Cuando la metrópoli desborda límites y los planes que la dibujan

Vistes de l'Ajuntament de Barcelona @ Josbel A Tinoco
Vistes de l'Ajuntament de Barcelona @ Josbel A Tinoco

Barcelona y Madrid intercambian miradas y aprendizajes sobre urbanismo, densidad y cooperación, mientras la Barcelona de los cinco millones conduce a repensar la escala metropolitana

01 de junio de 2026 a las 07:03h

¿Dónde acaba Barcelona? ¿Hacia dónde debe ir? ¿Cómo debe llegar, y con quién? Las grandes ciudades del siglo XXI hace tiempo que han desbordado sus límites administrativos, y los planes que buscan definir su futuro avanzan a una velocidad que no puede seguir el ritmo de la realidad urbana. Con el horizonte puesto en 2050, Barcelona reflexiona sobre la ciudad que vendrá, y no lo hace sola, sino compartiendo experiencias con otra gran metrópolis: la de Madrid. “Y no para contrastar modelos, sino para poner énfasis en qué podemos aprender los unos de los otros”, aclara Oriol Estela, coordinador general del Plan Estratégico Metropolitano de Barcelona (PEMB).

Y es que, aunque las dos metrópolis parten de contextos y modelos muy dispares —tanto históricos como sociales y administrativos—, comparten retos subyacentes, precisamente radicados en la dimensión, y en este doble ritmo entre la planificación y la ciudad, que avanza más deprisa que cualquier documento. Esta base común ha quedado patente en el diálogo Barcelona/Madrid, dos maneras de ser metrópoli, dentro del ciclo organizado por el PEMB Barcelona/Madrid 2050, y en el marco de la Capital Mundial de la Arquitectura 2026.

Dentro de este cómo ser metrópolis, cuestionarse la dimensión es clave. Porque, así como los municipios tienen límites geográficos, los grandes problemas urbanos no entienden de fronteras administrativas. ¿Cómo se gestionan las dificultades del acceso a la vivienda, si no es con una mirada metropolitana? ¿Y la movilidad? Cuestiones que van desde el cambio climático hasta las desigualdades requieren una óptica metropolitana, y eso no lo dudan ni desde Barcelona ni desde Madrid, como se ha constatado en el debate. “Los retos son los mismos en todas las metrópolis, pero la forma de afrontarlos es radicalmente diferente en función de los instrumentos que tienes”, ha destacado Mariona Tomàs, profesora agregada Serra Húnter de Ciencia Política en la UB, en una mesa redonda con Rosa de la Fuente, doctora en Ciencia Política en la Complutense de Madrid. 

Debate entre Mariona Tomàs y Rosa de la Fuente en la jornada del PEMB.

Estos instrumentos, sin embargo, están sometidos a ese ritmo que no puede seguir el de la realidad urbana, y es que la complejidad de los retos metropolitanos avanza más rápidamente que las instituciones y los instrumentos normativos que impulsan para gestionarlos. “El reto es el tiempo: cómo hacer que los planes se ajusten a dinámicas cambiantes. A menudo, cuando llegamos a solucionar algún reto, el reto ya ha cambiado”, como reflexiona De la Fuente.

“Antes estábamos pensando para 2030. Ahora ya estamos pensando para 2050”, siempre con el mismo horizonte, según ella: “Conseguir espacios más habitables y más vivibles”. Esta mirada larga requiere, sobre todo, estrategia. Y desde el Área Metropolitana de Barcelona (AMB), lo tienen claro: “Un plan urbanístico debe ser más estratégico que urbanístico. No debe pretender definir propuestas concretas y finalistas, sino definir los procesos para llegar a la ciudad que estás imaginando”, como ha defendido Xavier Mariño, director del área de Políticas Urbanísticas y Espacios Naturales del AMB, desde el Canòdrom de Barcelona. 

“Y quizás cuando llegas a la ciudad que imaginabas ya no es esa, y por eso el plan debe diseñarse para que se vaya adaptando. Es más importante definir el proceso y cómo debe desarrollarse, y después ya llegarás a la definición del proyecto”, ha seguido Mariño, en un contexto en el que el AMB lleva una década trabajando en el Plan Director Urbanístico Metropolitano (PDUM), el documento que dibujará la metrópolis barcelonesa del futuro. Ahora, encara su recta final, y lo hace desde cinco grandes principios: preservar las funciones ecológicas, reforzar un modelo policéntrico mediante avenidas metropolitanas, priorizar la accesibilidad y la intermodalidad; equilibrar los tejidos urbanos para que sean más inclusivos y saludables, y reducir la dependencia de recursos externos. Esta mirada sustituirá el planeamiento actual, vigente desde 1976, en un área metropolitana que ha cambiado de manera exponencial desde entonces. 

