En el año 2018, Eva Baltasar presentó Permagel, una novela directa e irónica que inauguraba una trilogía de la que ahora ya podemos hablar de icónica. Ahora, esta voz llega por primera vez a los escenarios en una coproducción de Dagoll Dagom y Barc, en el Teatre Texas.
La adaptación corre a cargo de Albert Pijuan y la dirección recae en Victoria Szpunberg (galardonada con el Premio Nacional de Literatura Dramática 2025). El reto no era pequeño: trasladar la poética interna de Baltasar a un espacio escénico que se sostiene sobre una única actriz: Maria Rodríguez Soto.
Permagel: una cueva de hielo en una habitación de hospital
Permagel nos presenta a una mujer que ha decidido protegerse del mundo recubriendo su corazón de permagel, esta capa de tierra permanentemente congelada. Sin embargo, la realidad física la obliga a salir de su cueva: su sobrina está ingresada en el hospital por una complicación ocular y ella es la encargada de velarla, ya que su hermana acaba de ser madre.
En la desnudez de una habitación blanca de hospital, la protagonista se ve obligada a lidiar con la responsabilidad, la pulsión de muerte, el deseo y, sobre todo, con la conexión inesperada con esta niña que, sin saberlo, empieza a resquebrajar su muro de hielo.
La palabra contra la acción
La escenografía blanca funciona como un espejo del mundo interior de la protagonista. Las luces y la configuración del espacio crean este ambiente desangelado que se va rompiendo a medida que avanza la obra.
En este contexto, Maria Rodríguez Soto hace un trabajo estratosférico. La actriz se come el escenario durante los 70 minutos de función; clava los gestos, los cambios de ritmo y la ironía que todos nos habíamos imaginado al leer la novela. Es imposible apartar la mirada.
Aun así, la adaptación presenta un pequeño dilema. Mientras que el libro de Baltasar se centra casi exclusivamente en la psique del personaje (donde la acción es casi anecdótica), la obra de teatro se centra más en la trama del hospital. Esta elección hace que, en algunos momentos, la profundidad psicológica de la protagonista quede un poco colapsada por la acción dramática. En el teatro vemos lo que hace, pero quizás perdemos un poco esta "agua helada" interna que nos enamoró en el papel. Con todo, la puesta en escena con las cortinas blancas y el simbolismo final consiguen momentos de una emotividad y un significado abrumadores.
Un viaje necesario
Permagel en el Teatre Texas es una propuesta valiente que respeta el 90% de la palabra original de la autora pero aporta una verdad física que solo el teatro puede dar. Aunque el peso de la trama puede diluir un poco la complejidad del personaje literario, la interpretación de Rodríguez Soto es tan magnética que disfrutas del espectáculo desde el inicio hasta el final.

Es una obra que nos pone delante de verdades incómodas, pero que sabe usar el humor negro para hacernos digerir el dolor. Y la interpretación de Maria Rodríguez Soto nos lleva de la incomodidad a la risa en cuestión de segundos, ¡simplemente genial!
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