Una estructura de luz y plantas para sumergirse en el debate sobre el Delta de l'Ebre a través de sus sedimentos; una ciudad que decide vivir de noche para huir del calor; la determinación de que las personas mayores puedan bailar techno como símbolo de la accesibilidad; referencias a la presencia militar en Gaza. Todo, a través de la arquitectura. Y todo, dentro del gran complejo laberíntico de las Tres Xemeneies de Sant Adrià, como una constelación de ideas que orbitan sobre una misma premisa: la arquitectura no va solo de paredes y planos, sino que forma parte de la respuesta a los grandes retos del presente.
Queda reflejado en el mismo lema del Congreso Mundial de la Arquitectura, que se ha extendido a la antigua sala de turbinas y al exterior de las chimeneas: Becoming. Architectures for a Planet in Transition. Como ocurre en el laberinto del recinto, el camino para abordar estos retos no es único, pero la mirada va dirigida hacia un mismo objetivo, el de contribuir a dar respuesta a los retos de la actualidad. El congreso los ha desgranado en seis ejes, que van desde la interrelación de arquitectura con la naturaleza, las interdependencias entre territorios, la conciencia ambiental, los materiales, la circularidad y nuevas formas de proyectar las ciudades.
De cada uno de estos ejes, han emergido dos propuestas que son las que ahora invitan a reflexionar desde las Tres Xemeneies. El hecho de convertir la antigua central térmica en un espacio expositivo —como ya se ensayó con Documenta—, es de por sí una declaración de intenciones y una prueba de cómo la arquitectura se propone avanzar hacia espacios más humanos: "Estar aquí es como un manifiesto, para demostrar que estamos aquí para hacer la arquitectura más humana”, destaca la decana del Colegio de Arquitectos de Catalunya (COAC), Sandra Bestraten. Así, todo el reto que afronta el congreso y la mirada humana con que lo asume queda resumido, como un símbolo, en el recinto industrial. Lo hace con 12 propuestas que harán de hilo conductor para dinamizar el debate durante el congreso de la International Union of Architects (UIA). Aunque la exposición es una pieza central del congreso, se extenderá más allá: una vez termine la cita internacional, la muestra quedará abierta a la ciudadanía durante todo el mes de julio.
Con las 12 propuestas, la exposición invitará a los visitantes —sean congresistas o vecinos— a hacerse preguntas, como un resumen condensado de interrogantes que marcan el presente y futuro de la sociedad, y de la arquitectura. El edificio, con sus diferentes niveles, escaleras y pasillos que se entrecruzan y que se interrumpen, invita a saltar de una idea a otra, para generar un debate que durante el congreso se enriquecerá con sesiones de Open forum, diseñadas como un espacio de debate colectivo.
En este espacio, ha sido clave, naturalmente, la arquitectura en sentido amplio, ya que se ha proyectado teniendo en cuenta el entorno y las condiciones climáticas —cerca del mar y con el calor de un final de junio sofocante—. Las gradas, con capacidad para 1.500 personas, se han situado estratégicamente para que queden a la sombra de las tres imponentes chimeneas cuando empiecen los debates. Serán por la tarde, después de la jornada más congresual en el CCIB, a pocos minutos en tranvía. Un poco más allá, el Disseny Hub convierte Glòries en la tercera sede del congreso, donde se exhibirán proyectos pensados por los 54 países miembros de la UIA, abiertos al público.
Y es que el congreso, a diferencia de la primera edición que acogió Barcelona hace 30 años, se ha concebido como una cita abierta a la ciudadanía. En medio de la Capitalidad Mundial de la Arquitectura y del Año Gaudí, la ciudad se ha convertido en la primera en repetir como sede del congreso, que aspira a reunir no solo a profesionales del sector: “Queremos que los debates lleguen a la ciudadanía”, según Bestraten.

La exposición de las Tres Xemeneies permitirá llevar este debate más allá del congreso. La cita, presidida por Marta Vall-llossera y comisariada por los arquitectos Pau Bajet, Mariona Benedito, Maria Giramé, Tomeu Ramis, Pau Sarquella y Carmen Torres, se ha construido a través de investigaciones desarrolladas durante un año por equipos internacionales, que se han reunido en diversos talleres en la segunda planta del recinto industrial, reconvertido en un laboratorio de arquitectura.
De este laboratorio han emergido las intervenciones que se exponen ahora en el complejo, que dibujan un mapa de preocupaciones heterogéneo que quieren englobar los retos actuales. Desde la protección de las costas ante la subida del mar hasta investigaciones sobre la escasez del agua, pasando por el envejecimiento, lo hacen planteándose interrogantes como son qué tiene que hacer una ciudad como Tokio para adaptarse a la subida de temperaturas, fijándose en cómo otras urbes más acostumbradas al calor, como El Cairo y Río de Janeiro, se han ido volviendo más nocturnas para esquivar las altas temperaturas.

Y es que las investigaciones parten de preguntas tan peculiares como plantearse cómo las personas mayores pueden bailar techno. No como un juego o una anécdota, sino estudiando cómo aquellos que bailaban techno en su juventud ahora ya se mueven y se cansan de manera diferente, pero pueden querer continuar bailándolo sin encontrar el espacio donde hacerlo. Con espacios de descanso y con temperaturas distintas, la propuesta pone la arquitectura al servicio de la accesibilidad en sentido amplio, y da espacio a nuevas preguntas: si incluso el techno puede ser accesible, ¿qué puede no serlo?
Así, las Tres Xemeneies se convierten en un generador de preguntas, como un símbolo y una metáfora del momento que vive la arquitectura. Desde un recinto industrial que adopta nuevos usos más sociales, la exposición sitúa la arquitectura entre los agentes que pueden dar respuesta a estas grandes preguntas, ahora desde el litoral de Barcelona.


