Una exposición providencial

Les obres de la Sagrada Família
Les obres de la Sagrada Família

En medio de uno de los pocos (y diminutos) parques que podemos encontrar dentro de la inclemente cuadrícula del Eixample, los Jardines del Palau Robert, hay estos días una austera exposición llamada Gaudí, la Sagrada Família y Barcelona / Cent quaranta-quatre anys de camí compartit.

27 de mayo de 2026 - 00:44

En medio de uno de los únicos (y minúsculos) parques que podemos encontrar dentro de la inclemente cuadrícula del Eixample, los Jardines del Palau Robert, hay estos días una austera exposición llamada Gaudí, la Sagrada Família y Barcelona / Ciento cuarenta y cuatro años de camino compartido, que ilustra la importancia simbólica, urbanística e histórica del templo para una ciudad que no siempre lo ha comprendido, no siempre ha tenido clara la continuidad de las obras y no siempre lo ha protegido como debía.

Solo ahora, cuando todo el mundo ve el acierto de culminar la Torre de Jesús y esperamos la visita del Papa como gran acontecimiento mundial, algunos antiguos escépticos se suben al carro y expían sus pecados dedicándole, eso sí, el espacio menor del espacio expositivo que tiene la Generalitat en el Passeig de Gràcia. Una exposición con bastantes obviedades pero también con alguna sorpresa, divulgativa, orientadora y amable. Oportunista por necesidad, como tantas exposiciones institucionales que se hacen. Más que oportunista, pues, llamémosla providencial.

Es una exposición cronológica, visual, de textos breves y dispuesta en paneles estratégicamente colocados a lo largo de los caminillos del jardincito, y con un gran mural introductorio en el vestíbulo del Palau Robert donde se presentan las credenciales y la justificación, pero también la autoría, el comisariado y los textos (Fundació Junta Constructora del Temple Expiatori de la Sagrada Família) y otros créditos.

La exposición en los jardines del Palau Robert. © Palau Robert

Se explica que estamos ante un relato compartido, un ejemplo de perseverancia y dedicación, de esfuerzo generacional y de proyecto de ciudad pero al mismo tiempo de carácter espiritual. Hay una explícita referencia a los valores cristianos de fe, caridad y esperanza, pero también al valor civil general de ser conscientes de todo lo que somos capaces de construir. Lejos, por tanto, de aquel tiempo en que los propios arquitectos municipales la llamaban “mona de Pascua” (sin mirarse al espejo, claro).

Como fanático del tema, me han interesado sobre todo las referencias al solar inicial y a los huertos y masías y torrentes antes de que existiera nada, al Génesis, en medio del vacío del llano. Dicen que aquello se llamaba el Campo de Batalla, porque los niños del Poblet se enfrentaban allí, pero aquí aprendemos que en el plan del cuadriculadísimo Cerdà la idea inicial era construir un gran hipódromo. Nada nuevo en la mente de quienes proyectan nuevas Icarias, viejas quimeras, horteradas. Nos situamos en 1852, cuando nace Antoni Gaudí, dos años antes de que comiencen a derribarse las murallas y veinte años antes de que la Asociación Espiritual de Devotos de San José (que aquí prefieren mencionar en castellano, en un legalismo registral a mi parecer exagerado e innecesario) acuerde la construcción del templo (en 1881 comprará el solar).

Después, en el siguiente panel, nos concentraremos en la primera piedra (dibujo de época con el obispo Urquinaona, el obispo Morgades y otras autoridades de la ciudad) y en el primer arquitecto a quien se encargó la obra, el olvidable Francisco de Paula del Villar. En 1883 el inolvidable Gaudí asume el proyecto, tras fuertes discrepancias técnicas internas. O quizá, quién sabe, fruto de la providencia divina (en la Sagrada Família, como todo el mundo sabe, todo es providencial).

El ábside de la Sagrada Família en construcción en 1892.

