Reuniones de empresarias en círculos reducidos y seleccionados donde prima la confianza y la confidencialidad, con una metodología diseñada para abordar retos de forma conjunta y extraer el máximo de la experiencia de cada una. Es la receta de la Women Presidents Organization (WPO) para potenciar el liderazgo de mujeres propietarias y líderes de empresas consolidadas, y que ahora aterriza en Barcelona, con Irene Tarradellas al frente.
Como ha explicado ella misma junto a la responsable global de WPO, Anni Wilhelmi, el nuevo chapter de Barcelona no quiere ser un foro más ni una red de contactos; se erige como un círculo exclusivo donde mujeres al frente de sus propias empresas comparten sin máscaras, sin juicios y desde la confidencialidad sus preocupaciones, retos y dudas. Así, va más allá del networking, y es que estas preocupaciones se trabajan de forma extensa entre las empresarias del chapter, en reuniones mensuales que se alargan unas cuatro horas y que siguen la metodología propia de WPO. El capítulo de Barcelona se añade a los más de 150 que tiene la organización en todo el mundo, sumando más de 2.000 mujeres.
“No somos un grupo más de networking. Hay muchos espacios networking sectoriales, que reúnen a mujeres del mismo rol o sector, pero aquí, es distinto. El networking ocurre de forma natural, pero no es el objetivo. El objetivo es crear un grupo de empresarias en un entorno seguro, y diverso”, ha resaltado Tarradellas. De hecho, la diversidad es clave en los grupos de WPO, fundada hace más de 25 años en Nueva York: en un mismo círculo no puede haber dos empresarias del mismo sector, y se buscan perfiles distintos, tanto por experiencia, edad y momento del negocio.
Requisitos: ser propietaria y facturar un millón
Desde esta diversidad, estos grupos ejercen en la práctica de “consejo asesor para ellas”, como destaca Tarradellas. La fundadora y directora de Impact Hub Barcelona será la chapter chair de este primer capítulo de la organización global en la ciudad, que empezará a operar a finales de mayo con un grupo de entre una docena y 20 miembros. Todas ellas deben cumplir ciertos requisitos: deben ser propietarias y tener un cargo de máxima dirección en la empresa. Además, hay un mínimo de facturación: la compañía debe ingresar al menos un millón de euros si es de servicios, y dos millones si es de producto. “Es un perfil muy concreto que se enfrenta a situaciones muy específicas”, que se abordan conjuntamente en este consejo.Pese a este rol de “consejo asesor”, en WPO no se dan consejos —es una de sus normas, al igual que dejar las cuestiones políticas al margen—. De hecho, su metodología propia —llamada PeerView— se basa en abordar los retos a partir de preguntas y de compartir la experiencia propia. “Hablamos a partir de nuestra experiencia. Nadie dice a nadie qué es lo que tiene que hacer”, ha destacado la embajadora global de WPO Teresa Patuel Echanove, desde lo alto de la Torre Mapfre, en el mismo espacio que acogerá las reuniones del capítulo de Barcelona.
Así, a través de preguntas y de la propia experiencia, las empresarias del círculo abordan las problemáticas que las afectan a ellas y a sus organizaciones. “Es el único espacio en el que las empresarias encuentran la autenticidad del liderazgo y en el que pueden sacarse todas las máscaras”, ha defendido Valeria Rodriguez-Codina, chapter chair del capítulo de WPO de Madrid, donde la organización llegó hace un año y medio. También están activos dos capítulos en Galicia y, con la apertura del de Barcelona, España se consolida como el país con más presencia de WPO en Europa.
Para construir este nuevo chapter, Tarradellas se ha dado cita con unas 200 empresarias desde enero. De ellas, 100 cumplen con los requisitos de WPO, y 30 de ellas están en conversaciones avanzadas para formar parte de la organización. De hecho, este centenar de mujeres se ha reunido convocadas por WPO en una primera toma de contacto, en la misma Torre Mapfre.
Los nombres no son públicos: ni siquiera entre las posibles futuras miembros saben quién más formará parte del chapter. “Van a llegar sin saber quién más hay. Pueden confinar en que van a estar rodeadas de iguales, de mujeres a su mismo nivel, en un grupo muy diverso”, destaca Tarradellas. Pese a esta diversidad, todas vendrán de empresas consolidadas: aunque Barcelona es un polo de emprendeduría, ninguna de las startups que factura más de un millón de euros es propiedad de una mujer que encaje en WPO, como ha constatado la chapter chair. Para formar parte del grupo, las empresarias deben abonar una cuota de 2.200 euros anuales para cubrir la actividad de WPO, que opera como organización sin ánimo de lucro.
De hecho, Tarradellas ha tejido esta red partiendo de una pulsión personal: “Llevo muchos años buscando un espacio como este, sin saber que WPO existía”. Casualmente conoció hace un año a Rodriguez-Codina, y empezaron a abordar la posibilidad de abrir un chapter en Barcelona. “A mí me faltaba ser propietaria”, ha destacado Tarradellas, que pasó a asumir el rol de facilitadora que desarrolla la chapter chair. Ahora, la organización se propone abrir dos o tres grupos en Barcelona en los próximos años, llegando también más allá del entorno metropolitano: “Ese será un objetivo muy relevante para mí”, ha avanzado Tarradellas.
Esta comunidad no será solo local, sino que estará conectada con la red internacional. De hecho, WPO celebra una vez al año su convención internacional: la próxima será en Miami a principios de mayo, donde se reunirán más de 800 empresarias de todo el mundo. En esta edición, se presentará el plan para sumar a 10 ciudades más, Barcelona entre ellas. Como ha destacado la responsable de la organización y también del chapter de Sudáfrica, la ciudad lleva tiempo en el foco de la organización: “La ciudad es importante, porque piensa de forma global”.
Contra la soledad y el síndrome del impostor
Ahora, la ciudad se suma a una red determinada a empoderar a empresarias propietarias de todo el mundo, en una red de intercambio de inspiración y de experiencias: “Combatimos la soledad de las mujeres en la cima de su empresa. Y también el síndrome del impostor”, destaca Wilhelmi: “Hemos vivido muchas historias de éxito dentro de la organización”.“Puedo estar cerrada en la gestión de la empresa, y el resto de mujeres en WPO me abren la mente. Aunque somos de distintos sectores, tenemos los mismos retos. Pueden cambiar la dirección de tu empresa”, resume Patuel. Y Rodriguez-Codina va más allá: “Cada una de nosotras tenemos un background, y cuando lo compartimos, se amplía. Es la inteligencia colectiva”.