El Cruïlla, un sofá y una casa llena de contrastes

Ambiente en el Festival Cruïlla. © Xavi Torrent
Ambiente en el Festival Cruïlla. © Xavi Torrent

La primera jornada del Cruïlla anticipa una edición donde conviven escenas y generaciones diferentes, con Sen Senra y Halsey como primera muestra de un cartel que también incluye a Pixies, David Byrne, Rigoberta Bandini o Arde Bogotá

(Redactora en The New Barcelona Post)
09 de julio de 2026

Un sofá. Cuesta imaginar un objeto menos festivalero. Es, sin embargo, la primera imagen que encuentran los asistentes cuando atraviesan las puertas del Cruïlla. Antes de los escenarios, de las guitarras, de las llamas y de los primeros acordes agudos, un enorme sofá amarillo les da la bienvenida. Hay quien se sienta unos segundos, quien aprovecha para hacerse la fotografía de rigor antes de compartirla en redes y quien lo deja atrás casi sin mirarlo, más pendiente de llegar a tiempo al primer escenario de la jornada. Al fondo, destaca el lema con el que el festival de música celebra su 16ª edición: “Cruïlla es casa”. 

De entrada, la imagen parece casi contradictoria. El Cruïlla habla de casa y comodidad, pero nadie llega al Parc del Fòrum con la intención de quedarse sentado en el sofá. Los primeros asistentes llegan con looks ideados al milímetro, pensados para lucirse entre escenarios y no para quedarse en el sofá. La idea de casa que propone el Cruïlla, es, así, otra: no la de un espacio donde quedarse quieto, sino donde el ritmo del festival obliga a moverse de un escenario a otro, a elegir entre conciertos que se solapan y a saltar al ritmo de la música. 

Y la primera jornada del festival ya abre la puerta a esta particular idea de casa. Una casa donde, en cuestión de horas y de unos pocos metros, se puede pasar de la delicadeza del gallego Sen Senra a la intensidad de Renée Rapp o a la energía de Halsey. Tres universos muy diferentes que, lejos de chocar, conviven con naturalidad dentro del mismo recinto. 

L'actuació de Sen Senra a la primera jornada del Cruïlla. © Cruïlla
La actuación de Sen Senra en la primera jornada del Cruïlla. © Cruïlla

Todavía lejos de las multitudes que llegarán el viernes y el sábado —en una edición en la que el festival aspira a reunir, durante los cuatro días, a 75.000 asistentes—, con un público más joven y sin haber acabado de desplegar todos sus escenarios, la primera jornada del Cruïlla —marcada por las altas temperaturas—, funciona como una primera degustación. Porque, con artistas como Greta, Renée Rap o Halsey, ya muestra una de las constantes del festival desde sus inicios: la voluntad de hacer convivir propuestas muy diferentes en un mismo espacio. Una constante que forma parte del Cruïlla desde que nació en 2005 en Mataró, en un ciclo de conciertos vinculado a la Casa de la Música, antes de dar el salto al Parc del Fòrum de Barcelona. La intención es, en definitiva, convertirse en una verdadera cruïlla donde se encuentran artistas locales e internacionales, nombres consolidados y nuevas voces, e incluso generaciones diferentes dentro de un público mayoritariamente local.

Sobre los escenarios, esta idea de cruce ya se desplegaba en la primera jornada. Un primer día en que la nueva escena catalana ha tenido voz propia con Greta —la tercera de las hermanas Farelo, que ha traído al Fòrum una propuesta personal que viaja desde la samba o la electrónica hasta las baladas más emotivas— y Xicu, que, mientras continúa detrás de la batería de Ginestà, también ha empezado a ocupar el centro del escenario con su proyecto como cantante. 

Greta al Festival Cruïlla
Actuación de Greta durante la primera jornada del Cruïlla. © Cruïlla

Más allá de la escena catalana, la primera jornada también ha dado espacio a otras voces de proximidad, como la del gallego Sen Senra, con una propuesta intimista y emotiva. Con un posado melancólico, sentado prácticamente durante toda la actuación y con una copa de vino blanco en mano, el músico ha ofrecido un concierto pausado e íntimo, alejado de los grandes despliegues de luces, fuegos y efectos que han llegado más tarde.

Un cruce de escenas y generaciones

A medida que ha ido avanzando la noche, la primera jornada del Cruïlla ha desplegado su dimensión más espectacular e internacional. Primeramente con Renée Rapp, una de las nuevas voces del pop norteamericano, y posteriormente con la energía de Halsey, que ha demostrado su evolución desde el pop fresco con el que tenía acostumbrados a los fans de hace una década —con canciones que tampoco han faltado durante la actuación, como Closer o Colors— hacia un estilo más rockero y energético, acompañado de llamas y de una escenografía gótica que simulaba un castillo medieval. 

En un concierto de festival, donde los horarios acostumbran a ir milimetrados y los artistas encadenan canciones sin apenas poder detenerse a hablar con el público, Halsey ha decidido romper ese intenso ritmo para explicar su conexión con Barcelona. La norteamericana ha recordado que es una de las ciudades que más ha visitado, en la que también se prometió con su futuro marido, y a la que siempre ha admirado por la “cultura del respeto y la libertad” que asocia a ella. Una ciudad que, sin ser su casa, siempre ha sentido cercana. Y quizás es en estas palabras donde el sofá de la entrada toma otro significado: la idea de casa que atraviesa esta edición del Cruïlla no habla tanto de un lugar físico como de una sensación, la de encontrar un espacio propio aunque vengas de fuera. Una sensación que el festival también traslada sobre los escenarios, con artistas locales e internacionales compartiendo cartel, generaciones diferentes y maneras muy diversas de entender la música.

Ambient al Cruïlla. ©Víctor Parreño
Ambiente en el Cruïlla. © Víctor Parreño

Y esta misma convivencia —o espacio de cruïlla— que ha caracterizado la primera jornada se mantendrá durante los próximos días del festival. Entre hoy y el sábado, por los escenarios del Cruïlla pasarán grandes nombres internacionales con una larga trayectoria, como Pixies, David Byrne, Garbage o Two Door Cinema Club, junto a artistas catalanes como Alizzz, Rigoberta Bandini, Sidonie, Mishima o Els Pets. Una programación en la que los artistas locales no quedan relegados a los primeros horarios del día o a los escenarios más pequeños, sino que comparten espacio en los escenarios principales. En esta edición, además, también hay espacio para las sorpresas, como la de Arde Bogotá, grupo hasta ahora se había escondido dentro del cartel del Cruïlla bajo el nombre de Bigger Splash y que finalmente se ha revelado como uno de los nombres que formarán parte de esta mezcla de escenas y generaciones.

La idea de cruïlla, sin embargo, va más allá de la música. Entre concierto y concierto, el público puede acabar batiéndose en un duelo de baile con un robot humanoide o descubriendo intervenciones artísticas de estudios locales. Son propuestas que comparten espacio con el Cruïlla Comèdia, que sigue creciendo con una programación propia, con espectáculos de danza e instalaciones artísticas repartidas entre escenario y escenario. 

Sobre el autor

Ainara Valadez
Ainara Valadez Medina

Redactora en The New Barcelona Post

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