Pasamos después a 1884-1899, el período en que se consagra la capilla de San José, se celebra la Exposición Universal de 1888 y Barcelona se anexiona Sant Martí de Provençals (1897). No tardamos en adentrarnos en el cambio radical del perfil del templo (1900-1925), la huella de Gaudí, loca y llena de sentido a la vez, con una fachada del Nacimiento y una torre de San Bernabé ya bien visibles. También se mencionan las escuelas del templo, para los hijos de los trabajadores, la fiebre constructiva de Gaudí con un buen puñado de proyectos simultáneos, la idea de la segunda Exposición Internacional (Barcelona y sus saltos de crecimiento siempre aparecen mencionados en paralelo).

En el siguiente panel, la mención a la dictadura de Primo de Rivera brilla por su ausencia: todo son “grandes tensiones sociales y políticas”. De acuerdo, no hablemos de ello y pasemos directamente de 1936 a 1940: no se menciona quién quemó el taller de Gaudí (como el muro de Berlín, que “cayó” él solo) ni se hace referencia a la Guerra Civil (“el intenso ritmo de transformación urbana queda abruptamente interrumpido”) y el templo se convierte, eso sí, en un signo de perseverancia, de fe y de protección del patrimonio.

La exposición en los Jardines del Palau Robert repasa las diferentes etapas de la basílica, desde el solar vacío hasta la actualidad. © Palau Robert.

Los “tiempos de recuperación” (1941-1976) coinciden con la dictadura franquista: “el sueño continúa”, los discípulos se ocupan de continuar el proyecto y en 1954 se inician las obras de la fachada de la Pasión (culminándose los campanarios en 1976). Sí se habla aquí del régimen, de la supervivencia, de la huelga de tranvías y de la gran ola migratoria hacia Barcelona.

En el siguiente panel ya veremos la foto de Narcís Serra, Maragall, Rubert de Ventós y Antoni Dalmau en Lausana celebrando la nominación olímpica. Estamos en el período 1977-1991, recuperación democrática e inicio de las obras de las fachadas y bóvedas de las naves laterales. Visita de Juan Pablo II (“españoles todos”) en 1982 y una referencia a Subirachs que elude la polémica sobre sus esculturas, seguramente porque sus artífices ya deben de estar todos convencidos de que, pese a todo, valía la pena continuar. También una mención al “Barcelona, ponte guapa” y a la preparación para los Juegos Olímpicos, que estallarán en el siguiente panel, donde “el templo y la ciudad se convierten en símbolos globales”. Ay.

De 1992 a 2000 se aceleran las obras y llega el reconocimiento como Patrimonio Mundial de la UNESCO (además del Año Gaudí, en 2002), y por su parte Barcelona se convierte en una ciudad modernizada y atractiva (“la nueva Barcelona global”, según el texto: ay, de nuevo). El nuevo Papa Benedicto XVI bendice la basílica y el visitante se pregunta cómo abordará la exposición los años más contemporáneos.

Vista de la fachada de la Pasión, en el año 1966. © Aleu / Archivo Basílica Sagrada Familia

Pues con una foto de Ada Colau, y otra de Salvador Illa (paneles de 2011-2020 y 2021-2026, respectivamente), porque sin duda no han existido políticos ni gobernantes de otras sensibilidades en Catalunya y en Barcelona durante todo este tiempo. Las obras de la sacristía, acuerdo con el Ayuntamiento para regular la relación entre la ciudad y el templo, torres de la Virgen María y de los Evangelistas, la COVID, una brevísima y minúscula referencia (¡aleluya!) al referéndum del 1-O de 2017 e inauguración del Año Gaudí 2025.

El papa Benedicto XVI hace su entrada por la puerta de la Gloria, en el año 2010. © Agustí Codinach / Archivo Basílica Sagrada Familia

¿Termina aquí? No: un último panel nos habla exclusivamente de 2026 y hace referencia a la Capital Mundial de la Arquitectura, así como nos muestra al actual alcalde junto al obispo Omella presenciando la marcha solidaria de ambulancias hacia Ucrania. Ya lo hemos dicho: en la Sagrada Família nada es providencial.

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Jordi Cabré
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