Barcelona llora estos días ante las imágenes de los disturbios y los actos de vandalismo que este fin de semana han golpeado el centro de la ciudad y han dañado comercios y negocios que cada día levantan la persiana y dan vida a nuestras calles. Unos actos que se han querido disfrazar de protesta, pero que muy pronto han dejado al descubierto su verdadera naturaleza: no era reivindicación, sino vandalismo organizado, atizado y difundido a través de TikTok por la plataforma anónima Blocus.
Por suerte, podemos celebrar que se haya quedado en un episodio puntual, en una noche, pero esto no lo hace menos grave ni menos inadmisible. Y, sobre todo, no borra el impacto sobre la imagen de Barcelona, sobre su percepción.
Y las percepciones cuentan, y mucho: condicionan la manera como los ciudadanos viven la ciudad, pero también como la ven los visitantes, las empresas y aquellos que se están planteando invertir o establecerse en ella.
De hecho, de percepciones y de la Barcelona que proyectamos se habló mucho justamente pocos días antes a pocos metros de donde después ha habido disturbios, en la Casa Seat Cupra, donde Barcelona Oberta celebró la undécima edición de su Summit, bajo el título La Barcelona que podría ser. Un encuentro en el que representantes del mundo empresarial, comercial, cultural y de las infraestructuras debatieron sobre los obstáculos que afronta la ciudad y las medidas que habría que tomar para hacerla más abierta, accesible y competitiva.
El contraste es inevitable: mientras unos dañan los comercios y el espacio que compartimos, otros se preguntan qué hay que hacer para que Barcelona continúe siendo una ciudad viva, atractiva y próspera. Y nosotros, que somos claramente del segundo grupo, nos quedamos con las propuestas que, además, no se limitaron al comercio. La vivienda, el talento, la cultura, la movilidad y la apertura económica concentraron buena parte del debate sobre una Barcelona que, según diversos ponentes, todavía pone demasiados obstáculos a la actividad.
En su intervención, el presidente de Barcelona Oberta, Gabriel Jené, resumió el reto en la necesidad de facilitar la actividad económica y dejar de poner trabas al comercio. Reclamó más flexibilidad en los planes de usos, más libertad de horarios y una Administración más ágil. Y cerró con una idea que resume el espíritu del encuentro: "La Barcelona que podría ser empieza con el compromiso de cada uno de nosotros".
El encuentro contó, además, con la participación del alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, y de Marta Angerri, directora general de Comercio de la Generalitat de Catalunya. La presencia de ambos permitió que los representantes del comercio y de otros sectores clave para la economía de la ciudad pudieran hacer llegar sus inquietudes y propuestas directamente a las administraciones. Porque imaginar "la Barcelona que podría ser" no consiste solo en señalar qué no funciona, sino también en atreverse a plantear qué hay que cambiar, sumar complicidades y encontrar la manera de hacerlo posible.
Estas son diez medidas para la Barcelona que podría ser.
1. Dar ayudas directas al pequeño comercio para abrir, renovar y consolidar los negocios
"El problema no es el precio del alquiler, sino la actividad". Esta es la idea que defendió Paloma Bergós, directora de gestión de cartera de Casacuberta, al abordar las dificultades del comercio. Por eso Bergós propuso medidas de apoyo directo a los establecimientos, para que puedan asumir los gastos iniciales, abrir la persiana y hacer viable su actividad, como por ejemplo, que la administración asumiera "los dos meses de fianza obligatoria". El objetivo es reforzar el comercio de proximidad y evitar que las dificultades económicas acaben vaciando las calles.
2. Simplificar los trámites y reducir la burocracia
La burocracia sigue siendo uno de los obstáculos para emprender y poner en marcha nuevos proyectos. Tanto Bergós como el empresario Javier Faus reclamaron una Administración más ágil que reduzca drásticamente los plazos de tramitación. La apertura o reforma de un establecimiento comercial en Barcelona se enfrenta a menudo a una excesiva lentitud administrativa y a requerimientos burocráticos complejos. Y esta dilatación en el otorgamiento de las licencias de actividad obliga a los emprendedores a asumir gastos técnicos añadidos y a solicitar periodos de carencia más largos antes de empezar a pagar el alquiler. Una situación que encarece los proyectos y puede acabar desincentivando la actividad empresarial y comercial.
3. Los topes a los alquileres comerciales, en el centro del debate
¿Cómo se puede evitar que las subidas de los alquileres expulsen el comercio tradicional? El alcalde Jaume Collboni, en su discurso inaugural defendió abrir el debate sobre el tope de los alquileres en los locales comerciales, como medida para limitar los incrementos entre contratos, ante "aumentos que pueden llegar al 30%, el 40%, el 50% o incluso el 100%", afirmó. Pero en el debate posterior se cuestionó que los topes sean la solución general. Bergós, de hecho, que se mostró muy contraria, señaló que el camino no es cargar el peso en los propietarios, sino apostar por ayudas directas a los negocios.
