La mà es una de las mejores propuestas para esta temporada de Halloween. Y es que tiene todos los elementos típicos de la oscuridad y diversión propios de esta época: una estética oscura y tenebrosa, una trama macabra y surrealista y unos personajes que parecen salidos de la mente de un perturbado.
Martin McDonagh es un dramaturgo experto en crear piezas de humor negro, macabro y absurdo. Y en La mà eso es lo que nos encontramos. Todo empieza en la habitación de un hotel decadente donde se encuentra un hombre con muy mala pinta al que le falta una mano.
El trauma de haber perdido la mano hace que lleve 27 años buscándola por el mundo entero. Y, hoy, ha llegado a este pequeño pueblo donde una parejita joven le ha asegurado que tiene su mano. A partir de aquí, empieza toda la aventura y la locura que tiene lugar en la misma habitación de hotel.
Un buen equipo interpretativo, donde destaca Albert Prat
Pol López es el protagonista de esta comedia. Una vez más, se pone bajo la batuta de McDonagh para interpretar a uno de los protagonistas. Su actuación es muy buena, con una mirada y una actitud que estremece y pone los pelos de punta. Además, los momentos cómicos son su especialidad: no hace falta que diga nada, solo con una queja y un movimiento corporal, toda la platea estalla a reír (de hecho, a una chica de la fila de atrás le entró un ataque de risa que nos contagió a todos!). Y Pol no dijo nada, solo protestó y se movió por el escenario. Buenísimo.
Pero Albert Prat hace un papel INMENSO. Ya de entrada, el vestuario escogido es demasiado bueno. Nos ayuda a conocer a este personaje cómico, simple, pero macabro. El momento de su monólogo es, para mí, el mejor de toda la obra. Cuando empieza a divagar sobre la matanza en las escuelas... ¡Todavía ahora, cuando lo recuerdo, no puedo evitar reír! Consigue crear un personaje dual que se mueve entre el humor y el miedo, la bondad y la locura. Da pena, pero, a la vez, causa rechazo y estremece. Me encantó.
Un buen ritmo desde el inicio hasta el final
La mano comienza con un disparo en la habitación. Y, desde entonces, la acción no se detiene. Sí que es cierto que hay algunas escenas que son un poco demasiado largas y algunas bromas, sobre todo entre la pareja joven, que no acaban de entrar del todo bien. Pero, en general, es una comedia divertida, alocada y macabra que te hará reír, pasar un buen rato y disfrutar de esa emoción extraña que generan los personajes oscuros y un poco psicópatas.
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