Aclam Club: la partitura escondida de Barcelona entre guitarras y motos

Aclam Cub imatge
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Detrás de un discreto pasillo del Eixample, la música en directo —con un repertorio que viaja del jazz al blues, pasando por el rock y el flamenco— convive con una colección de más de 300 guitarras, motocicletas clásicas y fotografía analógica que transportan a los años 60 y 70

(Redactora en The New Barcelona Post)
01 de junio de 2026

Barcelona se escribe también en forma de partitura. Una partitura compleja y variada, que viaja desde las notas agudas, casi estridentes, hasta los pasajes más melódicos y acústicos. En los últimos años, esta partitura barcelonesa se ha convertido en uno de los grandes referentes del panorama internacional. Desde los grandes recintos como el Estadi Olímpic —escenario que artistas internacionales han convertido en parada habitual de sus giras, como Bad Bunny, Rosalía o Bruce Springsteen— hasta los festivales que marcan el calendario musical, como el Primavera Sound o el Cruïlla, Barcelona se ha consolidado como una ciudad con una intensidad y nivel musical difícil de igualar.

Pero la imagen de una ciudad convertida en escenario global es solo una de las caras de la partitura barcelonesa. La otra cara —más discreta, menos visible, pero igualmente necesaria— se toca cada semana en salas y clubs de pequeño y mediano formato que sostienen el talento y la escena local. Espacios que, sin hacer ruido —a pesar de sí apostar por la música—, mantienen vivo el pulso de la ciudad.

En pleno Consell de Cent se esconde uno de estos refugios musicales. Si no fuera por una gran ilustración de una guitarra de madera iluminada que anuncia la entrada, Aclam Club podría pasar completamente desapercibido entre los edificios del Eixample. Pero esta discreción forma parte de su encanto. 

Guitarras y motos en Aclam
Más de 300 guitarras eléctricas comparten espacio con motocicletas clásicas de marcas como Bultaco o Montesa. © Aclam

El detalle de la guitarra es una pista de lo que realmente se esconde: después de un largo pasillo se llega a una sala de más de mil metros cuadrados donde conviven más de 300 guitarras eléctricas comparten espacio con motocicletas clásicas de marcas como Bultaco, Ossa o Montesa y con una extensa colección de fotografía analógica formada por cámaras Nikon, Canon o Leica. A primera vista parecen objetos procedentes de mundos diferentes. Pero todos explican una misma fascinación por el diseño, la artesanía y los objetos que han sobrevivido al paso del tiempo.

El proyecto nace precisamente de estas tres pasiones de Jordi Canivell: la música, las motos y la fotografía. La colección que hoy ocupa buena parte del espacio es, de hecho, el resultado de más de tres décadas de investigación, adquisiciones y restauraciones alrededor de estas tres pasiones. Todo comenzó en 1986 con la compra de una guitarra Fender Stratocaster. Aquel primer instrumento marcó el inicio de una colección que no ha dejado de crecer desde entonces.

Guitarras y motos en Aclam museo
La colección comenzó el año 1986 con la compra de una guitarra Fender Stratocaster. © Aclam

Aunque la colección sí lo hizo, la historia de Aclam no comenzó dentro del mundo de la música. Hace más de treinta años, la empresa desarrollaba su actividad en el ámbito de las artes gráficas y los estudios de grabación. Con el tiempo, la pasión de Canivell por los instrumentos fue ganando peso hasta transformar completamente el proyecto empresarial. 

Así, después de décadas estudiando instrumentos, componentes y sistemas de construcción, Canivell decidió dar el paso de coleccionista a creador. Durante años trabajó en diferentes prototipos de instrumentos hasta que, en 2021, comercializó los primeros modelos de las guitarras Canivell. El principal distintivo de estas guitarras es que ofrecen la posibilidad de intercambiar las pastillas y combinar diferentes tipos de tapa. Un sistema que permite modificar el instrumento y explorar una amplia variedad de configuraciones sonoras. 

