La belleza de entender

Barcelona acoge estos meses una exposición que parte de una pregunta: ¿qué es exactamente  la belleza? El CCCB presenta El culto a la belleza, una muestra que recorre cómo se han construido los ideales estéticos a lo largo de la historia y cómo esos ideales han dejado fuera muchos cuerpos, rostros y formas de estar en el mundo. 

Siempre que voy a exposiciones tomo notas. Incluso en los free tours de las ciudades. Pues bien, en mis notas de esta exposición escribí: Richard Feynman y la flor. Mi cabeza hizo esa asociación y, al llegar a casa, desarrollé la idea. 

Feynman, premio Nobel de Física, contaba que tenía un amigo pintor que no entendía su forma de mirar el mundo. Un día, el amigo tomó una flor y le dijo: “Mira qué hermosa es”. Feynman estaba de acuerdo. La flor era hermosa. Pero entonces el pintor añadió que él, como artista, podía ver su belleza, mientras que Feynman, como científico, se limitaba a desarmarla y analizarla. 

Feynman pensaba justo lo contrario. 

Él también veía la belleza de la flor, pero su conocimiento le permitía ver capas adicionales. Podía imaginar sus células, los procesos invisibles que la mantenían viva y la compleja relación entre sus colores y los insectos que la polinizan. Saber más no destruía la belleza de la flor. Era lo que le permitía verla con más profundidad. 

Durante la exposición del CCCB me moví entre esas dos ideas, y por eso me vino Feynman a la  cabeza. Al principio sentía que analizar la belleza la volvía más fría. Pero la realidad es que, cuando entiendes cómo se construye una idea de belleza, empiezas a verla mejor. Ves lo que antes dabas por hecho, te das cuenta de qué parte de tu gusto es realmente tuya y entiendes  qué imágenes se han convertido en norma y qué formas de belleza han quedado fuera del marco. 

Comprender no empobrece la experiencia. Le añade capas. 

Feynman aprendió eso desde pequeño. Su padre le enseñaba a traducir lo abstracto a algo concreto. Si la enciclopedia decía que un dinosaurio medía siete metros y medio, su padre lo convertía en una imagen: si estuviera delante de casa, podría meter la cabeza por la ventana del  segundo piso. Eso es comprender. 

Por eso una buena explicación da orden y profundidad a las cosas sin destruir su magia. Un músico no disfruta menos de una canción por conocer su estructura, ni un estudiante aprende peor por comprender cómo funciona su memoria. Al contrario, la comprensión añade precisión, genera mejores preguntas y multiplica el asombro. 

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Una de les imágenes de la exposición El culto a la belleza en el CCCB. 

La exposición nos recuerda que la belleza también está en las preguntas que nos obligan a revisar cómo hemos aprendido a admirarla. 

El conocimiento siempre suma. No te conformes con mirar la belleza: atrévete a entenderla.

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Ferran Ballard
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