'Palabra de perro' o el poder de hablar para encontrarse a uno mismo

'Palabra de perro' llega al Romea. ©Diego Conesa Photo
'Palabra de perro' llega al Romea. ©Diego Conesa Photo

Cecilia Solaguren y Jimmy Castro brillan en el Teatre Romea con la revisión que Juan Mayorga y Rakel Camacho hacen del clásico cervantino

(Redactora)
31 de octubre de 2026 - 05:30

Los perros de Cervantes retoman el Teatre Romea con Palabra de perro, la nueva propuesta escrita por Juan Mayorga, dirigida por Rakel Camacho e interpretada por Cecilia Solaguren (en el papel de Cipión), Jimmy Castro (como Berganza) y Jorge Kent (que encarna a diferentes personajes).

Pero, en esta ocasión, Mayorga ha optado por presentar una historia diferente a la cervantina: una historia donde el coloquio entre los perros se hace con el objetivo de explicarse a uno mismo su propia historia. La palabra vista como memoria, como descubrimiento, como herramienta para saber quiénes somos en realidad. 

Palabra de perro nos sitúa en un espacio cerrado, repleto de jaulas, donde los perros están atados, controlados y vigilados constantemente. Cipión y Berganza se han encontrado en este lugar de manera momentánea, mañana volverán a separarse, por lo que deben aprovechar esta noche para poder disfrutar de su don parlante, conocerse, contar su historia y, después, volver a sumirse en el silencio más absoluto. Una noche de libertad en la que los dos perros podrán entender mejor sus orígenes y su identidad. 

El espejo de la sociedad actual

Cipión, en el papel de psiconalista, es el que irá animando a Berganza a que cuente su historia desde la Z a la A, es decir, desde los hechos más recientes a los más lejanos. De este modo, con este viaje regresivo, podrán hallar la pregunta inicial: ¿cuál es el origen de su habla? A partir de aquí, Berganza irá presentando a todos sus amos (interpretados por Jorge Kent) y que muestran un retrato de la sociedad actual: un científico que experimenta con animales, las autoridades que usan a perros policías, nuevos ricos que tienen a perros protectores de sus riquezas e, incluso, a un acertado académico universitario que usa al perro como protector. 

Una retahíla de personajes van apareciendo de forma burlesca sobre el escenario para mostrarnos un desfile esperpéntico de la sociedad actual. Pero, entre todos ellos, hay un nexo de unión constante: los muchos humanos que, actualmente, son tratados como animales en nuestra sociedad. La aparición en escena de un pasaporte español o agentes policiales con un chaleco en el que aparecen las siglas del ICE van preparando el terreno para el giro final que tiene lugar en el texto (y del cual no diré nada más, para no cometer ningún espóiler). 

Como el propio Mayorga comentó en la rueda de prensa, Rakel Camacho le ha dado un signficado al texto del cual él no era ni consciente. Y esa huella de la directora se percibe sobre todo en esta denuncia hacia el trato a la persona inmigrante. De hecho, el personaje de Berganza tiene un carácter sumiso hacia sus amos: se adapta a lo que necesitan de él, dejando totalmente de lado sus deseos y sus anhelos, y lo hace por puro instinto de supervivencia. Una doble lectura muy interesante que le atorga a este texto un trasfondo de denuncia sociopolítica mucho más fiera y brutal. 

Cecilia Solaguren y Jimmy Castro en 'Palabra de perro'. ©Sergio Parra
Cecilia Solaguren y Jimmy Castro en 'Palabra de perro'. ©Sergio Parra 

La fuerza y el doble filo de la palabra

Pero, además de esta lectura, la huella de Mayorga se percibe en muchas otras intervenciones de los personajes. Por ejemplo, hay un fuerte respeto por la benevolencia que Cervantes tenía hacia las personas y, aunque se señalan algunos vicios y pecados, siempre se hace desde una perspectiva compasiva: no se debe hablar para matar. Esta es la máxima de Cipion y se pronuncia justo al inicio del relato. Las palabras no deben servir para herir o acusar, deben servir para la concordia, la comprensión y la construcción de un mundo mejor (o, al menos, intentarlo). 

