Sónar+D, el laboratorio musical donde Barcelona imagina el futuro

Ignasi Terraza i Philippe Salembier inauguren el Sónar+D 2026. ©Cecilia Díaz Betz
Ignasi Terraza i Philippe Salembier inauguren el Sónar+D 2026. ©Cecilia Díaz Betz

El Sónar+D 2026 vuelve a ser un espacio de ensayos, encuentros y debate sobre el futuro de la música en el mundo. Este año, ya saturados de la invasión de la IA, expertos y artistas hablan sobre cómo podemos aprovechar esta herramienta sin que sustituya la creación humana.

(Redactora)
22 de junio de 2026

La Llotja de Mar, un espacio neoclásico de nuestra ciudad, se convierte en el lugar más moderno y tecnológico de toda Europa. Porque el Sónar+D de este año se ha trasladado a sus salones y patios para debatir sobre el futuro de la música digital. Pasado y futuro se dan la mano en este festival que quiere recuperar la humanidad en un mundo donde la tecnología parece ocuparlo todo.

Espacios como el Stage+D o la Expo+D dialogan con artistas e ingenieros para marcar la hoja de ruta de la música electrónica contemporánea. La IA está tan presente en nuestras vidas que empieza a generar fatiga y, ante este panorama, es el momento de tomar el timón y decidir qué tipo de uso queremos —y debemos— hacer de las tecnologías más avanzadas.

Debates, experimentos, talleres y performances en vivo han formado parte del Sónar+D en una edición inaugurada por un artista catalán que representa fielmente el espíritu de esta edición: el pianista de jazz Ignasi Terraza que ha co-improvisado a ciegas con un algoritmo de la UPC.

La inauguración del Sónar+D con ImprovIA de Ignasi Terraza

El pistoletazo de salida de este laboratorio ha sido, por primera vez, con un concierto en lugar de la clásica conferencia. En el escenario Stage+D hemos podido presenciar ImprovIA, un diálogo a tiempo real entre el pianista de jazz catalán Ignasi Terraza y un sistema de inteligencia artificial desarrollado por el profesor e investigador de la UPC Philippe Salembier.

La puesta en escena de este experimento ha contado únicamente con un piano, un ordenador, dos micrófonos y un bucle de escucha mutua. La máquina recibía el sonido del piano en tiempo real y, captando su esencia, la intensidad y el ritmo, devolvía una réplica musical al momento. Salembier ha evitado el uso de efectos de fondo artificiales para conseguir que la tecnología fuera un miembro más de la banda y pudiera conversar con Terraza de tú a tú.

ImprovIA al Stage+D ©Cecilia Díaz Betz
ImprovIA en el Stage+D ©Cecilia Díaz Betz

El resultado ha sido una composición libre sin etiquetas. Transitando por el jazz, el piano y géneros aún por bautizar, el concierto ha sido un diálogo musical muy orgánico y natural. Hacia el final de la actuación, la simbiosis era tan absoluta que resultaba imposible descifrar el origen de cada nota o el orden de las respuestas. Se lanzaba, así, una pregunta al aire: ¿quién estaba improvisando con quién?

AI & Music Open Forum: El debate de la silla vacía  

Después del concierto inaugural, ha tomado el relevo el AI & Music Open Forum (enmarcado en la iniciativa europea S+T+ARTS). La puesta en escena ya rompía las reglas del juego de las ponencias tradicionales: un escenario con cuatro sillas, tres de ellas ocupadas por figuras como François Pachet, Anna Xambó y Rob Clouth, y una cuarta silla completamente vacía. El funcionamiento de la charla ha sido muy dinámico, porque no se trataba de un encuentro cerrado de expertos, sino de una charla abierta: cualquier asistente del público que quisiera aportar una opinión, lanzar una pregunta o rebatir un argumento podía ocupar la silla vacía.  

Más allá de las opiniones de cada uno de los ponentes, el foro ha servido para mostrar que estamos en un cambio de sensibilidad dentro del sector de la cultura digital: hay un cierto aburrimiento y cansancio generalizado entre los artistas respecto al "ruido" mediático y promocional de la IA, pero se valora positivamente como instrumento para agilizar el trabajo bruto y potenciar el resultado final.  

Muchos de los creadores presentes llevan experimentando con machine learning desde 2020 y el efecto sorpresa ha caducado. Al final, el foro ha servido para aterrizar el discurso: el valor real de la IA no es el juego de hacerle copiar la creatividad humana, sino su capacidad para acelerar los procesos técnicos. El hecho de que la IA permita programar en un solo día tareas técnicas que antes requerían semanas, es su mejor virtud: ahorra el trabajo bruto para devolverle al humano el tiempo necesario para la pura investigación y creación.  

Monica Rikic en el Sónar+D. ©Cecilia Díaz Betz
Monica Rikic en el Sónar+D. ©Cecilia Díaz Betz 

Más allá de la IA 

Esta voluntad de recuperar el control humano se ha extendido por el resto del edificio. Por un lado, Beyond the Screen ha mostrado claramente la reacción artística contra la "dictadura del píxel perfecto", con artistas como Mónica Rikić (que ha aparecido acompañada de un robot asistencial en el escenario) o Roxanne Harris (que ha proyectado sus propios códigos algorítmicos sobre su espalda mientras actuaba).  

Por otro lado, el apartado Digital Gardens and Dark Forests ha puesto sobre la mesa cómo romper con el modelo actual de Internet, un espacio controlado por las grandes corporaciones y dominado por las métricas. Y lo ha hecho con propuestas como la de la artista filipina Chia Amisola que nos enseña cómo optar por webs artesanales y personales al estilo de los viejos GeoCities. 

Por mucho que la IA y los algoritmos corran, la sensibilidad, la improvisación y la creatividad continúan siendo, exclusivamente, humanas.   

Si el Sónar+D es el laboratorio donde Barcelona imagina el futuro, este año ha quedado claro que el futuro pasa por recuperar el control. Es cierto que la tecnología corre más rápido que nunca, pero en la Llotja de Mar hemos visto que, por mucho que la IA y los algoritmos corran, la sensibilidad, la improvisación y la creatividad continúan siendo, exclusivamente, humanas.   

Sobre el autor

Elia Tabuenca
Elia Tabuenca

Redactora

Ver biografía