"Abraça’m fins que m’adormi" o la historia de un despertar

Roc Bernadí protagoniza "Abraça'm dins que m'adormi" en la Sala Beckett. ©Kiku Piñol
Roc Bernadí protagoniza "Abraça'm dins que m'adormi" en la Sala Beckett. ©Kiku Piñol

La Sala Beckett presenta "Abraça’m fins que m’adormi", un texto de Cesc Colomina que tal como dice el programa de mano: “Es la historia de un despertar, de un deseo escondido, de una verdad desconocida que se hace visible solo cuando nos atrevemos a mirar más allá de lo que conocemos.”

04 de mayo de 2026 a las 08:00h

Marcel va al instituto. Unos días antes, en una fiesta, ha conocido a Teo. Poco después, al salir del instituto, Teo está allí, esperándolo. Clara, la mejor amiga de Marcel, lo tiene claro.

“Creo que está aquí por ti.”

Marcel, con Teo, se descubre, descubre el amor, descubre el sexo, descubre los abusos…

“Hicieron las maletas y desaparecieron.”

Marcel repiensa todo lo que ha vivido, lo pone en orden, lo expone, lo entiende.

“Marcel, ¿me prometes que siempre seremos amigos?”

Una historia sobre la vida

Pero no es solo la historia del descubrimiento del amor, de la sexualidad… es también la historia de la vida. La vida que es aquello que pasa mientras hacemos otras cosas (como decía John Lennon). Porque Marcel vive su vida, y pasan los años… y, un día, se da cuenta de que han pasado 10 años y que aquello que había vivido ya es solo el pasado. Un recuerdo antiguo.

El texto de Guillem Coromina sabe explicar en episodios breves una historia que empieza en la adolescencia y acaba años más tarde. La dirección de Guillem Sánchez García es muy eficiente. Sabe dar el ritmo adecuado, las pausas (muy necesarias) están muy bien colocadas. No es un monólogo monótono, tiene muchas inflexiones.

El texto de Cesc Colomina toma forma en la Beckett. ©Kiku Piñol

Y Roc Bernardí interpreta muy bien a Marcel. Un chico que un día fue un adolescente lleno de miedos e inseguridades y ahora mira atrás, intentando poner en orden lo que ha vivido para entender lo que vive ahora.

El escenario está casi vacío. Roc Bernardí introduce elementos del pasado que, en el presente desaparecen. Una buena idea que marca muy bien el paso del tiempo. El uso del micrófono para los diálogos hace que el relato y las situaciones relatadas estén a niveles diferentes.

Abraça’m fins que m’adormi, en la Sala Beckett, si fuera una película, podría ser una película que nos habla de adolescentes que se descubren. Pero no es una película. Es teatro. Y es vivo. No es un fotograma frío que pasa y se olvida. Es un montaje tierno, intenso y, a veces, con una violencia soterrada que puede atemorizarnos. Una buena oportunidad para ver una interpretación muy bonita.

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