Com vaig aprendre a conduir, dirigida por Marília Samper y traducida por Helena Tornero, se basa en el libro de Paula Vogel que ganó el Pulitzer de teatro de 1998. A pesar de los años pasados, los casos de pederastia son todavía demasiado frecuentes. ¿Qué podemos decir de una sociedad que no es capaz de erradicar esta lacra?
Puritanismo y una estructura narrativa que salta en el tiempo
La trama se sitúa en un pueblo de la América profunda donde vive la familia de la protagonista, Coseta (Mireia Aixalà). El puritanismo y los sesgos de género son evidentes. Como ejemplos, el apodo que recibe la protagonista al nacer porque no tiene “cosita” (pene) o estas “perlas” machistas: “con esos pechos no te costará encontrar marido”, “¿qué necesidad tienes de ir a la universidad?”. Un excelente caldo de cultivo para un depredador sexual como el tío Peck (Ivan Benet).
Con una interesante narrativa no lineal que salta en el tiempo, Com vaig aprendre a conduir establece un paralelismo entre las clases de conducir que el tío Peck da a su sobrina y la vida en general: hay que aprender a conducir y mantener siempre las dos manos al volante. Unas clases que se extienden desde que Coseta tiene 11 años hasta que se marcha a la Universidad y se libera. Las instrucciones y las señales de tráfico nos avisan de que en cada curva de la carretera puede esconderse un agresor sexual.
Buenas interpretaciones de Mireia Aixalà e Ivan Benet
Mireia Aixalà e Ivan Benet interpretan a la perfección dos papeles muy complejos. Por un lado, Coseta que describe en retrospectiva (desde la edad adulta hasta los once años) significativos momentos de su vida. Con un candor que nos encoge el corazón. Inocente y desvalida pero sobre todo confiada en una persona que la debería proteger. El gran abanico de registros de Aixalà le permite interpretar con solvencia tanto el papel de una persona adulta como el de una niña.
Ivan Benet muestra todos los rasgos de un depredador sexual que poco a poco, desde el núcleo familiar, seduce a Coseta. “No haremos nada que tú no quieras hacer”, le dice. Como si una niña fuera capaz de intuir las perversas intenciones de un adulto. Un familiar. Un tío. Por otro lado, a pesar de la situación, el efecto que el tío Peck siente por su sobrina es evidente. Este hecho lo hace más humano pero, en todo caso, no justifica su reprobable comportamiento.
Esto es algo solo entre tú y yo. No se lo digas a nadie.
Así como el personaje de Coseta representa la inocencia, el del tío Peck se mueve entre la ambivalencia de alguien que sabe que no actúa bien pero es incapaz de controlar sus instintos primarios.
Y una sociedad que se lo mira y no hace nada ...
También, como pasa en este tipo de situaciones, la familia no está exenta de responsabilidad. La madre que bebe demasiado, la tía que prefiere ignorar lo que pasa o el abuelo machista que todo lo justifica. Se convierten en cómplices del tío Peck y a la vez aportan dinamismo a la obra con divertidas escenas y momentos musicales. La joven Alba Gallen al piano o la mandolina, el actor Blai Juanet al piano y sobre todo la divertida interpretación de la actriz y cantante Kathy Sey (The Sey Sisters).

La escenografía de Com vaig aprendre a conduir se adecua con la estructura fragmentada del texto. Grandes paneles de madera se mueven continuamente (quizás demasiado) para recrear diversas escenas. Las conversaciones familiares en el comedor de casa, las risas de los compañeros de escuela a causa de los grandes pechos de Coseta (¿hablamos de cosificación?), la sesión de fotos en el sótano, el aperitivo en el restaurante, etc. Y sobre todo el interior del coche donde el tío Peck enseña a conducir a Coseta que se representa con dos únicas sillas de madera.
En resumen, Com vaig aprendre a conduir es una obra de denuncia, bien interpretada y dirigida, que hay que ver y digerir. Ojalá algún día seamos capaces de atropellar a todos los pederastas del mundo.
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