'La brama del cérvol', una obra que sucede en la montaña

La Calòrica vuelve a los escenarios con 'La brama del cérvol', una comedia a su estilo más puro: con un humor trepidante y con situaciones tan surrealistas e histriónicas que es imposible no estallar a reír.

(Redactora)
26 de mayo de 2025 - 10:00
'La brama del cérvol' de La Calòrica
'La brama del cérvol' de La Calòrica

Después de la diferente "Le congrès ne marche pas", la compañía vuelve a sus orígenes y nos demuestra que, para hacer comedia, son unos cracks.

Nos encontramos en un hotelito de montaña, un hotelito rural de la Vall Fosca donde organizan unas jornadas pensadas para turistas: ir a disfrutar del espectáculo natural que nos ofrece la berrea del ciervo. Porque, hoy en día, cualquier cosa se puede convertir en un tour turístico al más puro estilo de Civitatis.

En este hotelito rural se encuentran diferentes personalidades que, últimamente, abundan mucho en estos espacios: los turistas que quieren reconectar con la naturaleza, la gente de pasta que tiene propósitos mercantilistas para explotar las tierras y, por supuesto, los creadores y creadoras, los artistas, los culturetas, que desde los pueblos demuestran que la cultura está en todas partes.

Este equipo tan peculiar se encuentra en las zonas comunes de los hoteles donde todo el mundo, al fin y al cabo, tiene ganas de vivir una experiencia inolvidable. ¡Y vaya si la vivirán!

¿Teatro político? ¿Teatro comprometido? ¡Teatro La Calòrica!

Uno de los aspectos que siempre me gustan más de La Calòrica es la manera tan natural y auténtica que tienen de hablar de los "grandes temas". Se ríen de todo y, eso, nos encanta. En el escenario nos encontramos con personajes propios del mundo teatral: el director casposo, el actor complaciente, la dramaturga disconforme y la nueva promesa teatral, llena de proyectos y esperanza. Se reúnen en este hotel para hacer un simposio sobre el teatro político y cómo el teatro activa sus mecanismos para procurar cambiar el mundo.

Este tema tan grande, enorme y profundo, nos muestra las contradicciones que hay en el mundo del teatro y de la cultura en general. ¿Realmente puede cambiar el mundo?, ¿realmente una obra puede transformar a una persona? O, al final, ¿no deja de ser todo un acto de "masturbación colectiva" donde los que hablan y los que escuchan, al fin y al cabo, son del mismo parecer? No hay ninguna respuesta, la pregunta se queda en el aire para que todo el mundo la responda como él o ella crea.

Y, por supuesto, después del "debate" cultureta, llega el momento preferido de los artistas: ¡la fiesta! Una fiesta que tiene lugar en un karaoke, el lugar con menos glamour y más casposo que te puedes imaginar. Porque, por mucho que hablemos de Trotski o Dostoievski, al final, ¿quién se puede resistir a una Raffaela Carrà?

¡Una obra coral con siete, ocho o nueve personajes! 

Perdemos la cuenta de la cantidad de personajes que vemos sobre el escenario. Y todos interpretados por los 6 intérpretes que, en esta ocasión, prescinden de Marc Rius (no sin hacerle un guiño a la obra) y cuentan con dos nuevas incorporaciones: Oriol Casals y Mel Salvatierra. El reparto se completa con los miembros habituales de La Calòrica: Xavi Francés, Aitor Galisteo-Rocher, Esther López y Júlia Truyol, ¡y no podemos decir quién lo hace mejor! 

Verlos actuar en escena, es ver a un grupo de amigos y amigas que se lo pasan de maravilla haciendo locuras y hablando sin pelos en la lengua. Porque, por muchas butacas que vendan, por mucha fama que tengan, La Calòrica sigue cagándose en todo y lo dice abiertamente. De hecho, en esta obra, incluso hay una escena con un ano... ¡Y no diré más! 

La Calòrica torna al seu estat de pura comèdia
La Calòrica vuelve a su estado de pura comedia 

Inicio muy potente, final un poco caótico 

La primera parte de La brama del cérvol es brillante. Nos encontramos con metateatro, con crítica social y cultural, con situaciones surrealistas cargadas de buen humor... El cóctel explosivo propio de La Calòrica. Pero la historia empieza a volverse un poco caótica en el momento en el que entramos en el bosque y hacemos un viaje de trance, con drogas de por medio, una rave y un viaje surrealista. 

Aunque las escenas son muy vistosas a nivel visual (¡el encuentro con la gente de la rave, como si fueran OVNIS es buenísima!), lo cierto es que la historia se pierde un poco y se vuelve un poco confusa. Igual que el final: se le da mucho protagonismo a una de las historias que, ciertamente, tampoco me resultaba tan interesante. 

Aun así, La Calòrica lo ha vuelto a hacer: con La brama del cérvol ha creado un espectáculo lleno de comedia, donde nos vemos reflejados a nosotros mismos, los "pixapins" de ciudad, que creemos que lo controlamos todo cuando, en realidad, no controlamos absolutamente nada de nuestra vida.

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Sobre el autor

Elia Tabuenca
Elia Tabuenca

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