Una construcción de la ilusión

El Centro de Artes Santa Mònica presenta una exposición que cuestiona la percepción de la realidad a través del arte, las trampas visuales y la posverdad

02 de septiembre de 2026 - 05:30
Berndnaut Smilde, “Nimbus Kunstmuseum Hal”, 2021. ©Berndnaut Smilde. Fotografía de Cassander Eeftinck Schattenkerk.
Berndnaut Smilde, “Nimbus Kunstmuseum Hal”, 2021. ©Berndnaut Smilde. Fotografía de Cassander Eeftinck Schattenkerk.

El Centre d'Arts Santa Mònica acoge El asalto de la ilusión, una exposición coral de varios artistas y varias disciplinas, que analiza cómo el arte ha contribuido a construir aquello que entendemos como realidad y pretende destapar las trampas visuales que encontramos en los medios de comunicación y en la era de la postverdad.

La muestra, que se podrá visitar hasta el 27 de septiembre, está formada por un espacio en constante cambio. Encontramos espejos, telas, paredes móviles y otros elementos que propician que el entorno se transforme como lo hace la realidad. Al no existir una constante en esta realidad, este hecho afecta directamente a nuestra percepción de esta realidad.

Desde una mirada alejada de la exclusividad, la mezcolanza propuesta, de artistas y prácticas, plantea una evidente tensión entre el punto de vista y los mecanismos que producen las imágenes, así pues, también los discursos, los relatos y lo que comunican.

La exposición está compuesta por secciones:

  • La seducción visual: el espacio no atiende a la razón, sino a la seducción, a la ilusión.
  • Mecanismos: Revelación. Se muestra cómo se manipula la realidad para conseguir el efecto deseado.
  • Crítica: Un cuestionamiento. Una reflexión de los artistas contra la máquina de producción de engaños.
  • Lectura histórica: Una recapitulación. Recorrido y ejemplos históricos y prácticos.

Mostrar y no mostrar. Ocultar deliberadamente. Crear una ilusión de la realidad. Preparar algo para ser consumido dócilmente. El verdadero propósito de la muestra es el de reflexionar profundamente sobre cómo se estructuran estos discursos desde las esferas de poder. Así pues, desvelar el qué y el cómo.

En el espacio propuesto conviven la pintura, la fotografía y el vídeo. Cada lenguaje, cada disciplina, en esta muestra, construye y confiere una nueva realidad.

El arte es una herramienta que produce engaños, y estos, han configurado nuestro deseo y han modificado aquello que entendemos y pretendemos como realidad. Si aquello que nos hace humanos es la capacidad de crear mitos, la capacidad de inventar realidades que parezcan más reales que la propia realidad, ¿no debería el arte, también, desenmascarar estos engaños, las técnicas, los mecanismos que construyen estas ficciones, y aún más, teniendo en cuenta el mundo postmoderno, los discursos de posverdad y un entorno de fake news y sobresaturación de mensajes?

A través del recorrido escenográfico propuesto, dinámico y polimorfo, el espectador de El asalto de la ilusión participa en la muestra, a veces desorientado, a ratos entrando y saliendo, con un pie en la realidad y otro en la ilusión. La ruptura deliberada de esta línea es uno de los aciertos de la muestra cuando este acto no es evidente.

A.A.Murakami, Beyond the Horizon. © A.A.Murakami. Encarregat per M+, 2024. Fotografia d'Adam Kovář i PETR&Co
A.A.Murakami, Beyond the Horizon. © A.A.Murakami. Encarregat per M+, 2024. Fotografia d'Adam Kovář i PETR&Co


En enero de 1964, el psicoanalista Octave Mannoni publica un artículo en “Les temps modernes” sobre la negación de la realidad. El genocidio de Palestina, los desastres climáticos o el ascenso de la ultraderecha en occidente, son ejemplos mediáticos actuales. Saber que algo no es real o verídico, no disminuye en absoluto su poder. La sociedad parece no estar preparada para conocer toda la verdad de lo que sucede y el porqué, sobre todo, a ojos de los estados y los gobiernos. Según este discurso, hay que dar la información edulcorada y complaciente como haríamos con un niño. Y a pesar de todo, el individuo moderno, a veces prefiere no saber. Es preferible comprar una mentira que suene bien, porque la alternativa es aterradora. Afrontar la incomodidad, cerciorarse de que nos han engañado o que hemos sido traicionados por las ideas y los discursos nos empobrece, nos avergüenza y nos hace parecer tontos. La producción de discursos y relatos intencionados para generar ilusiones de realidad está más en marcha que nunca.

A. A. Murakami (Azusa Murakami y Alexander Groves) presentan Beyond the horizon, una instalación que desafía la relación entre apariencia y realidad. Unas nubes de apariencia real están situadas dentro del espacio de la representación, en el interior de un espacio. Este hecho genera un choque al espectador que asiste atónito a un imposible.

