Carta del editor

Un pacto para Barcelona

Repitámoslo las veces que haga falta: cuando los efectos de la pandemia pertenezcan al pasado, Barcelona todavía contará con los motores que la han convertido en una ciudad pionera y atractiva a ojos de todo el mundo

Las grandes ciudades son el corazón y el cerebro de los países, y es en las ciudades donde uno debe auscultar las palpitaciones de una nación para corroborar si ésta goza de salud o ha cedido a la decadencia. Tras meses de sufrida pandemia, es lógico que los barceloneses tengan el corazón fatigado, porque la Covid-19 se ha llevado muchas vidas, ha afectado dramáticamente a la economía y al comercio, y parece que todavía determinará nuestra libre actividad durante meses.

Paralelamente, la pandemia ha afectado intensamente el universo cultural, alterando la programación de nuestros auditorios, museos y teatros, castigando la vida de nuestros ateneos y de nuestros importantísimos centros cívicos.

Pero cuando el corazón sufre, uno debe reactivar el cerebro para recordar que, a pesar de la incidencia de la pandemia, Barcelona no ha sufrido un sitio armado ni una hecatombe climática. Ante la tentación de caer en el pesimismo, uno debe recurrir al trabajo y al realismo, y éste nos lleva a ver que los activos y los tesoros de la ciudad permanecen prácticamente intactos.

Repitámoslo las veces que haga falta: cuando los efectos de la pandemia pertenezcan al pasado, Barcelona todavía contará con los motores que la han convertido en una ciudad pionera y atractiva a ojos de todo el mundo.

Hablemos de hechos, no de conjeturas. El pasado año, nuestro aeropuerto acogió 52,7 millones de pasajeros y es la sede de 212 destinos internacionales a 63 países del planeta. La Fira juega en la Champions de los grandes recintos feriales de Europa. El último ejercicio lo cerró con la cifra récord de 215 millones de euros tras haber organizado con éxito más de 150 eventos.

Cuando Barcelona haya resistido el embate de la Covid-19, como ya se sobrepuso fuerte y gallarda a muchas crisis todavía peores a lo largo de su milenaria historia, continuará gozando de una de las infraestructuras portuarias más importantes del mundo, con 7 terminales en donde el año pasado circularon más de 3 millones de pasajeros. Barcelona cuenta con el principal puerto de cruceros con base y destino en el Mediterráneo y es de los primeros en transporte de mercancías.

Como en cualquier ciudad puntera del mundo, en Barcelona la actividad económica siempre ha viajado de la mano de la investigación científica. Recientemente, la Unión Europea ha escogido a nuestra ciudad para situar el MareNostrum 5, uno de los supercomputadores más pioneros y potentes del planeta, de cuyas prestaciones ya gozan matemáticos, físicos, arquitectos y geógrafos de nuestro país en su labor investigadora y docente.

Cuando el corazón sufre, uno debe reactivar el cerebro para recordar que, a pesar de la incidencia de la pandemia, Barcelona no ha sufrido un sitio armado ni una hecatombe climática.

Los Centres de Recerca de Catalunya (CERCA) se han situado en los primeros puestos de las instituciones de investigación europeas en recepción de los fondos abiertos y competitivos del programa H2020 (han conseguido el 70% de los fondos destinados al total de centros del Estado), y se han convertido en un punto de referencia científica e investigadora en el sur de Europa.

Además, nuestra ciudad es de las más bellas del mundo, y es por ello que el año pasado la visitaron 12 millones de turistas, registrando un total de 33 millones de pernoctaciones en hoteles y apartamentos de nuestros barrios, con un gasto medio de 200 euros por persona, conformando así una industria esencial para la vida de miles de pymes y familias de Barcelona.

No es de extrañar que, año tras año, el museo más visitado sea el del Fútbol Club Barcelona. El Barça, lo sabemos, es más que un club. Pero, además, genera un impacto económico anual de 2.040 millones de euros para la ciudad, conformando el 1,5% de su PIB. Por su dimensión internacional, el club es hoy nuestra “conselleria” de exteriores, y es difícil pensar en un mejor referente para la ciudad en lo relativo a proyección y notoriedad en el mundo.

Para mantener la fuerza imbatible de todos nuestros activos, ahora es necesario que las administraciones se muestren más unidas que nunca y hablen con una sola voz.

Hay millones de personas que escogen Barcelona para disfrutarla como visitantes, pero también hay muchísima gente que lo hace para formarse. Lo certifican datos como que el Financial Times haya situado a la escuela IESE durante seis años consecutivos como la mejor escuela del mundo en el ámbito de formación de directivos y que el MBA “full time” de ESADE figure entre los 10 mejores de Europa.

La misma publicación, nada menos que el FT, sostiene que Barcelona es uno de los principales polos de atracción inversora del sur de Europa, lo cual demuestra que nuestra ciudad todavía es un lugar privilegiado para vivir y hacer negocios.

Toda esta información no surge del exceso de orgullo de un barcelonés de adopción. No son opiniones. Son hechos. Todos ellos son motores de la ciudad que muchas veces son mejor valorados en el resto del mundo que en la propia Barcelona.

Pero todavía existe un factor más esencial y determinante. Decía Aristóteles que “una ciudad está formada por diferentes tipos de hombres: las personas que se asemejan no pueden nunca hacer existir una ciudad.” En efecto, el motor más importante de Barcelona es la diferencia entre sus hombres y mujeres, su diversidad, una ciudadanía plural, tolerante, creativa, con iniciativa y con un particular estilo de vida que aúna la obsesión por el trabajo bien hecho con el goce cultural.

Barcelona es diversa en sus ideas políticas, en creencias y en cultura, y toda esta fuerza también sobrevivirá a la pandemia. Mantener y optimizar estas realidades debe ser algo prioritario para las distintas administraciones y los ciudadanos debemos legítimamente presionarlas y animarlas a tal efecto.

Para mantener la fuerza imbatible de todos nuestros activos, ahora es necesario que las administraciones se muestren más unidas que nunca y hablen con una sola voz.

Desde The New Barcelona Post queremos pedir un pacto global entre todas las administraciones públicas, y sobre todo entre el Ayuntamiento y la Generalitat, para que, cuando se trate de Barcelona, abandonen sus (¡legítimas!) diferencias y aseguren los recursos necesarios para que los motores de la ciudad continúen intactos o con más revoluciones que nunca. En estos momentos trascendentales, que los intereses de la ciudad prevalezcan sobre los intereses políticos.

Fomentemos ahora un acuerdo para potenciar todo aquello que funciona, de forma que cuando los vientos nos sean favorables, a partir de la próxima primavera, Barcelona esté realmente preparada y sea todavía más fuerte y pionera.

Así, cuando esta pesadilla haya pasado, la ciudad estará lista para volver a estar en la vanguardia del desarrollo y del bienestar del sur de Europa. Hacerlo está en nuestras manos. Barcelona siempre ha resistido, y resistirá. Estoy convencido de ello.