Para una empresa científica, encontrar espacios e instalaciones adecuadas para desarrollar sus investigaciones puede ser una tarea complicada: laboratorios, salas blancas, equipos punteros son elementos que no se encuentran ni se pueden instalar en cualquier oficina. En este contexto, y ante el dinamismo del ecosistema científico barcelonés, el SID Barcelona emergió hace poco más de un año como el primer centro privado de ciencia e innovación de Barcelona, con espacios diseñados mirando a las ciencias de la vida y a la innovación.
Ubicado a las puertas de Barcelona, entre Esplugues de Llobregat y Sant Joan Despí, el SID es ahora de punto neurálgico con empresas líderes e instituciones académicas, con una treintena en total, que incluyen multinacionales como Bayer, startups como Aortyx —reciente ganadora de la Nit de Catalonia.health—, e instituciones de primer nivel como Sant Joan de Déu, que ha trasladado parte de su I+D al SID —con siete grupos de investigación—, además de empresas que vienen de centros de investigación, como Poseidona. “Conseguimos atraer proyectos muy potentes al campus”, destaca Pilar Gil, coCEO del grupo junto a Javier de Pablo.
A través de estas empresas, más de mil personas trabajan en el campus, formado por cinco edificios que suman más de 75.000 metros cuadrados. “Incluyen laboratorios de última generación, oficinas, sedes corporativas y edificios con servicios especializados”, destacan los dos directores de la compañía, que cuenta también con campus en Madrid, abierto en 2021. Poco después llegó el de Barcelona, ahora con el fondo Stoneshield Capital y Colonial.
Ahora, el campus ejerce de polo de atracción para empresas científicas, tanto locales que quieren crecer como internacionales que buscan desembarcar en Barcelona. “Crecimos muy rápido en Barcelona, sobre todo en la parte de laboratorios, porque había mucha demanda no cubierta”, resalta Gil: “Estamos en el 90% de ocupación en el área de laboratorios”, remarca.
Pista de aterrizaje para empresas internacionales
El SID desempeña un papel relevante en esta atracción de empresas internacionales. La compañía, de hecho, se coordina con Acció y con Barcelona Global para facilitar el desembarco de compañías extranjeras a Catalunya. “Cuando llega el momento de hablar de infraestructuras, nuestro campus es una buena opción para aterrizar”, destaca Gil, ya que se adapta a las exigencias técnicas de las empresas y a los equipos que necesitan: “Somos un facilitador para que ese aterrizaje sea posible”. Y De Pablo va más allá: “Somos la casa de la ciencia y la innovación en Catalunya”.
Disponer de estos espacios es clave para facilitar el crecimiento del ecosistema, en un contexto en el que “en España, tradicionalmente, los espacios de ciencia e innovación habían sido públicos”, explica el directivo. “Cuando las compañías querían crecer, no encontraban acomodo en el ámbito privado”, y esa falta de espacios llevaba a las empresas a asumir inversiones inmobiliarias millonarias para poder escalar, y es ahí donde SID buscó su espacio, ofreciendo a las empresas científicas las instalaciones que necesitan para seguir desarrollándose.
“Somos como sastres: nos adaptamos a las necesidades de cada empresa”, resume De Pablo. Así, ofrecen soluciones llave en mano ---desde unos pocos metros cuadrados hasta grandes superficies---, con capacidad para acompañar a las compañías en cada fase de su expansión. Y no todo se queda en la oficina: “Ofrecemos laboratorios privativos adaptados al tamaño y al equipo científico de cada empresa, pero también facilities compartidas que operamos y gestionamos nosotros”, explica Gil. Salas de cultivo celular, espacios de bioquímica, lavado de material, suministro de gases técnicos o gestión centralizada de residuos biológicos y químicos forman parte de un engranaje que opera más como un centro de investigación con múltiples proyectos que como un edificio de oficinas.
Esa doble pata inmobiliaria y científica es, según Gil, la gran fortaleza del proyecto. “Las empresas prefieren destinar su tesorería a su desarrollo y su negocio, no a comprar un edificio. Y para las extranjeras, adquirir terreno o instalaciones en un nuevo país es mucho más arriesgado que firmar un alquiler con expertos”, señala.
Porque el SID no se limita a alquilar espacios. “Son ecosistemas vivos que dinamizamos”, apunta Gil. Para hacerlo, el campus organiza eventos, fomenta sinergias internas y actúa como plataforma de visibilidad en foros sectoriales como BioSpain, donde acompañan a sus empresas con stands propios.
Ahora, el grupo analiza nuevas oportunidades para ampliar el campus actual y no descarta operaciones de adquisición, incluso integrando instalaciones de empresas que quieran vender sus activos para seguir creciendo bajo el paraguas del distrito. Lo hace en un momento en que Barcelona está determinada a consolidarse como uno de los grandes hubs europeos de ciencias de la vida, con un engranaje en el que el SID aporta infraestructura, equipos y conocimiento para dar espacio a la ciencia y su crecimiento.
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