Barcelona, 10.000 arquitectos y una gran pregunta: ¿cómo será la ciudad del futuro?

Una de las actividades del Congreso Mundial de Arquitectura en las Tres Xemeneies. © UIA
Una de las actividades del Congreso Mundial de Arquitectura en las Tres Xemeneies. © UIA

El Congreso Mundial de Arquitectos de la UIA reúne en la ciudad a más de 10.000 arquitectos de todo el mundo, convirtiendo a la capital catalana en la única ciudad que ha acogido esta cita en dos ocasiones. Un encuentro que quiere ir más allá de los cinco días de congreso y dejar una huella tanto en la ciudad como en el futuro de la arquitectura

01 de julio de 2026 a las 14:36h

Barcelona es una ciudad de congresos. Cada año, miles de profesionales llegan a la capital catalana para debatir sobre medicina, tecnología, telecomunicaciones o investigación. Muchas de las conversaciones que mantienen durante esos encuentros acaban influyendo en proyectos, empresas o avances que verán la luz meses —e incluso años— después, aunque no siempre sea fácil percibir qué ocurre dentro de esas salas y qué impacto tienen fuera.

Esta semana —hasta el jueves 2 de julio— Barcelona acoge uno de esos congresos que, aunque duren solo unos días, pueden marcar debates que continúan mucho después. Más de 10.000 arquitectos, urbanistas, investigadores y estudiantes de 130 países participan en el Congreso Mundial de Arquitectos de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA), la gran cita internacional de una disciplina que ya no se limita a imaginar nuevos edificios, sino que debate cómo transformar, conservar y hacer más habitables las ciudades.

Pero, más allá de las cifras de asistencia y del impacto económico que genera en la ciudad, ¿qué ocurre realmente dentro de esos cinco días y qué queda después? ¿Qué ideas intercambian estos 10.000 arquitectos en las sesiones plenarias, en los pasillos o durante las conversaciones que continúan cuando terminan las conferencias? ¿Cuáles acabarán influyendo en la manera en que se transformarán las ciudades? ¿Y qué permanecerá cuando los congresistas regresen a casa?

Barcelona no es una sede elegida al azar. Es la única ciudad del mundo que ha acogido esta cita en dos ocasiones y llega al congreso en un momento simbólico, coincidiendo con el Año Gaudí, un legado arquitectónico que todavía define la imagen internacional de la ciudad. Sin embargo, el contexto actual es muy distinto al que vivía en 1996, cuando fue la sede del congreso por primera vez. Entonces, la ciudad estaba inmersa en la transformación urbana posterior a los Juegos Olímpicos. 

Treinta años después, la mirada es distinta. El debate arquitectónico ya no gira solo en torno a grandes transformaciones urbanas como la de los Juegos Olímpicos, ni siquiera en torno a cómo construir mejor, sino que también se ocupa de temáticas a menudo más invisibles, como, por ejemplo, cómo rehabilitar edificios existentes, conservar el patrimonio, reducir el impacto ambiental o responder ante la crisis de la vivienda. El propio lema del congreso de esta edición —Becoming. Architectures for a Planet in Transition— resume este cambio: la arquitectura ya no se entiende únicamente como un objeto terminado, sino como un proceso abierto y en transformación.

Una de las sesiones del Congreso Mundial de Arquitectura en el CCIB. © UIA

Basta con recorrer durante unos minutos los pasillos del Centre de Convencions Internacional de Barcelona (CCIB), uno de los epicentros del congreso, para comprobarlo. Varias sesiones se celebran en paralelo y muchas se llenan antes incluso de comenzar. Las temáticas van desde cuestiones concretas, como el uso de materiales como la madera, la piedra o la cerámica, hasta debates más amplios sobre vivienda social o perspectiva de género en la arquitectura.

La diversidad de temáticas también atrae a una gran diversidad de perfiles —desde arquitectos reconocidos llegados desde países como Estados Unidos, México o Bangladesh hasta profesionales locals o estudiantes que buscan aprender o crear contactos— que acuden al congreso por diversas razones. Para algunos, es una oportunidad para conocer proyectos y profesionales relevantes, incluidos algunos de los nombres más reconocidos del panorama internacional de la arquitectura. Para otros, el valor está en las conversaciones que nacen tanto en las sesiones plenarias como fuera de ellas, donde se extienden los encuentros informales. 

Asistentes al Congreso Mundial de Arquitectura en el CCIB. © UIA

El legado más allá de las ponencias

Pero si las razones para asistir al congreso son múltiples, también lo son las razones por las que Barcelona busca acoger una cita de esta dimensión. Más allá del impacto económico inmediato que generan miles de visitantes durante unos días, el valor está en situar a la ciudad en el centro del debate internacional. Durante esta semana, quien quiera entender hacia dónde va la arquitectura tiene una cita ineludible en la capital catalana.

