Esta divertida comedia de Peter Quiter, dirigida por Paco Mir, está basada en hechos reales. Florence Foster Jenkins fue una excéntrica millonaria de Nueva York que en los años 40 arriesgó su patrimonio para convertirse en cantante de ópera.
Florence no tenía ningún talento (más bien lo contrario) pero estaba convencida de cantar como los ángeles. Perseverante y sin ningún sentido del ridículo, invirtió su capital para cumplir un sueño: cantar ópera en el prestigioso Carnegie Hall. No sabemos cómo, la peor cantante de ópera de todos los tiempos agotó entradas y se convirtió en un icono de la época.
La peor cantante de ópera del mundo se convierte en un icono de los años 40
Si ya es difícil cantar bien, aún lo es más cantar mal a propósito como lo hace la protagonista de Glorious, Marta Ribera con gran experiencia en teatro musical. Los estridentes gallos y los movimientos exagerados de la cantante quedan compensados por el optimismo y la simpatía que genera en los que la rodean y sobre todo en el público. En un ejercicio de meta teatro, casi sin darnos cuenta, acabamos aplaudiendo entre risas los desafinados cantos de Florence como si fuera Maria Callas. No hace falta decir que la distancia que las separa es enorme.
Para acompañar a Marta Ribera en escena, se han elegido dos personas sobradamente conocidas. Por un lado, Ramon Gener, divulgador cultural y director de programas televisivos como “Òpera en texans” o “Això no és una cançó”, en el papel del pianista Cosmé McMoon que pasa del estupor inicial al sentimiento de afecto por Florence. Y el popular presentador de televisión Santi Millán que hace tiempo que no vemos encima de un escenario que da vida a St Clair, pareja de Florence.
Bajo el humor se esconden interesantes cuestiones
Así pues, Glorious es una divertida comedia para pasar un buen rato. Sin más ni sin menos. Bajo los toques de humor, sin embargo, plantea interesantes cuestiones. ¿En qué se sustenta la percepción que tenemos de nosotros mismos? ¿En la opinión de los demás o en la propia? ¿Debemos renunciar a los sueños cuando nos dicen que son inalcanzables? ¿Qué estamos dispuestos a arriesgar para convertirlos en realidad? En definitiva, somos lo que creemos ser o lo que nos dicen que somos.
A semejanza del popular cuento de Hans Christian Andersen “El nuevo traje del Emperador”, la única persona que no ve la realidad es Florence pero aquí no se trata de vanidad - como en el cuento - sino de confianza absoluta en ella misma. Nosotros la aplaudimos por no desfallecer en la persecución de su sueño (no por sus cantos, claro) y no hacer caso de la opinión de los demás.
“La gente puede decir que no sé cantar, pero nunca nadie podrá decir que no canté” (Florence Foster Jenkins)
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