Can Culleretes, uno de los comercios emblemáticos de Barcelona
Can Culleretes, uno de los comercios emblemáticos barceloneses que sigue al pie del cañon.

Los comercios emblemáticos luchan por sobrevivir en Barcelona

La ruta de establecimientos emblemáticos de Barcelona, comercios con alma y tradición centenaria, brega por subsistir en un entorno hostil. El grado de protección otorgado por el Ayuntamiento, que protege algunos de sus elementos de mobiliario y licencia de actividad, no ha evitado que muchos hayan echado la persiana en los últimos tiempos. La mayoría, sin embargo, sobrevivirán a la pandemia y continuarán formando parte del patrimonio cultural y comercial de la ciudad.

La vida y el carácter de una ciudad también se calibra por su paisaje comercial. En sus comercios con mayor solera se puede leer en detalle la idiosincrasia y la historia de cada urbe, especialmente en tiempos en los que la globalización ha conducido a una uniformización creciente del ecosistema de consumo a nivel global. Los bulevares comerciales de cualquier ciudad moderna se parecen cada vez más en cualquier metrópolis del planeta, con las mismas insignias colonizando las zonas prime de las mejores calles comerciales.

Por esa razón preservar y proteger los comercios que reflejan nuestro pasado es una manera de proteger el patrimonio cultural e histórico de nuestra ciudad. Con ese objetivo, el Ayuntamiento implementó en 2014 un plan específico de protección y apoyo a los establecimientos emblemáticos de la ciudad. Se seleccionaron establecimientos con sello propio, que han pasado de generación en generación conservando su carácter original. Un legado que debe conservarse, aunque no siempre resulta fácil.

La supervivencia de estos espacios está sujeta a muchos imponderables. Cuando hace unos años desaparecieron definitivamente los contratos de alquiler de renta antigua y los propietarios pudieron aplicar a las renovaciones los precios de mercado, se precipitaron los cierres de muchos comercios históricos, incapaces de asumir una vertiginosa elevación de precios, especialmente en aquellas ubicaciones en zonas prime, donde operadores con gran músculo financiero podían ofrecer precios incompatibles con modelos de negocio tradicionales.

Tras muchas de estas tiendas singulares se ocultan oficios y tradiciones artesanas heredadas de los antiguos gremios generación tras generación, y su conservación ayuda a vertebrar los barrios y también forma parte de las señas de identidad de la ciudad.

Interior de Les 7 Portes, uno de los restaurantes históricos de Barcelona
Foto de archivo del interior de Les 7 Portes, uno de los restaurantes históricos de la ciudad que siguen abiertos.

La protección municipal a los comercios emblemáticos

Debemos remontarnos a 1994 para encontrar una primera acción municipal en la dirección de proteger este delicado ecosistema comercial. A través de l’Institut Municipal del Paisatge Urbà i la Qualitat de Vida, el Ayuntamiento creó la campaña Guapos per sempre, que distinguía una primera serie de establecimientos emblemáticos. Se publicó un libro en 2003 que recogía una primera selección de comercios con más de un siglo de antigüedad, al que se sumó una adición de más de 50 establecimientos en 2012. Más de 100 comercios fueron distinguidos y señalados con placas instaladas en las aceras, frente a cada uno de estos comercios.

En 2012 la Direcció de Comerç i Consum encargó un estudio para identificar el concepto, basándose en varias categorías: fachada y arquitectura, historia, concepto de tienda, producto único, antigüedad o notoriedad. Se tomó una muestra de 454 establecimientos situados en Ciutat Vella, Eixample, Sant Andreu, Gràcia, Sant Martí, Sarrià, Sants-Montjuïc y parte de Les Corts. 118 fueron clasificados como emblemáticos y otros 154 se definieron como destacados.

En aquel censo, un 92% de los establecimientos se concentraban en Ciutat Vella y Eixample, donde también estaban el 77% de los establecimientos destacados. Las actividades comerciales más abundantes eran del sector de la restauración, farmacias, librerías-papelerías, panaderías o pastelerías, moda y alimentación.