Alain Josseau en Automacin war, plantea un noticiario ficticio que cubre la guerra en tiempo real, con toda la desinformación y la propaganda típica de los conflictos bélicos, algo que al espectador le es familiar. Dentro de lo que cabe esperar, se revelan los perniciosos códigos del lenguaje televisivo que ponen en duda el verdadero valor que otorgamos a la credibilidad del periodismo y a las versiones oficiales en nuestra sociedad postmoderna. Mediante una pantalla grande, se muestra un falso reportaje en el que se dan noticias de una robotización de la guerra en un periodo desde 2017 hasta 2026. Se usan discursos reales con imágenes de archivo o sacadas de contexto. Hay conexiones en falso directo, como también es habitual en nuestra realidad, y todo ello convive con una maqueta que representa ciudades en ruinas e imágenes generadas por un software artificial. Las cámaras son robóticas. La guerra es ficticia, pero el relato está generado a partir de historias y testimonios reales compilados y orquestados por una inteligencia artificial.

Alain Josseau, Automatique WAR. © Alain Josseau
Alain Josseau, Automatique WAR. © Alain Josseau


Chico Amaral, por su parte, presenta unas imágenes automáticas que parecen generarse por azar, planteando el conflicto entre nuestra demanda de sentido y coherencia con relación a las imágenes que consumimos, y la realidad que nos dice que estas, se generen de un modo aleatorio, espontáneamente y sin significado.

Mama, de Aneta Grzeszykowska, es una serie fotográfica en la que una niña parece jugar con su madre. La figura maternal, es en realidad una estatua de cera realizada con un estilo hiperrealista. La imagen cuestiona nuestra subjetividad y nos inquieta. La realidad frente al deseo. ¿Cómo nos llegaremos a relacionar con las figuras robóticas? ¿A quién y cómo se parecerán? ¿Qué roles tendrán en nuestra sociedad? ¿Llegaremos a sustituir los afectos humanos y reales por afectos artificiales y simulados?

Chico Amaral, 'Scroll infinito', 2026
Chico Amaral, 'Scroll infinito', 2026

Nimbus Kunstmuseum Hal, de Berndnaut Smicde, nos presenta otro tipo de nube. La nube como algo que se desvanece, algo inalcanzable en las alturas. Material vaporoso que hace acto de presencia en un entorno real. La nube aparece como elemento mágico desde nuestra infancia, desde la idealización y los cuentos infantiles, conduce irremediablemente al ensueño, a desconectar la imaginación de la realidad. Somos adultos, sí, pero seguimos queriendo ver nubes, estar, literalmente, en las nubes. Esta es, por supuesto, una de las obras más notables de la muestra y dotada de una fuerza hipnótica cautivadora.

La ilusión de un piso propio, del madrileño Manuel Calderón, es una maqueta en miniatura con mirillas que nos crean la ilusión de un amplio piso y habitaciones. Hay conexiones imposibles, pasillos y fantasmagorías que ponen sobre la mesa la ilusión de acceder a un domicilio con unas dimensiones razonables, un hecho que la obra nos demuestra imposible con el juego de lentes y percepciones.

Aneta Grzeszykowska, Mama (2018) ©Aneta Grzeszykowska
Aneta Grzeszykowska, Mama (2018) ©Aneta Grzeszykowska 

Isolation, de Fabian Knecht, presenta un trozo de treinta y dos metros cuadrados del parque de Horta al final de un pasillo. La introducción de un espacio natural en un espacio tan artificial como la muestra, genera frustración. El espectador quiere disfrutar de esta naturaleza, pero no puede. Parece una entrada a ningún lugar. Una metáfora perfecta de una era postnatural. La reconstrucción deliberada de zonas verdes artificialmente situadas para adornar el avance del cemento en las grandes urbes; la destrucción de la naturaleza en pro de la civilización, y luego la reconquista de esta naturaleza por parte del mismo que la ha destruido.

Al salir de la exposición, el testigo debe afrontar, otra vez, el actual decalaje entre lo propuesto por los artistas y la consumición habitual de información del ciudadano medio en el mundo. Quizás no nos sirve ya el mero hecho de mostrar los mecanismos de propaganda y cómo somos engañados con la saturación de imágenes manipuladas, los discursos y la información. Habría que preguntarse, ahora, ¿cuáles son las armas con las que podemos afrontar estas construcciones? Cómo lidiar con esto hoy en día.

En ¿Por qué la crítica se quedó sin energía? De los asuntos de hecho a los asuntos de preocupación (2004), del filósofo y científico Bruno Latour, el autor plantea que llevamos mucho tiempo, quizás demasiado, diciendo que todo discurso es, en realidad, una construcción social. Que esta construcción social muestra que detrás de aquello que ingenuamente aceptábamos en el pasado como real, había poderes, discursos e intereses que se plasmaban, y se siguen plasmando, a través de la sociedad del espectáculo y de una producción o sobreproducción intencionada de la imagen.

Hoy en día, esta idea, que produjo un efecto crítico intelectual de gran y necesario calado, este gran desvelamiento de los intereses ocultos, este demostrar que la realidad comporta una construcción densa y compleja, se usa, finalmente, para un señor o señora en YouTube, para decir que la tierra es plana, que la nieve que cae en Madrid en plena pandemia, es artificial, que la misma pandemia era una mentira inventada por el gobierno para controlarnos, que los chemtrails o rastros de humo que dejan los aviones al pasar por el cielo, lo que hacen realmente, es tirar productos químicos o aerosoles para el control mental, o incluso, que Australia no existe.

Si en la sociedad tenemos negacionistas del cambio climático, conspiracionistas y terraplanistas, nos tenemos que preguntar si la idea o la herramienta de decir: “desconfía de todo”, es la que hoy en día se necesita.

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Gerard Moliné
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