Las etiquetas de la ropa son pequeños manuales de instrucciones: indican de qué materiales está hecha una prenda, cómo debe lavarse y qué cuidados necesita para mantenerse en buen estado. Son indicaciones prácticas que ayudan a saber cómo tratar cada pieza. Sin embargo, en el mundo de la moda, las etiquetas también pueden ser invisibles: son las que, de forma implícita, separan los cuerpos que encajan en los diseños convencionales de aquellos para los que encontrar ropa adecuada sigue siendo una dificultad.
Para muchas personas, vestirse no es tan sencillo como elegir una prenda que encaje con su estilo y encontrar la talla adecuada. En ocasiones, la ropa no responde a sus necesidades por motivos de salud, discapacidad o movilidad reducida; en otras, porque no encuentran tallas que se ajusten a su cuerpo, ya sea más pequeño o más grande de lo que ofrece habitualmente la industria. También hay personas con sensibilidad sensorial que sienten molestias al contacto con determinadas telas, costuras o etiquetas. A esto se suman quienes necesitan prendas que permitan llevar una sonda o acomodar una prótesis, así como quienes, de forma temporal, tienen dificultades para vestirse tras una lesión o una operación.
Incluso algo tan cotidiano como abrocharse un botón, subir una cremallera o ponerse una manga puede convertirse en un obstáculo. Aunque las necesidades son diversas, todas ponen de manifiesto una misma realidad: la industria no siempre parece tener en cuenta la diversidad de las personas que visten —o podrían vestir— sus prendas.
Ante estas barreras, en los últimos años han surgido en Barcelona marcas que apuestan por la ropa adaptada, con prendas que incorporan cierres magnéticos, velcros o cremalleras estratégicamente situadas para facilitar el vestido, así como etiquetas accesibles para personas con discapacidad visual. Incluso grandes firmas internacionales han empezado a dar pasos en esta dirección con colecciones específicas, como Tommy Hilfiger; las iniciativas de accesibilidad de Zalando, o la línea desarrollada por Primark en colaboración con la diseñadora Victoria Jenkins.
Sin embargo, la aparición de estas marcas y colecciones específicas abre un debate de fondo en la industria: si existen soluciones para diseñar ropa que responda a necesidades diversas, ¿por qué siguen concentradas en líneas específicas en lugar de integrarse en las colecciones convencionales? ¿Por qué separar una ropa cuyo objetivo es, precisamente, incluir?
Porque, como defiende Xavier de Balaguer, presidente de MODAFAD, “la democratización de la moda no es hacerla más económica, sino hacerla accesible a todo el mundo”. Sin embargo, esa accesibilidad sigue siendo una asignatura pendiente, tanto en las tiendas como en las pasarelas, donde la diversidad todavía está lejos de ser habitual. Aunque algunas firmas han ido incorporando en los últimos años modelos de distintas tallas y edades e incluso personas con discapacidad, la presencia de cuerpos que se alejan de los cánones tradicionales sigue presentándose como una revolución, como algo fuera de lo habitual.
Sin embargo, para Rut Turró, experta en diseño inclusivo y accesibilidad en la moda, y fundadora de MovingMood, consultoría especializada en asesorar y formar a empresas e instituciones en estos ámbitos, el cambio debe empezar en la manera de concebir las prendas. En lugar de crear colecciones específicas para personas con discapacidad, defiende que las marcas deberían tener en cuenta la diversidad desde el inicio del proceso creativo. “Yo no creo en el concepto de moda adaptada, porque todo diseño debería tener en cuenta, desde el principio y sin necesidad de especificarlo, las distintas necesidades de las personas”, sostiene.
Una idea con la que coincide Emma Lafoz, creadora de NiaLafoz, una marca nacida en Barcelona que diseña prendas para mujeres de distintos cuerpos sin renunciar al estilo, la comodidad ni la funcionalidad y sin tener que reducirlo a un solo cuerpo. “Las personas no quieren que se las separe, se la clasifique o se la etiquete dentro de una categoría que la sociedad considera fuera de lo normal o de los estándares establecidos. Al crear ropa específica para determinados cuerpos, se corre el riesgo de separarlos y seguir señalándolos como diferentes”, defiende.
