Barcelona ejerce este octubre de epicentro de un movimiento que lleva años gestándose en los márgenes y que, por fin, empieza a reclamar el protagonismo que merece. El primer The Change Congress — Las voces del cambio aterrizó en el Palau Macaya el 6 de octubre con un objetivo claro: visibilizar, impulsar y transformar el papel de la mujer en el deporte. Y lo hizo desde una ciudad que ya se ha acostumbrado a ser capital de cambios, no solo culturales o sociales, sino también deportivos.
Este congreso nace del encuentro de tres mujeres de tres continentes distintos, vinculadas al deporte: Begoña Villarrubia, periodista de larga trayectoria y redactora en Mundo Deportivo, donde es responsable de fútbol femenino, además de ser la coordinadora la Gala de Fútbol Femenino Europeo; Ana Cristina Maye, coordinadora general de la Federación de Fútbol de Guinea Ecuatorial y FIFA Guardian; y Jennifer Seefoo, periodista y miembro del Comité del Salón de la Fama del Fútbol Internacional. En un momento dado, las tres se plantean cómo visibilizar y potenciar el talento femenino a través del deporte. Asimismo, colaboran con clubes, federaciones, fundaciones, entidades públicas y empresas para promover el acceso equitativo al deporte y dar protagonismo a historias de superación que sirvan de referentes.
Durante la jornada, deportistas pioneras, directivas, investigadoras y referentes del sector compartieron experiencias sobre igualdad, visibilidad y futuro del deporte femenino. Y es que este congreso no es un evento más. Es un espacio de encuentro, sí, pero también una declaración de intenciones. Aquí, las mujeres que están liderando, gestionando, jugando y luchando desde dentro del deporte comparten sus historias y sus experiencias con la ambición común de cambiar el relato, y con él, las reglas del juego.
El congreso arrancó con la bienvenida de Maye, cofundadora de The Change, acompañada por Josep Ollé, director del Palau Macaya de la Fundación La Caixa, y Carme Bastida, del Consell Català de l’Esport. La periodista Irati Vidal fue la encargada de conducir el evento, imprimiendo dinamismo y cercanía a cada intervención.
Lo que ha diferenciado este congreso es su vocación de trascendencia. No se trata de llenar titulares por un día, sino de tejer redes, conversaciones y compromisos que perduren. La agenda del evento combinó mesas redondas con figuras clave del deporte femenino —como Carme Nieto (histórica del Barça), Dolors Ribalta (RCD Espanyol), o la regatista olímpica Natalia Vía-Dufresne— con debates que trascienden el marcador: ¿Cómo se financia el deporte femenino? ¿Qué barreras aún frenan el acceso de las mujeres a la gestión deportiva? ¿Cómo romper los techos invisibles?
La gran protagonista de la apertura de la jornada fue Kathrine Switzer, la primera mujer en correr oficialmente la Maratón de Boston en 1967. Su gesto —correr cuando las mujeres tenían prohibido hacerlo— la convirtió en un símbolo global de igualdad, y Switzer recordó cómo aquel momento marcó su vida y dio origen a su proyecto 261 Fearless, que hoy empodera a mujeres a través del running en todo el mundo.
El escenario se llenó de emoción con Honey Thaljieh, cofundadora de la selección femenina de Palestina y actual ejecutiva de la FIFA. Thaljieh compartió su historia de resistencia y esperanza explicando cómo el fútbol se convirtió para ella en una herramienta de paz en uno de los contextos más difíciles del planeta, y cómo ha trasladado su experiencia a la práctica para crear espacios seguros para las chicas en los que compartir y liberarse del trauma que viven todos los días. Su mensaje es claro: Jugar es un acto de libertad. Des de su posición en la FIFA, sigue trabajando para promover el fútbol entre las mujeres más desfavorecidas del mundo.
La mesa de debate posterior tuvo dos protagonistas clave: Pati Roura, directora de la Fundación Cruyff, que expuso cómo el deporte puede ser una herramienta de inclusión social; y Marta Perarnau, nueva presidenta de Futpro ---el primer sindicato de jugadoras profesionales de fútbol---, quien presentó un estudio realmente sorprendente sobre cómo la menstruación afecta el rendimiento de las deportistas, con información y medidas para acompañar y revertir la situación que pueden sufrir muchas deportistas por el desconocimiento por parte del staff de la afectación de estos factores. Reclamó la necesidad de investigar específicamente la salud femenina en el deporte.
