Carlota Subirós ha reunido las tres tragedias de los Labdácidas y las ha llevado al escenario que les corresponde: el escenario de la Sala Grande del TNC. Èdip & Antígona es un montaje con 13 intérpretes. No es un montaje que pueda hacer un teatro pequeño. Es un montaje que lo tiene que montar el TNC.
En escena veremos Edipo Rey, Edipo en Colono y Antígona. El texto en el que se ha basado la adaptación es el texto de Carles Riba, filólogo, helenista, clasicista… Un hombre culto que hizo una traducción al catalán de los textos de Sófocles intentando mantener la musicalidad del texto original, con todos los recursos estilísticos necesarios. El catalán empleado es un catalán lujoso, con un vocabulario exquisito y muy cuidado. Un texto para leerlo y releerlo. Un texto que se disfruta.
Un espectáculo coral
Los diálogos se mezclan con monólogos, dirigidos al público o al resto de actores que, en esos momentos, hacen de coro. Edipo es un hombre condenado por un oráculo en el momento de nacer. Un oráculo que ya viene de más lejos, porque sus antepasados ya habían cometido actos desagradables a los dioses. Sófocles se centra en Edipo y sus descendientes. Los hijos pagarán por los pecados de los padres.
En la primera tragedia, Edipo Rey, una pantalla atrapa a los intérpretes y les deja poco espacio en escena. Detrás, como no hay ninguna iluminación, se intuye un terreno con tierra. La pantalla hace que el público se vea reflejado… los intérpretes están encerrados entre el público real y el público reflejado.
En Edipo en Colono y Antígona, la pantalla no está y podemos ver un terreno descampado, con mucha tierra y algunas plantas. Alrededor, una estructura inmensa que podría ser un teatro griego, con dos columnas enormes, a ambos lados, y una pared alta con algunos accesos. Una estructura semicircular.
Un vestuario oscuro, más moderno
El vestuario no sigue el tópico de las túnicas, quitones, coturnos o himationes. El vestuario es actual, es oscuro, negro. A diferencia de la época clásica, donde el color era vivo y, además, servía para diferenciar quién era quién (los reyes vestían de color púrpura, los personajes tristes vestían de color oscuro, el color blanco lo vestían las chicas puras o, también, los dioses, porque era el color que brillaba; el rojo lo vestían personajes violentos…) Carlota Subirós ha prescindido de estos códigos de color y ha vestido a todos los personajes de color oscuro.
Como el diseño de iluminación también hace que haya muchas penumbras en escena, la mezcla de la penumbra con el color oscuro del vestuario hace que, a veces, oigamos la voz de los personajes pero nos cueste verlos en escena, camuflados entre la oscuridad. Por un lado, da mucha potencia al texto, por el otro, hace que perdamos la interpretación.
El poco movimiento de los personajes, la oscuridad del vestuario y la iluminación hacen que, en algunos momentos, más que en un montaje teatral, parece que estemos en una lectura dramatizada. Y ha habido lecturas dramatizadas con más movimiento.
Buenas interpretaciones
Entre los actores, cabe destacar a Vicenta Ndongo, que recrea una Yocasta que pasa por todos los sentimientos en poco tiempo: de la alegría más intensa al dolor más profundo. Al terror. Y también Jordi Martínez es un Creonte prepotente, humillador, satisfecho de sí mismo, capaz de todo para conseguir lo que quiere. Y lo interpreta de forma muy convincente.
En un montaje donde el texto es tan importante, la dicción de Babou Cham no siempre es la más clara y, incluso con micrófono, cuesta seguir su texto.
Complementan el reparto Moha Amazian (Teseo), Lurdes Barba (Sirvienta), Babou Cham (Edipo), Joel Cojal (Hemón), Oriol Genís (Tiresias, el adivino), Jordi Martínez (Creonte), Vicenta Ndongo (Yocasta), Albert Pérez (mensajero), Kathy Sey (Antígona), Yolanda Sey (Ismena), Yolanda Sikara (Eurídice), Junyi Sun (habitante de Colonos), Moïse Taxé (Polínices).
La música, cantos en directo hechos por los mismos actores, le da un aire antiguo a todo el montaje. Nos hace ir siglos atrás. Es un acierto.
Èdip & Antígona es una obra que se tiene que ver porque hay que ir al TNC cuando actúa, de verdad, como el Teatro Nacional que es, y pone en escena montajes que otros teatros más pequeños no podrían asumir. Porque el TNC puede tener una compañía de 13 personas en escena (por cierto, ¡bien encontrada Lourdes Barba!), porque se puede permitir escenografías inmensas… Si no lo hace el Teatro Nacional, no lo puede hacer nadie más.
También se tiene que ver porque es un clásico que tiene más de 2500 años y todavía está vivo, muy vivo. Y algunos personajes nos harán pensar en personas que vemos en las noticias cada día
Y, por último, se tiene que ver porque el texto, la traducción al catalán de Carles Riba, está escrito en un catalán exquisito, con un vocabulario cuidado y preciso. Un catalán nada simplificado. Un catalán que no insulta nuestra inteligencia con una rebaja del nivel: un catalán que nos acaricia.