Un 31% de todos los comercios emblemáticos o destacados se vieron afectados por la caducidad de la disposición transitoria tercera de la LAU (Ley 29/1994)

En abril del 2012 el 40% de estos establecimientos eran propiedad del comerciante que lo gestionaba. El 59% estaban en régimen de alquiler, de los cuales un 60% tenía renta antigua. Así, un 31% de todos los comercios emblemáticos o destacados se iban a ver afectados por la caducidad de la disposición transitoria tercera de la LAU (Ley 29/1994).

Esta disposición determinaba que, en el caso de contratos de renta antigua, cuando el arrendatario era una persona física, el contrato se extinguía con la jubilación o defunción del titular. Era posible la subrogación al cónyuge superviviente o a un descendiente del titular, siempre que se continuara con la misma actividad desarrollada en el local. La duración del contrato era de hasta 20 años a partir de la entrada en vigor de la ley, es decir, hasta el 1 de enero de 2015. Y si se había producido un traspaso en los diez años anteriores a la entrada en vigor de la ley, el plazo final se extendía hasta el 1 de enero de 2020. Desde esa fecha ya no existen contratos de renta antigua, por lo que las leyes del libre mercado en cuanto a precio de alquileres se aplican a todos los locales comerciales.

Antigua Casa Calicó, en el Born
La antigua Casa Calicó, en el Born, cerró por la inasumible subida del alquiler y se trasladó a Poblenou.

Ampliar la protección a la actividad comercial

Inevitablemente, las consecuencias de la situación iban a determinar la desaparición o extinción de la actividad en muchos de aquellos casos. No siempre la subida de alquileres fue el factor determinante. También otras razones han tenido un peso importante: la falta de relevo generacional o la bajada de demanda de determinados productos y servicios por los cambios sociales contribuyeron a que muchos de aquellos locales fueran echando paulatinamente el cierre. Y en otros casos, la actividad se ha trasladado a otras ubicaciones donde el peso de la renta mensual resulta más llevadera.

Sin embargo, muchos otros sobreviven y preservan una herencia muy valiosa en términos de legado histórico, patrimonio arquitectónico y valor paisajístico. La protección otorgada implica algunas ventajas para los establecimientos seleccionados, como la exención del pago del IBI, y preserva los elementos protegidos.

Otras razones han tenido un peso importante para el cierre han sido la falta de relevo generacional o la bajada de demanda de determinados productos y servicios por los cambios sociales

Pero el siguiente reto consiste en que el grado de protección incluya también la actividad comercial, incluso en caso de enajenación del inmueble. Para ello, sin embargo, sería necesario modificar la Llei de Patrimoni en el Parlament. Sin esa cobertura legal, seguiremos viendo como una caja registradora centenaria y un mobiliario modernista exquisito se pierden entre un enjambre de souvenirs baratos y camisetas del Barça.

El Plan de Actuación Municipal (PAM) vigente reconoce como objetivo estratégico el fomento y mejora de la calidad y competitividad en el sector comercial, así como su integración en los barrios de la ciudad, y resalta el reto de consolidar Barcelona como ciudad de compras internacional con señas de identidad propias, aprovechando la potencia de la marca Barcelona.

Schilling Café-Bar convertido en un Taco Bell (Barcelona)
El Schilling Café-Bar convertido en un Taco Bell.

Los cierres se van sucediendo

Pero la realidad a veces supera las buenas intenciones. Entre la publicación de la primera versión del libro Guapos per Sempre, de 2003, a la siguiente edición, de 2007, cerraron 11 de los 63 establecimientos relacionados. Y desde la edición de 2007 al estudio elaborado en 2012, otros 17 establecimientos bajaron sus persianas.

La última relación de establecimientos emblemáticos llegó en 2020 e incluía 120 locales comerciales. En el último periodo controlado, en el que la pandemia ha añadido una presión extra al tejido comercial de la ciudad con una caída radical de la actividad, han cerrado o se han trasladado de ubicación otra treintena de establecimientos emblemáticos.

El Gran Café de Barcelona, cerrado en agosto de 2020.
El Gran Café cerró en agosto de 2020.

Algunos de los cierres más recientes fueron la tienda de ajuar doméstico Coses de Casa (que se trasladó a otra ubicación, abandonando su tradicional espacio en la Plaça del Pi), o la cestería Germanes Garcia, que echó el cierre en 2019 tras más de 50 años de actividad. En muchos casos, aunque se ha preservado el mobiliario, rótulos y otros elementos protegidos, la actividad actual chirría bastante con la primigenia. Sucede, por ejemplo, en Casa Beethoven (La Rambla 97), antigua tienda de instrumentos y partituras que conserva el rótulo pero que ahora acoge a una casa de cambio de moneda y envío de remesas monetarias.