No es casual que el congreso se haya celebrado en Barcelona; la ciudad ha sido, históricamente, un espacio fértil para los cambios sociales y culturalesY aunque el foco está en el deporte, el trasfondo es mucho más amplio. The Change Congress es, en realidad, una conversación sobre poder, representación, oportunidades y justicia. Una conversación que durante demasiado tiempo se ha dado en los márgenes y que ahora busca ocupar el centro.
El panel empresarial contó con Alejandra Domínguez del Women’s Sports Institute, quien declara que hay una inercia costumbrista que hay que revertir a partir del conocimiento no solo del deporte, sino del ecosistema donde este se sitúa; ser conocedores de la esfera política en la que se mueve. Andrés de la Dehesa, presidente de AFYDAD, defendió la colaboración entre marcas y federaciones para impulsar ligas más sostenibles. Y Natalie Batlle, fundadora de Juno House, subrayó que el consumidor es femenino y es quien tiene el poder, pero que nos olvidamos de ello. Que hay que aprovechar mejor los medios al alcance y crear referentes, sin olvidar la importancia de salud mental. Las tres coincidieron que es necesario invertir en las mujeres deportistas para que active el cambio.
No es casual que este congreso se haya celebrado en Barcelona. La ciudad ha sido, históricamente, un espacio fértil para los cambios sociales y culturales. Desde los Juegos Olímpicos del 92, que transformaron su fisonomía y su autoestima, hasta su reciente liderazgo en políticas de igualdad, Barcelona ha demostrado que el deporte puede ser un catalizador de transformaciones profundas.
De ahí el ejemplo de la centenaria Fundació Tennis Barcelona, presentada por Anna Turull, su directora. Un proyecto que se basa en ayudar a jóvenes en riesgo de exclusión mediante el aprendizaje del tenis. Una historia emocionante y conmovedora, ejemplo de cómo es posible generar el cambio. Y también el de Clara Lapiedra, CEO de KUIK Sport, quien presentó los innovadores productos que desarrollan en su empresa de complementos alimenticios para acompañar la salud femenina y el rendimiento deportivo en diferentes etapas vitales de las mujeres.
Premios a la inspiración, los valores y la excelencia
También hubo espacio para premios. El trofeo Inspira, fue para la Fundación Fútbol Club Barcelona; el trofeo Valores fue para el proyecto del Ayuntamiento de Barcelona Dones amb Impacte, y el tercer galardón, el trofeo Excelencia, fue para la nadadora Iris Tió. El diseño de estos premios ha salido de la mente creativa del artista urbano TV Boy, conocido por murales como el de Alexia Putellas como superheroína.Las aquí presentadas son estrategias reales, preguntas incómodas y propuestas concretas para acelerar un cambio que ya está en marcha. Por eso, este congreso es una plataforma imprescindible para mantener el pulso. Para pasar de la inspiración a la acción. Y para asegurarse de que esas voces del cambio —que durante tanto tiempo hablaron en voz baja— ahora se escuchen alto y claro.
El deporte femenino vive un momento de visibilidad sin precedentes. Las audiencias crecen, los patrocinios empiezan a llegar y las niñas, por fin, encuentran referentes en la cancha. Pero también es un momento frágil. Los avances corren el riesgo de diluirse si no van acompañados de estructuras sólidas, inversión sostenida y voluntad política.
El cierre de Maye, El poder de la utopía, nos dejó algunas perlas como “lo que vemos es un horizonte que se mueve con nosotras (...), que nos aplaudan por brillar, no por existir”. Si algo dejó claro este congreso es que el futuro del deporte no puede construirse sin la ayuda de todos. Y no solo como atletas, sino como entrenadoras, directivas, comunicadoras, inversoras y referentes. Es por eso por lo que lanzamos la pregunta: ¿Y ahora, ¿qué?