4. Pensar la movilidad desde una perspectiva metropolitana
Para Salvador Alemany, expresidente de Abertis y presidente de Saba, Barcelona no se puede entender al margen de su entorno metropolitano. Hay que coordinar las administraciones y las infraestructuras, mejorar los accesos a la ciudad y planificar las obras teniendo en cuenta cómo afectan los desplazamientos y la actividad económica. La movilidad, pues, no es solo una cuestión urbana: es también una condición para la competitividad.
5. Flexibilizar la oferta de alojamiento y revisar las moratorias
Javier Faus defendió levantar moratorias y facilitar nuevas fórmulas de alojamiento allí donde tengan sentido. Esto incluye hoteles, residencias de estudiantes, flex living y alojamientos temporales para profesionales que vienen a trabajar a Barcelona. La idea es adaptar la oferta a las necesidades de una ciudad que recibe estudiantes, trabajadores y talento internacional.
La intervención de Faus culminó con un aplauso espontáneo del público cuando enumeró las restricciones que, a su parecer, frenan la actividad en Barcelona. «Hoy en día, no se pueden hacer hoteles en Barcelona, no se pueden hacer residencias de estudiantes, no se puede hacer flex living... ¡No se puede hacer nada! ¡Nada! ¡Nada!», exclamó, con vehemencia. Una crítica directa a las moratorias y las trabas que, según defendió, impiden ampliar la oferta de alojamiento y dar respuesta a las necesidades de una ciudad que quiere atraer talento y actividad económica.
6. Crear una ventanilla única para atraer talento e inversión
Josep Lluís Sanfeliu, presidente de Barcelona Global, reclamó un sistema que acompañe a las empresas, los inversores y los investigadores que quieren instalarse en Barcelona. Una ventanilla única permitiría orientarlos y ayudarlos a resolver los trámites, incluidos los relacionados con la obtención del NIE, que pueden convertirse en un freno para quien llega de fuera. El objetivo es que la ciudad no pierda oportunidades por culpa de las trabas administrativas.
7. Ampliar las opciones de vivienda y de alojamiento temporal
La dificultad para encontrar un lugar donde vivir es también un obstáculo para atraer y retener talento. Sanfeliu propuso explorar nuevas fórmulas para ampliar la oferta, incluido el aprovechamiento de viviendas públicas infrautilizadas y la posible conversión de algunos locales comerciales vacíos en calles secundarias. En la misma línea de ampliar las opciones de alojamiento, Javier Faus defendió facilitar fórmulas como el flex living, pensadas para dar respuesta a las necesidades de profesionales que se trasladan a Barcelona temporalmente. La idea de fondo es diversificar la oferta y adaptarla a las diferentes necesidades residenciales, especialmente las de las personas que vienen a la ciudad para estudiar o trabajar.
8. Mejorar la conectividad internacional y proyectar los sectores estratégicos de Barcelona
Sanfeliu también puso el foco en las conexiones internacionales, especialmente en la necesidad de reforzar los vuelos intercontinentales directos con Asia. Al mismo tiempo, defendió proyectar mejor sectores en los que Barcelona tiene potencial, como la ciencia, la salud y la tecnología. La conectividad es una herramienta para facilitar los negocios, atraer inversión y situar la ciudad en los circuitos globales del conocimiento.
9. Impulsar un gran pacto cultural con una visión a veinte años
Ferran Rodés Vilà, presidente del Patronato de la Fundació Antoni Tàpies, defendió un gran pacto cultural que implique a las administraciones, las instituciones culturales, el sector privado y la filantropía. La propuesta pasa por definir una estrategia a largo plazo, con una mirada de veinte años, y dotarla de un modelo de financiación que permita dar estabilidad a los proyectos. La cultura, desde esta perspectiva, no es un complemento de la ciudad, sino una parte esencial de su atractivo y de su proyección internacional.
10. Reforzar los canales de comunicación propios para explicar mejor Barcelona
Rodés también insistió en la necesidad de mejorar la manera como Barcelona comunica sus fortalezas, y su propia oferta. Reforzar los canales propios permitiría conectar mejor las actividades con los ciudadanos, dar más visibilidad a lo que ocurre en la ciudad y proyectar sus atractivos hacia el exterior. Porque una ciudad no solo debe tener una oferta potente: también debe saber explicarla y hacerla llegar a su público. Trabajar las percepciones.