Otros establecimientos también considerados emblemáticos por el registro municipal están actualmente en venta o traspaso y su futuro se adivina incierto. De la sensibilidad de los futuros propietarios o gestores dependerá que se preserve en mayor o menor medida el espíritu y la atmósfera que los convirtió en iconos del paisaje comercial barcelonés.

Algunos establecimientos emblemáticos que se van

Cinemes Texas (Bailèn 205)

Los cierres, restricciones y limitaciones de aforo debidos a la pandemia han acabado por dar la puntilla a estos cines de barrio (Bailèn, 205) que mantenían el orgullo de seguir sobreviviendo de la mano de su director, el cineasta Ventura Pons. Asociaciones vecinales han iniciado una campaña de recogida de firmas para intentar salvar los cines, aunque su futuro es incierto.

Restaurant Sagarra (Xuclà 9)

A pocos pasos de La Rambla, también se ha visto afectado por la pandemia. La cocina tradicional catalana y los arroces y guisos que servían darán paso a otra fórmula todavía por definir. Los locales emblemáticos con licencias de restauración situados en Ciutat Vella, donde impera una severa restricción para este tipo de licencias, continuarán dedicándose a la misma actividad en casi todos los casos, aunque mantener el mismo espíritu de siempre es algo más difícil de garantizar.

El Gran Café (Avinyó 9)

A pesar de su aparente rancio abolengo, su historia como restaurante solo se remonta a 1970. Antes, y desde 1897, fue una tienda de máquinas de coser Wertheim, de cuya época conserva la lujosa decoración original. El coronavirus condenó su viabilidad económica y cerró en agosto de 2020 (formaba parte del Grupo Cacheiro desde el año 2000), pero dado que las licencias de restauración son un tesoro en Ciutat Vella a causa de la imposibilidad de obtener otras nuevas, antes o después reabrirá sus puertas como restaurante, con ese u otro nombre, en cuanto algún emprendedor se atreva a pagar el oneroso alquiler del local y el traspaso de la licencia. Lo que se mantendrá, pues está protegido, es lo que subsiste de la decoración original.

Interior de El Gran Café, en Barcelona
Interior de El Gran Café.

Schilling Café-Bar (Ferran 23)

El sector gastronómico, especialmente castigado por las restricciones de la pandemia, también registra bajas notables. El Schilling Cafè-Bar, en la calle Ferran, también sucumbió en los primeros compases de la pandemia. En pocos meses se transformó, por virtud de su localización en una de las vías más frecuentadas por los turistas, nada menos que en una franquicia de Taco Bell, para compunción de sus habituales de toda la vida. Pero incluso esta nueva encarnación del histórico local mantiene sus puertas cerradas ante la ausencia total de turistas low cost, el público al que iba destinada la nueva fórmula de fast food. Está por ver qué sucederá con el local en el futuro, aunque al menos la calificación de emblemático garantiza la conservación de algunos de los elementos protegidos.

Schilling Café-Bar de Barcelona
El Schilling Café-Bar de antes, ahora franquicia de Taco Bell.

Casa Calicó (Plaça de les Olles 9, hoy en Àvila 94)

Esta tienda que vendía artes de pesca desde 1850 en una de las mejores localizaciones del Born, en plena Plaça de les Olles, cerró sus puertas hace ya más de dos años para trasladarse al Poblenou ante la inasumible subida de alquiler tras el vencimiento del contrato existente. El local, sin embargo, sigue desocupado desde entonces, pues el estratosférico precio inicial no atrajo a nadie antes de la pandemia y tras sucesivas bajadas sigue sin resultar suficientemente atractivo para que nadie lo alquile.

Foto antigua de Casa Calicó
La Casa Calicó, en una foto antigua.