La jornada del PEMB en el Canòdrom ha reunido las visiones metropolitanas de Madrid y Barcelona. 

Así, ante los cambios en ciudades dinámicas, se requiere maleabilidad: “Debemos articular instrumentos que sean adaptativos y que partan de la base de que tendremos que hacer modificaciones. Es necesario que sea flexible”. Así lo considera la directora general de la Oficina del Plan Sueña Madrid, Myriam Peón: “El urbanismo que define la ciudad del futuro ha muerto. Es necesario que sea un urbanismo adaptativo”. Desde el área de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid, se está haciendo por primera vez este ejercicio de planeamiento estratégico, con una normativa vigente desde 1997. Según Peón, cuando inició el camino para coordinar la región en clave metropolitana, “lo primero que hizo fue llamar al AMB, para aprender sobre esta organización y coordinación”. 

Aun así, hay múltiples disparidades entre el caso madrileño y el barcelonés, empezando por la dimensión: el municipio de Madrid, por sí solo, tiene prácticamente la misma extensión territorial que la que suman los 36 municipios del AMB. Esta diversidad en el territorio de Barcelona puede explicar por qué la ciudad y su entorno han tenido que construir mecanismos de cooperación entre municipios, en una voluntad de coordinación que se remonta siglos atrás, y que Tomàs ha situado más allá del siglo XV, ya con el Consell de Cent buscando complicidades y una “continuidad territorial” más allá de los límites de lo que entonces era Barcelona.

La avenida Meridiana © Martí Petit -

“Esta suma de interacciones entre municipios del territorio ha dado pie a planes, entidades, instituciones”, hasta llegar a un AMB que es “una máquina de hacer políticas”. Al parecer de Tomàs, ha llegado aquí a pesar de no contar con un reconocimiento normativo equivalente al de los municipios y provincias, que el AMB ha suplido a fuerza de buscar alianzas internacionales. Todo, después de articularse mediante un “ejercicio de contorsionismo, que necesitó recorrido y tiempo”, según Mariño. Y es que, como destaca, “en el Área Metropolitana hay muchas áreas metropolitanas”. Es una diversidad que precisamente enriquece el AMB, y que permite buscar encajes y equilibrios, “en zonas más densificadas, y otras que no lo están”. 

Junto con la diversidad, esta densidad es clave en las grandes ciudades. Una ciudad demasiado densa puede desembocar en tensiones con la vivienda, saturación del espacio público, conflictos de usos o falta de espacios verdes, pero a la vez la densidad es la que vertebra el territorio, como ha puesto Peón sobre la mesa: “La densidad es lo que permite tener servicios cerca, la que permite que no necesites coger el coche constantemente”. Lo que podría ser un equivalente a la ciudad de los 15 minutos. 

Oriol Estela en la jornada del PEMB, con Xavier Mariño y Myriam Peón.

Esta ciudad de los 15 minutos se topa en Barcelona con la ciudad de los cinco millones. “En el AMB hay 3,4 millones de personas, pero tenemos un territorio funcional que desborda los límites administrativos, hasta los cinco millones de personas”, ha remarcado Tomàs. El hecho de que no exista —por ahora— ningún instrumento que extienda la coordinación hasta la gran Barcelona de los cinco millones genera ahora agravios a los municipios que son metropolitanos de facto, pero no de derecho, ya que asumen las externalidades negativas de ser metrópolis sin poder sacar provecho a las positivas y sin poder de influencia en la toma de decisiones y en el diseño de políticas que, en la práctica, les afectan: “El debate es también qué pasa con los municipios que son metropolitanos, pero no están dentro del AMB”. 

“Si una cosa tenemos es que nos gusta mucho pensarnos. Tenemos una buena cantidad de estudios, planes, agendas urbanas, diagnósticos y reflexiones”, que son valiosas por sí mismas para tejer la metrópolis de los próximos años, pero que a la vez tienen una derivada tan o más determinante: “Crear instrumentos no es importante solo por el instrumento como tal, sino que fuerzan a sentarse conjuntamente”. Y aquí es donde se crean complicidades y alianzas básicas para generar espacios de confianza que desemboquen en más cooperación y, finalmente, en la Barcelona metropolitana del futuro.

Barcelona mira hacia la metrópolis de los cinco millones. © Laura Guerrero