un trago de café con leche, entorna la mirada y añade: “creo que, en esta sociedad dominada por los algoritmos y los móviles, conseguir que un niño se entusiasme por algo creado de forma analógica con poco más que un lápiz y un papel es un logro que, como sociedad, deberíamos perseguir más”.
Acumulación de faena
DaniZar tiene un sinfín de proyectos hirviendo en su cabeza y manos, “aunque tengo el poco tiempo que me dejan las situaciones laborales y personales para abarcarlos todos”. Colabora con las revistas de cómics Amaníaco, de Barcelona, y Adoquín, de Zaragoza, que en cinco números ya se ha hecho con una buena base de jóvenes lectores y donde el parroquiano publica las aventuras de Lila, viajera dimensional, que en breve recopilará en un volumen. Asimismo, trabaja en ulteriores entregas del Mangurriano y en “una aventura larga que trasladará al cómic la leyenda del Drac de Sant Llorenç, muy popular en diversas poblaciones del Vallés Occidental.
También hay sitio para el activismo. Dani colabora en la organización de Ègarcòmic, un evento que pretende acercar el tebeo y la lectura a grandes y pequeños y que arranca mañana día 1, y hasta el 6 de junio, en Terrassa. Contará con una exposición, varias charlas, un concurso de dibujo y, cómo no, un mercado de cómics. La causa es, además, inmejorable: “todo lo recaudado irá destinado a la investigación del cáncer infantil”.

Dentro de los debates que se originarán durante el evento, es probable que se hable de un tema en boga, que preocupa a lectores y, sobre todo, a creadores. La injerencia de la IA en el cómic y otros ámbitos creativos. “Hay que ser más responsables en el uso de estas tecnologías. Muchas profesiones creativas se están viendo perjudicadas por esta tendencia de producir rápido y sin coste, vulnerando la propiedad intelectual de miles de personas”, advierte. ¿Quién creará cuando una máquina lo haga gratis, aunque sin ninguna alma?
"Conseguir que un niño se entusiasme por algo creado de forma analógica con poco más que un lápiz y un papel es un logro que, como sociedad, deberíamos perseguir más”.
Ciudad de cómic
El dibujante tiene clara su relación con Barcelona. El cómic, claro. Su primera vez bajando de Terrassa y metiéndose en Norma, en el paseo de Sant Joan. La sensación de entrar en un templo. “En el primer piso, el cómic europeo. Y, bajando unas escaleras, la zona de cómic americano. El paraíso para mí”. Su voz se estremece al recordar aquel momento mágico.
Sigue, años después, bajando a Barcelona, sorteando la suciedad y malos olores de algunas de sus calles, embelesándose ante episodios históricos como la defensa de la ciudad en 1714 y frecuentando el triángulo de tiendas de cómics y libros que se ha ido desarrollando en la zona del Arc de Triomf. Por supuesto, ahí está también el Salón del Cómic. “Primero iba como visitante, años después como expositor en la zona de fanzines y, más recientemente, como autor”, razona, con un halo de satisfacción.

–Donde no has venido nunca es en este Bar, y ya que se ha hecho hora de comer, tal vez te podría apetecer comer algo. Hay menú, bocatas, platos combinados, tapas… ¡todo rico!
De nuevo, DaniZar vuelve a esgrimir una sonrisa tímida. Otra banda sonora suena de fondo haciendo sus delicias, la de Apocalypto de James Horner.
“Que sea un plato combinado con huevos fritos y pan”, pide, sabiendo que no va a tardar en quemar esas calorías saliendo a correr o en bici. “Y pediré postre”, añade, confesando que lo dulce es su perdición.
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