L’Olla Framir

Estaba en El Raval (Xuclà 19) y era uno de los pocos establecimientos de legumbres cocidas y platos preparados (verdaderamente) caseros a precios accesibles que quedaban abiertos en Barcelona. Cerró sus puertas tras más de medio siglo de actividad hace apenas dos meses. La razón, en este caso, fue la compra del edificio por parte de un fondo de inversiones para abrir apartamentos turísticos y la negativa subsiguiente de renovar el contrato de alquiler. El negocio continuará, pero en una ubicación aún por determinar. El propio regidor de Ciutat Vella, Andreu Rabassa, se comprometió públicamente a ayudar a encontrar un nuevo local al negocio, aunque se desconoce cómo.

Tienda L'Olla Framir de Barcelona
L’Olla Framir cerró y aún está buscando una nueva ubicación.

La Casa de les Sabatilles (Baixada de la Llibreteria 10)

En funcionamiento desde 1950, es una de las caras más tristes de los efectos de la pandemia en el tejido comercial tradicional de Barcelona. El actual propietario del negocio, Joan Carles Iglesias, hijo de los fundadores, vive pendiente de una orden de desahucio contra la que interpuso recurso. Situado en la Baixada de la Llibreteria, su negocio sobrevivía gracias a la mezcla de turistas y locales. Pero desde que hace 20 años la propiedad fue adquirida por una empresa, empezó una larga historia de mobbing inmobiliario contra el inquilino. Aunque había un pacto de subrogación del contrato entre la anterior propietaria y el padre del titular del negocio, la justicia ha determinado que la nueva propiedad no tiene por qué honrar aquel acuerdo. La tienda dispone de 12 metros cuadrados (m2) para atender al público y la propiedad solicita un alquiler mínimo de 3.700 euros, mientras que hasta ahora pagaba 1.080. Parece inevitable que otro establecimiento emblemático baje la persiana inminentemente.

La Casa de les Sabatilles en Barcelona
La Casa de les Sabatilles, en la Baixada de la Llibreteria.

…Y otros que se quedan

Can Culleretes (Quintana 5)

Es el restaurante más antiguo de Catalunya, abierto desde 1786. Sus salones han visto generaciones de barceloneses y más recientemente de turistas nutrirse de sus fogones. Su actual propietaria, Montse Agut, asegura que la pandemia les ha supuesto un trance más duro de sobrellevar que la Guerra Civil. Sin embargo, gracias a que el local es en propiedad han podido sobrevivir, además de haber apostado por las entregas de menús a domicilio. Eso sí, lo han hecho autónomamente, creando su propia página web y sin recurrir a las plataformas que dominan el mercado del delivery.

Interior de Can Culleretes, Barcelona
El interior de Can Culleretes.

Los Caracoles (Escudellers 14)

Originalmente se llamó Can Bofarull, hasta que la excelencia de sus recetas de caracoles a la llauna motivó el cambio de nombre. Sin embargo, las últimas generaciones de barceloneses lo asocian a sus inconfundibles pollos a l’ast rotando en el horno exterior del establecimiento. Fue el primero de la ciudad que cocinaba así los pollos y antes ya cocinaban en una plancha exterior cabezas de cordero y cazuelitas de capipota. Desde 1835 y durante cinco generaciones, la familia Bofarull ha mantenido sus salones abiertos a la ciudad. Por su comedor han pasado nombres tan variados como Robert de Niro, John Wayne, Jimmy Carter, Elsa Pataky, Julio Iglesias o artistas como Dalí, Picasso, Miró o Santiago Rusiñol. La pandemia también les ha afectado, pero afortunadamente su futuro está asegurado, gracias al empuje de las recientes generaciones de la familia fundadora.

Les 7 Portes (Passeig d’Isabel II 14)

Este local, situado en los Porxos d’en Xifré, es una de las mecas de la paella high class en Barcelona. Fue inaugurado en el año 1836 por el comerciante Josep Cuyàs. Tras el cierre impuesto por el confinamiento del año pasado, les 7 Portes, uno de los establecimientos emblemáticos indiscutibles del paisaje urbano barcelonés, reabrió el 8 de junio. Y lo hizo con un gran esfuerzo para garantizar la seguridad de los comensales en sus salones, una inversión especialmente intensa dadas las dimensiones del local. Medidas que incluían desde cribajes con test de antígenos a todo el personal antes de su reincorporación hasta protocolos especiales y contratación de empresas especializadas en limpieza y desinfección con los más altos estándares. Incluso programaron un ciclo de conciertos para amenizar las cenas en su terraza en un esfuerzo para hacer más atractiva la visita a sus instalaciones en tiempos de pandemia. El tesón les ha llevado a garantizar el futuro de un restaurante que seguirá siendo atractivo y un clásico tanto para visitantes como para barceloneses.

