El clásico de Arthur Miller, Panorama des del pont, llega al Teatre Goya bajo la dirección de Sílvia Munt que reconoce: "Siempre he estado enamorada de esta obra". Una obra que nos sitúa en Nueva York en 1955, una época donde la inmigración europea (y sobre todo italiana) está en pleno apogeo y donde los recién llegados tienen que esconderse para poder sobrevivir en una ciudad que los necesita y los desprecia por igual.
Nos suena esta situación, ¿verdad? Y es que la obra de Miller, a pesar de estar escrita en el siglo pasado y estar situada al otro lado del Atlántico, es un reflejo de nuestra realidad: personas inmigrantes saliendo de sus países llenos de miseria y cruzando el mar para tener una nueva oportunidad en la vida. Otra época; otro país; pero la misma situación, setenta años más tarde.
Panorama des del pont nos sitúa en un barrio de comunidad inmigrante (como bien podría ser nuestro Raval actual). Un barrio donde los edificios parecen a punto de caer, donde pasear por la noche puede ser peligroso, pero un lugar donde los vecinos y vecinas se ayudan los unos a los otros. Porque muchos de ellos han pasado por la misma situación (o, al menos, sus familias): llegar a un país nuevo, con costumbres nuevas, cultura nueva, pero con la misma necesidad de dinero, trabajo y comida que tenemos todos los seres humanos, vengamos de donde vengamos.
Setenta años de persecución, miedo y sueño americano
Eddie Carbone es el protagonista de esta historia. Un hombre de origen italiano que vive con su mujer y su sobrina en un piso de este barrio de inmigrantes. El vínculo que tiene con la sobrina es muy fuerte: se necesitan el uno al otro, se complementan, la vida parece más bonita cuando pasan tiempo juntos. Pero la niña inocente ya tiene dieciocho años, ya no es una niña pequeña; ahora es una mujer que tiene que trabajar, tiene que buscarse su camino y tiene que empezar a independizarse de sus tíos.
Un día, llegan unos familiares en barco. Entran de manera ilegal en el país y Eddie los acoge en su casa de manera temporal. Les da trabajo en el puerto y les ayuda a dar los primeros pasos en aquel país donde la inmigración empieza a estar perseguida de una manera brutal: denuncias de vecinos pueden hacer que la policía entre en tu casa, a hacer registros y a deportar a las personas sin papeles que se puedan encontrar en el interior. Es decir: exactamente lo mismo que hoy en día está sucediendo con el ICE, pero a mediados del siglo XX.
Dos chicos italianos llegan a Nueva York persiguiendo el sueño americano, el mismo sueño que la familia de Arthur Miller persiguió cuando se mudaron a América desde Polonia. El autor conoció de primera mano la Gran Depresión, ya que su familia se arruinó económicamente y demostró cuán frágil era la idealización de la vida americana. En Panorama des del pont son dos jóvenes los que cruzan el Atlántico para intentar sobrevivir a una Europa desolada después de la Segunda Guerra Mundial: Marco y Rodolfo. Se mudan a casa de Eddie y es entonces cuando entran en contacto con el resto de la familia y, en concreto, con Catherine, la sobrina.

Marco es un padre de familia que se ha visto obligado a marcharse de Italia para poder enviar dinero a casa; Rodolfo es su hermano pequeño que, a pesar de no tener ninguna responsabilidad a sus espaldas, se muda a Nueva York con la esperanza de poder tener una vida mejor. Rodolfo está lleno de alegría, de vitalidad, de ganas de comerse el mundo; una energía que conecta con Catherine y, juntos, comienzan una relación que Eddie desaprueba desde el primer minuto.
El descenso a los infiernos de la pureza perversa
A partir de este momento, acompañamos a Eddie en su particular viaje a los infiernos. Una vorágine de celos, posesividad y dolor lo empezará a atravesar hasta que lo acabará llevando a traicionar sus principios y los de su comunidad. Unos sentimientos que están muy bien descritos por Miller cuando dice que son "de una pureza perversa". Porque el amor siempre es puro, pero también puede ser perverso; el amor nos puede conmover, pero también nos puede causar repulsión. Y estos sentimientos opuestos son los que sentimos con el personaje de Eddie: comprensión e incomprensión a la vez, asco y compasión al mismo tiempo. Miller consigue hacer un análisis muy humano sobre cómo el amor puede acabar convirtiéndose en todo menos en amor: violencia, posesión y celos.
David Selvas es Eddie Carbone, un personaje apasionado, firme en sus ideas y convicciones, hasta que llega alguien que le tambalea su bienestar. Entonces, viendo amenazada su propia supervivencia (pero en su caso es una supervivencia emocional, no física) sacará toda la artillería para defenderla. La lucha entre la supervivencia emocional y la física se hace patente entre los dos antagonistas: Eddie y Rodolfo, el tío y el inmigrante. Ambos luchan por sobrevivir, cada uno en su plano, pero dispuestos a hacer lo que sea necesario para no "morir" en el intento.

Un duelo interpretativo entre la metamorfosis y la inocencia
Selvas hace un trabajo extraordinario. Nos presenta un Eddie vulnerable ante su sobrina, un Eddie afectuoso, familiar, amoroso... Un Eddie que se transforma completamente cuando ve en peligro su supervivencia emocional. Esta metamorfosis es magnética: el hombre protector y de carácter afable se va desdibujando hasta provocarnos un rechazo visceral. Pero también nos conmueve: lo abrazaríamos y lo ayudaríamos a salir de ese agujero oscuro donde su perversión lo ha llevado. La pureza perversa, no hay mejor manera de describirlo.
Laura Gaja, Catherine, también nos presenta un personaje muy cercano, real. Una chica inocente que nunca en la vida se imaginaría la naturaleza de los sentimientos de su tío. Una joven atrapada entre la culpa, la ternura y la repulsión. La vemos reír, llorar, enfadarse, y nos movemos con ella en toda esta montaña rusa de sentimientos porque es una víctima; una víctima que ni siquiera sabe que está en peligro. Hasta que la realidad se deshoja y descubre la cara más oscura del afecto.

Una tragedia necesaria
En Panorama des del pont vemos cómo el mal y el bien se dan la mano. Cómo el amor y el odio pueden convivir dentro de una relación. Cómo, incluso las mejores acciones, pueden tener las peores motivaciones. Eddie es el ejemplo más claro: un hombre que, empujado por el amor, acaba traicionando todos sus ideales y rechazado por toda su comunidad.
Sílvia Munt ha dirigido un espectáculo lleno de intensidad. Con la figura del abogado como narrador principal, conocemos esta tragedia que nos habla de inmigración, de patriarcado, de amor y de la supervivencia del ser humano. Una supervivencia que no siempre tiene por qué ser biológica: también puede ser emocional. Porque, por más que el corazón siga latiendo, si nos falta el amor a la vida, podemos sentir que nos morimos por dentro.
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