Cuando una Bultaco se convierte en guitarra

A medida que Aclam se consolidaba como tienda especializada ya no solo en guitarras, sino también en pedales y sistemas de pedaleras, también crecía la necesidad de compartir esta pasión más allá de la venta y la exposición. La idea de un club dedicado a la música en directo fue tomando forma hasta que se decidió ampliar el espacio de la tienda y conectarlo con el local adyacente, que hasta entonces funcionaba como aparcamiento.

Aclam Club
Aclam Club es hoy un un espacio híbrido entre sala de conciertos, centro cultural y punto de encuentro para músicos, coleccionistas y aficionados. © Aclam

La transformación requirió una reforma integral orientada especialmente a garantizar la calidad acústica de la sala. Las obras finalizaron en 2019 y dieron lugar al actual Aclam Club: un espacio híbrido entre sala de conciertos, centro cultural y punto de encuentro para músicos, coleccionistas y aficionados. Es en este espacio donde se respira la esencia y el alma de la colección, con objetos que representan más que una mera decoración: desde los sofás Chesterfield hasta los vinilos o las motocicletas expuestas, todos respiran la misma estética. 

Esta atención al detalle también se refleja en algunos de los instrumentos que forman parte de la colección. Varias de las guitarras han sido concebidas como un homenaje directo a motocicletas Bultaco, inspirándose en sus colores, líneas y elementos de diseño. Expuestas junto a los modelos que las inspiraron, establecen un diálogo singular entre dos disciplinas diferenciadas pero con un origen muy barcelonés: ya que ambos elementos han sido diseñados y fabricados en la ciudad —tanto las guitarras Canivell como las Bultaco, marca catalana desaparecida en 1983—.

Estas guitarras acompañan al visitante a lo largo del pasillo que conduce hasta el club, convirtiendo el trayecto de entrada en una especie de recorrido expositivo. Es aquí donde aparece otra de las pasiones de Jordi Canivell: la fotografía analógica. Las paredes acogen una selección de imágenes capturadas por el propio coleccionista, muchas de ellas escenas cotidianas de Nueva York que comparten la misma estética vintage que impregna todo el espacio.

Exposición fotográfica en Aclam
Las paredes de Aclam acogen una selección de imágenes capturadas por el propio Canivell. © Aclam

En la sala, las creaciones propias de Canivell conviven, sin embargo, con algunas de las grandes firmas de la historia de la guitarra. Entre los más de 300 instrumentos que forman la colección hay ejemplares de Fender, Gibson, Selmer o Monteleone, así como piezas construidas por luthiers de referencia como Antonio Torres, Enrique García o Ignacio Fleta.

El resultado es una sala diáfana y flexible, con una capacidad que puede llegar aproximadamente a las 200 personas según el formato, pero que es capaz de adaptarse a las diferentes actividades sin perder identidad. Un día puede adaptarse para un concierto íntimo de un músico como Jon Carin (mítico miembro de la banda Pink Floyd); al siguiente, una presentación de libro o un evento corporativo; y durante la noche, un taller de composición.

El eclecticismo de la colección, por lo tanto, también se manifiesta en la programación de la sala, ya que en Aclam no hay una única línea estilística ni la voluntad de limitarse a un solo género. Jazz, blues, soul, rock, folk y flamenco conviven en una agenda que apuesta por la diversidad musical. “Preferimos no limitarnos a un único estilo”, explica Marcel Cavallé, músico y programador del club. “La premisa es clara: apostar por música en directo de calidad”. Esta flexibilidad define también el uso del espacio, que fuera de la programación musical se abre a eventos corporativos de todo tipo, incluso sin la necesidad de estar relacionados directamente con la música.

Guitarres i motocicletes a Aclam
Jazz, blues, soul, rock, folk y flamenco conviven en la programación. © Aclam

 

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Sobre el autor

Ainara Valadez
Ainara Valadez Medina

Redactora en The New Barcelona Post

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