Entrada del restaurante Les 7 Portes.
Entrada a Les 7 Portes.

Cerería Lluís Codina (Baixada de la Llibreteria 7)

Si hace poco más de tres años la antigua cerería Lluís Codina, en la calle Llibreteria, que data de 1761, se transformó en tienda de alpargatas, hace pocos meses volvió a reconvertirse. Su nueva vida es como tienda de turrones Virginias, conservando intacto, eso sí, uno de los interiores más espectaculares y bien conservados de la ciudad. Un ejemplo de cómo un cambio de actividad puede ser compatible con el respeto por la historia y los valores paisajísticos.

Cerería Lluís Codina de Barcelona
La Cerería Lluís Codina se ha convertido en una tienda de turrones Virginias.

Bar Muy Buenas (Carme 63)

Un lugar emblemático que salvó su integridad por los pelos y que podría servir de ejemplo de cómo conservar nuestro patrimonio comercial. Abrió sus puertas en 1896 como bacaladería, a iniciativa del señor Ràfols, que pocos años después, en 1903, lo transformó en bodega. En 1928 se rebautizó como Bar Muy Buenas. Su destacada decoración modernista en la entrada, así como la elegante mampara de madera con cristales grabados al ácido se conservan todavía, pero solo tras superar una historia rocambolesca. Los anteriores inquilinos del local, al abandonarlo, arramblaron con todo el interior, incluyendo la decoración protegida y hasta la barra de mármol que en su momento servía para vender bacalao. Solo tras pesquisas policiales y una costosa tarea de restauración el local recuperó su esplendor pasado, y desde 2017 funciona como selecta coctelería y restaurante de cuidados platillos catalanes, de la mano del grupo La Confitería, capitaneado por Enric Rebordosa y Lito Baldovinos, especialistas en gestionar justamente antiguos locales de restauración con historia y darles una nueva vida. Cabe destacar la cuidada decoración modernista de la portalada exterior, así como la elegante mampara de madera con cristales grabados al ácido del interior.

Interior del Bar Muy Buenas en Barcelona
Interior del Bar Muy Buenas.

Farmacias con mucha historia

Las farmacias son de los pocos establecimientos comerciales que no han sufrido ningún soponcio existencial a causa de la pandemia e, incluso, han experimentado un repunte en el negocio gracias a la demanda masiva de mascarillas y geles hidroalcohólicos. La estabilidad del sector, por lo demás regulado y en muchos casos en manos de familias propietarias del local, permite que se hayan mantenido muchas de ellas prácticamente incólumes a lo largo de generaciones.

De las que se incluyen en el catálogo de establecimientos emblemáticos, destacan algunas, como la Farmàcia La Rambla Barcelona (La Rambla 44), abierta desde finales del siglo XIX como Farmacia Colón, que ya se anunciaba en el Diario de Barcelona en 1881. La actual titular la regenta desde 1975. La Farmacia Costa Codina (Gran Via 566) destaca por su decoración interior con una refinada ebanistería y grandes pinturas en el techo. La Farmacia de La Llana (Plaça de la Llana 11) está documentada desde 1710. Ganó notoriedad cuando Josep Cases —reputado farmacéutico— inventó la “solución Cases”, un reconstituyente para múltiples enfermedades y dolores. Se conserva la decoración modernista proyectada en 1910.

Pero la más antigua de Barcelona, la Farmacia Padrell (hoy se llama Fonoll, situada en Sant Pere més Baix 52), con una primorosa decoración premodernista a cargo del maestro cristalero Joan Espinagosa i Farrando que data de 1890, curiosamente no ha merecido ningún grado de protección municipal, a pesar de que su actividad se remonta a 1561 —se encontraba originalmente en otra ubicación cercana, arrasada por las tropas de Felipe V en la Guerra de Sucesión—.

Farmacia Padrell en Barcelona
La Farmacia Padrell no ha obtenido ninguna protección municipal.