El respeto a Cervantes también se percibe en el lenguaje empleado. Y, de hecho, se introducen algunos comentarios humorísticos que ponen el acento en esta elección: hablar con esdrújulas, tener un lenguaje de otro tiempo... Los comentarios sobre el modo del habla van apareciendo sobre la escena y ofrecen un guiño al espectador que sonríe con la evidencia. 

Uno de los elementos que más interesantes me parecieron de Palabra de perro es la constante referencia que Cipión hace sobre el poder de la palabra. La palabra como relato de la historia, como construcción de la verdad. Pero la palabra se puede manipular, se puede mezclar con fantasía, con expectativas, con exageraciones de la verdad. El doble filo que tiene la palabra como arquitecta del tiempo se recuerda en la mayoría de las intervenciones del perro psicoanalista, y esta advertencia es vital para nuestra sociedad: la palabra tiene mucha fuerza, pero también es muy fácil de manipular. Al igual que Cipión, debemos estar atentos a los discursos y trabajar nuestro espíritu crítico para saber qué creernos y qué no. 

Mayorga propone dejar de filosofar, quitarle ese peso a este acto, y optar por murmurar.

Mención aparte merece la referencia que Mayorga hace sobre el acto de filosofar. Los perros se traban al intentar pronunciar esta palabra tan grande, tan soberbia, tan importante. Cuando hablamos, todos tendemos a filosofar, pero muchas veces, este diálogo no deja de ser un intercambio de perspectivas sin más profundidad ni psicología que la propia lengua suelta. Entonces, Mayorga propone dejar de filosofar, quitarle ese peso a este acto, y optar por murmurar. Una propuesta ingeniosa, divertida y muy terrenal que deshumaniza a estos animales (o animaliza a estos humanos). 

La verdad escénica de un reparto en juego permanente 

Cecilia Solaguren interpreta a un Cipión sublime. Pese a ser uno de los personajes con menos texto, su presencia es magnética. Desde el primer momento en el que aparece en escena nos encontramos con un personaje extraño, que se mueve entre lo humano y lo animal, entre lo sublime y lo mundano. Sus gestos, su dicción, su movimiento por la escena están milimetrados, contenidos, para dibujar a este perro-psicoanalista que el propio Freud usó para referirse a sí mismo (esto es lo que confesó Juan Mayorga en esta entrevista, recordando la "Sociedad Española" de la que Freud formaba parte). 

Junto a ella, tenemos a Jimmy Castro bajo la piel de Berganza. El actor crea un personaje totalmente adecuado a la personalidad de este perro sumiso a sus amos. Un personaje juguetón, enérgico y con una actitud más "perruna" que la de Cipión. Se rasca, saca la lengua, juega y ladra. Pero también habla. Y su búsqueda por la causa de su habla le acabará llevando justamente a lo contrario: la búsqueda de la causa de su silencio. El giro de este personaje es de lo más interesante de la obra y le otorga ese trasfondo político tan latente en la propuesta de Camacho. 

El escritor y dramaturgo Juan Mayorga presenta 'Palabra de perro'
El escritor y dramaturgo Juan Mayorga presenta 'Palabra de perro' 

Por último, Jorge Kent hace un trabajo camaleónico. Se enfunda bajo el traje de más de una decena de personajes que se mueven entre los amos de Berganza, hasta los vigilantes del recinto en el que los perros se encuentran. Estos personajes son los que aportan el contrapunto cómico aunque, en ocasiones, esta voluntad humorística se siente un poco forzada. En algunos personajes, la comicididad interpretativa de Kent es demasiado histriónica y se corre el riesgo de que se pierda un poco la verdad y la potencia del texto. Sin embargo, en conjunto funciona muy bien: consigue aportar un toque más relajado al drama explicado por Berganza y hace que la platea disfrute con una buena dosis de sonrisas. 

Mayorga ha vuelto a Cervantes para recuperar su esencia, su lenguaje y su mirada benévola hacia la vida. Lo hace de la mano de dos perros parlantes que, por una noche, disfrutan del poder, el placer y la libertad que la palabra aporta a los seres humanos. ¿Son animales parlantes?, ¿o son humanos silenciados? El debate está servido en el escenario del Romea. 

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Sobre el autor

Elia Tabuenca
Elia Tabuenca

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