Catalunya, 83 empresas, 237 millones de euros y una ambición: cortar el bacalao en el espacio

Uno de los nanosatélites de la compañía Open Cosmos en el espacio exterior.
Uno de los nanosatélites de la compañía Open Cosmos en el espacio exterior.

Soberanía, colaboración y talento son los tres ingredientes de la receta que propone la sexta edición del Space Economy Congress, celebrado en Barcelona, para que Cataluña y Europa puedan ganar peso en la carrera espacial

10 de julio de 2026 a las 05:30h

Infraestructuras. Economía. Comunicaciones. Soberanía. Durante muchos años, estos conceptos solo se podían entender desde la Tierra. Hoy, en cambio, dependen cada vez más de lo que ocurre más allá de la atmósfera. El espacio ha dejado de ser un escenario reservado a los astronautas, los cohetes y la ciencia ficción para convertirse en un ámbito estratégico desde donde se deciden cuestiones tan cotidianas como las comunicaciones, la navegación, la seguridad o la competitividad económica. 

Es en este contexto que en los últimos años ha ganado fuerza el concepto de new space, o nueva economía del espacio, para describir una industria que moviliza inversiones millonarias, impulsa nuevas empresas y concentra una competencia creciente entre gobiernos y grandes corporaciones de todo el mundo. Una economía que, a pesar de llevar la etiqueta de "nueva", en realidad no lo es tanto: hace décadas que diferentes países y empresas compiten por dominar el espacio. La diferencia es que esta carrera ha dejado de ser solo una cuestión de prestigio científico —de ver quién llegaba primero o quién llegaba más lejos— para convertirse en una batalla tecnológica e incluso geopolítica. 

Pero, ¿por qué esta urgencia por dominar el espacio? ¿No basta con afrontar los retos económicos que los humanos tienen en la Tierra? Para Maria Antonietta Perino, directora de Economía Espacial, Exploración y Red Internacional de Thales Alenia Space, el principal fabricante europeo de satélites, la respuesta es clara: "Vamos al espacio para mejorar la vida en la Tierra". Un objetivo que, según ha defendido, va mucho más allá de la exploración científica. "Volver a la Luna es mucho más que dejar una huella. Si volvemos es para construir una economía estable y garantizar el futuro de las próximas generaciones", ha añadido.

La ingeniera lo ha afirmado ante un auditorio lleno de directivos, representantes de startups, centros tecnológicos y responsables políticos reunidos en la sexta edición del Space Economy Congress, el congreso organizado por la Cambra de Comerç de Barcelona que hasta este viernes convierte la Llotja de Mar en el principal punto de encuentro del sector espacial en Catalunya. A lo largo de la jornada, las referencias a la geopolítica, a la necesidad de reforzar la soberanía tecnológica europea y a la construcción de una industria espacial propia han monopolizado buena parte de los debates.

Porque, en realidad, dominar el espacio tiene implicaciones mucho más cotidianas de lo que parece a primera vista. Los satélites hacen posible las comunicaciones en todo el planeta, pero también pueden dejar incomunicadas infraestructuras críticas, como hospitales o servicios de emergencia, si estas capacidades fallan o quedan en manos de terceros. También son imprescindibles para la navegación por GPS, imprescindible para el transporte por mar, aire y tierra, y para monitorizar el territorio, detectando con antelación situaciones de alto riesgo de incendio —como los de estos días en Catalunya— o episodios de sequía y estrés hídrico. Aplicaciones que a menudo pasan desapercibidas o no se asocian a estos aparatos que sobrevuelan la atmósfera, pero que explican por qué el espacio ha dejado de ser solo una cuestión científica para convertirse en una estrategia económica y política. 

Sala blanca de la catalana Sateliot. © Sateliot

Catalunya, rumbo al espacio

Es precisamente esta importancia creciente la que explica por qué Europa quiere reducir su dependencia exterior en unas infraestructuras cada vez más críticas. En un sector donde Estados Unidos y China continúan liderando buena parte de las capacidades espaciales, y donde grandes operadores privados como SpaceX están redefiniendo las reglas del juego, Europa aspira a reforzar su autonomía y a disponer de tecnologías propias. 

"Quien no está en la mesa, está en el menú", ha resumido gráficamente Jorge del Río, oficial de Asuntos Científicos de la Oficina de las Naciones Unidas para los Asuntos del Espacio Ultraterrestre. Los actores reunidos en la Llotja de Mar tienen claro que Catalunya —y, por extensión, Europa— no quiere formar parte del menú, sino sentarse en la mesa y cortar el bacalao en las decisiones que marcarán el futuro de la economía espacial. 