Las sesiones no solo sirven para entender el futuro de la arquitectura global, sino que también pueden traducirse en aprendizajes locales. Así, Barcelona puede mirar, por ejemplo, hacia Viena, donde alrededor del 60% de la población vive en vivienda social, tal y como ha explicado Silvia Hofer, directora de Wohnfonds Wien, la entidad pública que coordina la estrategia de vivienda de la capital austríaca, en una de las sesiones. 

El contraste con Barcelona pone sobre la mesa uno de los grandes retos urbanos actuales: en España la vivienda social apenas alcanza el 2%, mientras la capital catalana afronta dificultades para ampliar ese porcentaje por factores como “la falta de suelo disponible o unos procesos administrativos largos —que pueden alargarse hasta 7 años—”, según ha señalado Josep Maria Borrell, director del IMPSOL, el organismo del Área Metropolitana de Barcelona dedicado a impulsar vivienda pública. Más que copiar un modelo concreto como el de Viena, los debates sirven para entender qué herramientas han funcionado en otros contextos y cuáles podrían adaptarse a las necesidades de Barcelona.

El legado, sin embargo, va más allá del CCIB. También sirve para reivindicar el patrimonio arquitectónico de la ciudad, la única que ha acogido en dos ocasiones el Congreso Mundial de Arquitectos desde que la UIA empezó a organizarlo en 1948. Un patrimonio que no se limita a las postales modernistas de Gaudí, sino que se extiende por todo el territorio urbano. Así, los itinerarios organizados durante el congreso invitan a descubrir espacios que normalmente quedan fuera de los circuitos turísticos, desde instituciones científicas como el Parc de Recerca Biomèdica de Barcelona hasta nuevas promociones de vivienda social.

Más allá de estos itinerarios, el congreso también sale del CCIB a través de exposiciones y actividades gratuitas, como la muestra del DHub, que reúne proyectos de los 54 países miembros de la UIA. E incluso con iniciativas que tendrán una huella física en la ciudad, como el concurso para intervenir en diez medianeras de Barcelona que transformarán diez paredes de los diez districos de la ciudad. 

Asistentes a una de las sesiones plenarias del congreso. © UIA

Las Tres Xemeneies y la ciudad del futuro

Además, el congreso también pone la mirada sobre un espacio que durante años ha quedado fuera del debate urbano: las Tres Xemeneies de Sant Adrià de Besòs, un antiguo símbolo industrial que afronta ahora una nueva etapa de transformación con el objetivo de convertirse en un futuro gran hub audiovisual. Construidas en la década de los años setenta y en funcionamiento hasta 2011, las chimeneas estuvieron durante años amenazadas de desaparición. La presión vecinal permitió conservarlas y, en 2024, la Bienal de arte contemporáneo Manifesta las abrió por primera vez —gracias a una gran reforma— y las situó de nuevo en el mapa cultural de la ciudad.

Ahora, el Congreso Mundial de Arquitectos se convierte en el segundo gran evento internacional que utiliza su interior como espacio expositivo, con una muestra de 4.000 metros cuadrados dedicada a pensar el futuro de la arquitectura. La exposición, que también abrirá al público general de forma gratuita tras el congreso, permite descubrir un interior industrial donde todavía conviven las huellas del pasado industrial —con múltiples carteles o pintadas en las paredes—. 

Exposición en el interior de las Tres Xemeneies. © UIA

Pero las Tres Xemeneies son también el escenario de una de las imágenes que seguramente quedarán en la memoria del congreso: los Open Forum, un espacio que cada tarde traslada el debate fuera de las salas profesionales y lo convierte en una conversación abierta frente al mar. Arquitectos que durante el día han participado en las sesiones profesionales se sientan en el Open Forum frente a las preguntas de los asistentes. Así aparecen cuestiones que difícilmente surgirían en una sesión más técnica: “¿Debemos conservar las esculturas de los dictadores del pasado como vestigio para no olvidar o eliminarlas para evitar que vuelvan a repetirse?”, pregunta uno de los asistentes. “¿Cómo se reconstruye una ciudad cuando ha sido destruida por la guerra?”, plantea otro.

Las respuestas no siempre son compartidas, pero precisamente ahí está el valor del debate, porque cuando los más de 10.000 arquitectos regresen a sus países y las salas del CCIB vuelvan a vaciarse, los debates de estos días continuarán en nuevos proyectos, en otros espacios y en otras ciudades. 

Uno de los momentos del Open Forum en les Tres Xemeneies. © UIA

Y quizás cuando Barcelona vuelva a acoger el Congreso Mundial de Arquitectos —tal vez dentro de tres décadas, como en esta segunda edición— la ciudad pueda mirar atrás y ver las huellas físicas de aquellas conversaciones: unas Tres Xemeneies transformadas en un nuevo espacio de eventos y producción audiovisual, diez medianeras completamente transformadas e incluso nuevos proyectos nacidos de las conexiones creadas durante el congreso. 

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