El BSC anticipa los fenómenos climáticos extremos con supercomputación

Supercomputador del BSC © Àngel Bravo
Supercomputador del BSC © Àngel Bravo

El centro impulsa 21 proyectos internacionales para anticipar incendios, sequías, inundaciones y riesgos para la salud con más de 21 millones de euros de financiación

05 de agosto de 2026 a las 07:52h

Los fenómenos climáticos extremos ya no son excepcionales. Incendios forestales, sequías prolongadas, inundaciones u olas de calor forman parte de una nueva realidad que obliga a anticiparse más que a reaccionar. Es precisamente en este terreno donde el Barcelona Supercomputing Center – Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS) está concentrando buena parte de sus esfuerzos.

El centro participa actualmente en 21 proyectos de investigación que utilizan la supercomputación para predecir estos episodios, entender sus impactos y desarrollar herramientas que ayuden a administraciones, servicios de emergencia y empresas a tomar decisiones antes de que los riesgos se materialicen. En conjunto, estas iniciativas movilizan más de 21 millones de euros para el BSC, procedentes principalmente de programas europeos, del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, de la Generalitat y de diversas agencias espaciales.

El objetivo es transformar millones de datos meteorológicos, ambientales y socioeconómicos en información útil. Desde mapas de riesgo y sistemas de alerta temprana hasta simulaciones capaces de prever cómo evolucionará un incendio, qué infraestructuras pueden resultar afectadas o qué colectivos serán más vulnerables ante una ola de calor.

Un helicóptero de Bomberos de la Generalitat en un incendio. © Arnau Martínez / ACN -

Del fuego a la salud

Una de las principales líneas de trabajo se centra en los incendios forestales. El proyecto EUBURN-RISK desarrolla modelos que simulan a la vez la propagación del fuego y el desplazamiento del humo, mientras que MEDEWSA combina observaciones, modelos climáticos e inteligencia artificial para generar alertas tempranas ante incendios, sequías, inundaciones o episodios de calor extremo, especialmente en la cuenca mediterránea.

La investigación también llega al sistema energético. Con PRISMAS, el BSC estudia cómo los fenómenos climáticos pueden afectar la producción de energías renovables y la red de transporte eléctrico en España, mientras que Destination Earth, una de las grandes iniciativas digitales de la Unión Europea, desarrolla gemelos digitales del planeta para simular con gran precisión diferentes escenarios climáticos.

Los proyectos abarcan igualmente el Ártico y la salud pública. ICEBERG analiza los efectos combinados de la contaminación y el cambio climático sobre ecosistemas vulnerables como Groenlandia, Islandia y Svalbard. Paralelamente, IDAlert e IDExtremes investigan cómo los fenómenos extremos pueden favorecer la aparición de enfermedades sensibles al clima, mientras que CLIMATICAT pone el foco en Cataluña para estudiar los efectos del cambio climático sobre la salud física y mental de la población.

El papel del MareNostrum 5

En el centro de todas estas iniciativas se encuentra el MareNostrum 5, una de las infraestructuras de supercomputación más avanzadas de Europa. Su capacidad de procesar enormes volúmenes de información permite ejecutar modelos de una complejidad inalcanzable con sistemas convencionales y explorar múltiples escenarios futuros.

Los fenómenos climáticos extremos provocaron pérdidas de cerca de 822.000 millones de euros en la Unión Europea entre 1980 y 2024

Esta potencia de cálculo permite ir más allá de la predicción meteorológica. Los investigadores pueden estimar cómo evolucionará un incendio, por dónde se dispersará el humo, qué infraestructuras quedarán más expuestas o qué medidas pueden reducir su impacto. En definitiva, convertir la supercomputación en una herramienta de prevención y adaptación ante uno de los grandes retos globales de las próximas décadas.

Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, los fenómenos climáticos extremos provocaron pérdidas de cerca de 822.000 millones de euros en la Unión Europea entre 1980 y 2024, una cuarta parte de las cuales solo en los últimos cuatro años. Un contexto que refuerza el papel de centros como el BSC, desde donde Barcelona aspira a convertir la investigación y la tecnología en herramientas útiles para construir territorios más resilientes.

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