Maria Antonietta Perino: "Vamos al espacio para mejorar la vida en la Tierra"

En este contexto, no es extraño, pues, que la palabra "soberanía" se haya convertido en el gran hilo conductor del congreso. Desde la sesión inaugural hasta el último debate de la mañana, el concepto se reiterado prácticamente en todas las intervenciones. Pero esta soberanía no es solo un objetivo político: también se traduce en proyectos concretos. A escala europea, programas como Copernicus —dedicado a la observación de la Tierra—, Galileo —el sistema europeo de navegación por satélite—, o la futura constelación IRIS² son algunos de los pilares con los que la Unión Europea quiere reforzar su autonomía estratégica. Los representantes del sector, sin embargo, coinciden en que este esfuerzo debe intensificarse. "Necesitamos programas, necesitamos contratos, necesitamos ambición y presupuesto. Y lo necesitamos ahora", ha reclamado Sandra Mingot, responsable de los Programas Espaciales de la UE y de Defensa en Sener Aerospace & Defence.

Constelación de satélites de Sateliot, una de las grandes empresas catalanas del sector. 

Dentro de Europa, Catalunya también quiere ganar peso en esta nueva economía del espacio. Lo hace con un sector que no ha dejado de crecer en los últimos años y que ya suma 83 empresas dedicadas a las tecnologías del espacio, más del triple que en 2019. Son los últimos datos del informe que ha presentado ACCIÓ, en colaboración con la Secretaria de Polítiques Digitals y el Institut d'Estudis Espacials de Catalunya (IEEC), coincidiendo con el Space Economy Congress. 

En conjunto, estas compañías facturan 237 millones de euros y dan empleo a 1.822 profesionales. La mayoría son pequeñas y medianas empresas —casi tres de cada diez son startups y más de la mitad tienen menos de diez años de vida—, pero con una clara vocación internacional: una de cada tres ya exporta. Según el conseller d'Empresa i Treball, Miquel Sàmper, estos datos "ponen de manifiesto el potencial del sector espacial como motor de crecimiento industrial, de atracción de inversión y de creación de puestos de trabajo cualificados".

Miquel Sàmper durante su intervención en el Space Economy Congress.

Es este ecosistema, precisamente, el que el Govern quiere proyectar al mundo con la candidatura de Barcelona para acoger el International Astronautical Congress (IAC) de 2029, el principal encuentro mundial del sector espacial. La candidatura, impulsada con el apoyo de la Agencia Espacial Española, competirá con Houston y Ginebra y se defenderá este octubre durante el congreso que tendrá lugar en Antalya (Turquía). Para Sàmper, acoger el IAC representa "una oportunidad estratégica para hacer crecer aún más el ecosistema catalán del espacio, atraer inversión, negocio y reconocimiento global".

Una oportunidad, también, para convertir Catalunya en el punto de encuentro de un sector que, precisamente, reclama más coordinación entre todos sus actores. No es casualidad que, si la soberanía ha sido el gran concepto del congreso, la colaboración haya sido el segundo. Contratos públicos, más inversión, cooperación entre grandes empresas y startups y una coordinación más estrecha entre gobiernos, industria y centros tecnológicos han sido algunas de las recetas que más se han repetido a lo largo de la jornada.

Imágenes de la Tierra desde la estación espacial internacional. 

Una carrera que se gana en equipo

"Si no avanzamos juntos, no cambiaremos el mundo. Necesitamos aprovechar lo mejor de cada país para construir la mejor Europa", ha resumido Mingot. El principal obstáculo para que esta colaboración sea efectiva no es, a juicio de Jaume Sanpera, fundador y consejero delegado de Sateliot, un exceso de regulación europea, sino la fragmentación entre los diferentes países. Es aquí donde las administraciones públicas y los gobiernos juegan un papel fundamental. Tal como ha advertido del Río, deben ser los responsables de "crear el entorno adecuado para que aparezca la innovación". "No basta con desarrollar tecnología; también tenemos que crear talento", ha añadido.

Precisamente, el talento ha sido el otro gran reto que ha sobrevolado las diferentes sesiones del congreso. Sin profesionales cualificados, han coincidido varios ponentes, la soberanía tecnológica y la competitividad europea difícilmente se podrán consolidar. "La clave es tener a las personas adecuadas en los lugares adecuados, investigando y transformando este conocimiento en nuevas tecnologías", ha remarcado Pol Llorca, jefe de Desarrollo de Negocio de Airbus GeoTech. En la misma línea, Carlos Álvarez, director de Misiones de Navegación en Indra Space, ha advertido que "las tecnologías evolucionan tan rápido que necesitamos ingenieros con una mentalidad abierta, capaces de imaginar y desarrollar infraestructuras que hoy todavía no existen". 

Soberanía. Colaboración. Y talento. Son las tres grandes recetas que ha dejado el Space Economy Congress. Las tres condiciones indispensables para que Catalunya no acabe formando parte del menú, sino que pueda sentarse en la mesa y cortar el bacalao en una carrera geopolítica, tecnológica y económica que hace décadas que empezó.