Cuando un producto se diseña teniendo en cuenta distintas capacidades y necesidades, sus beneficios pueden llegar a un público más amplio. De hecho, Turró defiende que la inclusión también puede generar oportunidades económicas al ampliar el abanico de consumidores. Sin embargo, “cuando un producto se clasifica como adaptado, una persona que no tiene discapacidad ya no quiere comprarlo, porque siente que no es para él o ella”, señala. El reto, por tanto, es incorporar la diversidad desde el inicio del proceso de diseño, sin necesidad de etiquetar las prendas como adaptadas ni relegarlas a colecciones específicas.
Pioneras en una moda sin barreras
El objetivo a largo plazo no es que desaparezcan las marcas especializadas, ya que desempeñan un papel importante a la hora de innovar y abrir camino, sino que las soluciones que ofrecen dejen de ser excepcionales y se incorporen poco a poco a la moda convencional. Free From Style, una de las marcas pioneras en Barcelona en apostar por la ropa adaptada, es un ejemplo de este camino. El proyecto nació de una experiencia personal de su cofundadora, Carolina Asensio, que impulsó la marca junto a la periodista de moda Marina Vergés.
El hermano de Asensio sufrió un ictus a los 49 años y perdió gran parte de la movilidad. A raíz de esa experiencia, Asensio descubrió las dificultades para encontrar prendas que respondieran a sus nuevas necesidades sin tener que recurrir a ropa ortopédica o de chándal, ni renunciar a un estilo con el que se sintiera identificado. Sin experiencia previa en el mundo de la moda y tras una trayectoria profesional dedicada a la informática, decidió buscar una solución. “Hasta que no te toca de cerca, lamentablemente, no nos damos cuenta de la importancia de apostar por la inclusión de verdad”, reflexiona.
La marca trabaja tanto con colecciones propias como con prendas a medida y se ha especializado en pantalones para personas que utilizan silla de ruedas. Unos diseños que incluso han tomado la pasarela: desfilando en dos ediciones de la 080 Barcelona Fashion, en 2023 y 2024, con prendas desarrolladas junto al diseñador Manuel Bolaño, demostrando que la funcionalidad no está reñida con la estética ni las tendencias.
“Adaptar una prenda es tan sencillo, y a la vez tan complicado, como tener en cuenta pequeños detalles que pueden facilitar la vida a otra persona”. A veces, basta con sustituir los botones convencionales por cierres magnéticos o velcros, más fáciles de manipular para personas mayores o con algún tipo de movilidad reducida. Pero si son cambios relativamente sencillos, ¿por qué las grandes marcas, como Tommy Hilfiger o Primark, los incorporan solo en colecciones específicas en lugar de integrarlos en sus líneas habituales?
Precisamente de esa reflexión nació NiaLafoz, una marca de moda femenina creada por Emma Lafoz en Sabadell en 2023, que apuesta por diseñar para cuerpos diversos sin encasillar sus prendas en categorías específicas. Su objetivo es que cualquier mujer —e incluso hombre, porque aunque se centra en la línea femenina, cualquier persona puede vestir sus prendas— pueda encontrar ropa que responda a sus necesidades sin tener que renunciar a la comodidad, la funcionalidad ni la estética.
La idea surgió durante su proyecto final de grado, para el que diseñó una colección dirigida a personas con tetraplejia. A partir de esta experiencia, decidió ir más allá de una colección dirigida a un colectivo concreto y crear una marca pensada para todas las mujeres, independientemente de si sus cuerpos se ajustan a los estándares habituales o de si tienen necesidades específicas a la hora de vestirse. “No se trata de diseñar una prenda específica para una persona concreta, sino de diseñar pensando en el máximo de cuerpos posibles”, argumenta.
Esta filosofía se traduce en pequeños detalles que facilitan el acto de vestirse sin renunciar a la estética de las prendas. La marca ha desarrollado y registrado unos botones magnéticos impresos en 3D que permiten abrochar la ropa con mayor facilidad, manteniendo la apariencia de los botones convencionales. También incorpora aberturas estratégicas que facilitan introducir los brazos en las mangas y diseños versátiles que combinan comodidad y estilo. La marca vende tanto a través de Internet como en su tienda física (Torrijos, 22), abierta en marzo de 2025.
