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La Walt Disney de Barcelona

Mural homenaje a Pepita Pardell
Mural homenaje a Pepita Pardell

Una plaza en el Coll rinde homenaje a Pepita Pardell, pionera olvidada desde los 40 del cine de animación 

17 de diciembre de 2025

Una exposición en la sede del distrito de Gràcia y la inauguración de un espacio en el parque de la Creueta del Coll con su nombre son los últimos y tardíos reconocimientos a Pepita Pardell, pionera del cine de animación en España, que, sin embargo, sufrió durante décadas la invisibilidad profesional a causa de las políticas franquistas que reservaban a la mujer un papel de sumisión en una sociedad patriarcal. Pepita vivió, hasta su muerte en 2019, a los 91 años, para el cine de animación, participando en todos los grandes proyectos y haciendo historia. Una de sus sobrinas, la periodista Marta Pardell, lucha por recuperar y mantener el legado de la que puede considerarse sin exageración alguna la Walt Disney de Barcelona.

Aún muy joven, Pepita destacó por la calidad de sus dibujos. La vocación artística la llevaba en los genes. Su abuelo era un forjador artístico que había trabajado para Antoni Gaudí en la Sagrada Família, y sus padres tenían igualmente dotes para la pintura y el canto. Por eso, detectaron muy pronto el talento de su hija para el dibujo. Su primer mentor fue el pintor y vecino Antoni Comerma. Descubrió el mundo de la animación cuando la llevaron a ver Blancanieves, la histórica película de dibujos animados de Walt Disney, que fue estrenada en 1941 en Barcelona. Tenía 13 años y su obsesión a partir de entonces fue que sus dibujos se movieran.

Sus primeros pasos profesionales se produjeron con tan solo 16 años, cuando su madre supo que un estudio que se había instalado en su barrio, el Coll-Vallcarca, buscaba dibujantes para integrarlos en el equipo de producción de la que sería primera película de animación española, Garbancito de la Mancha, que, además, fue la primera producción europea en emplear el color mediante la técnica del acetato. A la prueba acudieron 150 aspirantes, entre ellos Pepita. Consistía en hacer un dibujo sobre una plancha de celofán. No la superó al no estar familiarizada con los materiales, pero logró convencer a los responsables de los estudios para que le encargaran trabajos a su alcance mientras aprendía.

Así fue como empezó coloreando fondos. La mencionada técnica del acetato consistía en superponer láminas transparentes retroiluminadas. En los estudios Balet y Blay se utilizó antes que se hiciera en países como Francia, Reino Unido e Italia, donde no se implantó hasta los años 50.

En 1948, participó también en la segunda producción tras Garbancito. Se trataba de Alegres vacaciones, y en 1952 lo hizo con la tercera, Sueños de Tay-Pi, que resultó ser un fracaso comercial y provocó el cierre de los estudios y el inicio de la crisis de la animación en España. Esta situación obligó a Pepita Pardell a dedicarse al cómic ilustrando historietas románticas para revistas dirigidas al público femenino, como Azucena, Mis cuentos, Graciela y Güendolina, entre otras. Decidió firmarlas con el seudónimo Maite.

No es hasta la década de 1960 que Pepita regresó a la animación. Lo hizo en los estudios Buch-Sanjuán, especializados en publicidad. Los spots, realizados mediante la animación, cautivaron a la artista y produjo numerosos, hasta que los estudios cerraron en 1964. Casi de inmediato consiguió trabajo en Publivisión, donde la nombraron animadora jefa. Pero los empleados del estudio no llevaban bien que les mandara una mujer. El talento estaba entonces socialmente reservado a los hombres. Llegó un momento en que la situación se hizo insoportable y Pepita decidió irse en 1972.

Pepita Pardell, pionera del cine de animación en España. © Xavier Torres-Bacchetta / Archivo familia Pardell

Otra vez fue reclamada, en esta ocasión por el prestigioso animador y productor estadounidense Robert Balser, que se había instalado en España y que, entre sus hitos profesionales, figuraba haber sido director de animación de la película Yellow Submarine en 1968, protagonizada por unos Beatles de dibujos animados. Con Balser, trabajó principalmente en proyectos internacionales. En 1975, realizó el que puede considerarse el proyecto más importante de su carrera, el cortometraje de animación La doncella guerrera.

Años más tarde, trabajó para el dibujante Jordi Amorós, con el que regresó, en la década de los 80, a la publicidad. Entre otras, participó en la campaña Si da, no da, de prevención del sida, y trabajó para la serie de Televisión Española Mofli el último koala. Finalmente, participó en la producción de Despertaferro, el primer largometraje de animación en catalán. Se jubiló en 1993, coincidiendo con el momento de la incorporación de los ordenadores a la animación.

Desde este pasado sábado, una plaza del parque de la Creueta del Coll, con sun nombre, la recuerda. 

La invisibilidad de la que fue víctima por ser mujer en un mundo de hombres hizo que el reconocimiento no le llegara hasta a los 87 años. En 2016, se le concedió el premio Trajectòria en la Mostra de Cinema d’Animació de Catalunya. También fue reconocida por la Acadèmia del Cinema Català, con un premio Gaudí honorífico. Pepita Pardell habría cumplido 100 años en 2028. Desde el pasado sábado 13 de diciembre, una plaza del parque de la Creueta del Coll lleva su nombre y un mural la recuerda. Todo demasiado tarde, pero más que merecido para la Walt Disney catalana.

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Xavi Casinos
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