Costes y concienciación: las barreras de la moda inclusiva
El trabajo de marcas como Free From Style y NiaLafoz apunta, según Joana Ortega, presidenta del Cercle de la Moda, una entidad de reciente creación impulsada por profesionales independientes para reflexionar sobre el futuro del sector, estas marcas representan una oportunidad para la moda catalana. “Barcelona puede aspirar a convertirse en un referente en moda adaptada, sostenible, circular e inclusiva”, defiende.
Sin embargo, desde su experiencia al frente de su marca, Lafoz observa que, pese a que la inclusión ha ido ganando espacio en el discurso de muchas marcas, todavía está lejos de traducirse en un cambio real en el conjunto de la industria. “Todavía es más un discurso —que a veces se manifiesta a través de colecciones específicas— que una apuesta real e integral”, lamenta. La diseñadora encuentra un paralelismo con el mensaje sobre sostenibilidad, que también ha ido ganando presencia en la comunicación de las empresas, sin que ese compromiso se traduzca siempre en cambios en todo el proceso de producción.
Pasar de las palabras a los hechos, tanto en sostenibilidad como en inclusión, exige revisar todo el proceso de producción, desde la investigación y el diseño hasta la fabricación y la distribución. En el caso de la ropa adaptada, también implica aprender de forma continua y escuchar las necesidades de quienes la utilizan. “Es un proceso de aprendizaje continuo que requiere escuchar y comprender las necesidades de los distintos clientes”, señala Asensio. Un compromiso contínuo que, reconoce Lafoz, también puede suponer un aumento de los costes.
El caso de NiaLafoz muestra cómo pequeños cambios, como incorporar botones magnéticos, pueden complicar el proceso de producción. Cuando los talleres no están familiarizados con estos sistemas, deben adaptar los métodos de confección, aprender nuevas técnicas y dedicar más tiempo a cada prenda, lo que puede aumentar los costes. A ello se suma la apuesta de la marca por la producción local y la colaboración con talleres que garanticen condiciones laborales responsables, factores que también repercuten en el precio final. Lafoz considera, sin embargo, que este sobrecoste podría reducirse si más talleres incorporaran estas técnicas a su trabajo habitual, algo que sería más fácil si aumentara la demanda por parte de las marcas.
Sin embargo, más allá de los costes, Turró señala que la principal barrera sigue siendo la falta de concienciación. Su experiencia profesional le ha llevado a trabajar más en mercados internacionales que en España, especialmente en países como Estados Unidos, Reino Unido y Alemania, donde también ha comercializado su máquina de coser adaptada para personas con discapacidad. Una diferencia que, a su juicio, refleja que la moda adaptada no avanza al mismo ritmo en todos los mercados y que Barcelona todavía tiene camino por recorrer.
En este camino, las marcas tienen una responsabilidad clave: diseñar desde el principio pensando en la diversidad de cuerpos y necesidades, en lugar de limitar estas soluciones a colecciones específicas. Pero Lafoz recuerda que los consumidores también desempeñan un papel importante. “Al final, los consumidores también tienen capacidad de decisión. Si queremos que estas marcas se consoliden, no basta con defender la inclusión en el discurso: también hay que demostrarlo con nuestras decisiones de compra”, apunta la diseñadora.
"Si la ropa estuviera pensada para más cuerpos y necesidades, podría llegar a más gente, reutilizarse durante más tiempo y reducir la necesidad de crear colecciones específicas"
Las administraciones públicas también pueden contribuir a este cambio mediante ayudas, medidas de promoción y políticas que impulsen la accesibilidad desde las primeras fases del diseño. Incluso una regulación que obligara a las marcas a incorporar estos criterios permitiría, además, que la inclusión dejara de depender únicamente de la iniciativa de proyectos individuales y se convirtiera en un compromiso compartido por toda la industria.
La responsabilidad, por tanto, es compartida: implica a las marcas, a los consumidores y también a las instituciones. Para Turró, el camino pasa por “producir menos, pero producir mejor”. La experta defiende una moda que deje de clasificar y poner etiquetas, tanto a las personas como a las prendas: “si la ropa estuviera pensada para más cuerpos y necesidades, podría llegar a más gente, reutilizarse durante más tiempo y reducir la necesidad de crear colecciones específicas”, concluye.
