"Un alcalde que camina"

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28 de julio de 2025 a las 22:40h

Dos años de gobierno, una ciudad que no para y un alcalde que camina. Éste podría ser perfectamente el subtítulo no oficial (pero sí descriptivo) de lo que se vivió en Casa Seat en una nueva sesión del ciclo Moments Estel·lars. De nuevo para cerrar curso, junto a Jaume Collboni, alcalde de Barcelona, en un formato distendido, pero con sustancia.

Jaume Collboni y Toni Aira en Moments Estel·lars. © Marc Llibre

La conversación la conduje de la única manera que sé: preguntando y al mismo tiempo provocando complicidades. Y así se convirtió en un trayecto por los diversos carriles de esta política municipal que, de tan cotidiana, a veces olvidamos lo estratégica que es. Y es que sí, se habló de gaviotas y palomas, pero también, y en serio, se habló de presos políticos en Turquía y de cómo la política local puede ser un altavoz global cuando se habla, por ejemplo, de derechos LGTBIQ+ y de la necesidad de defenderlos en ciudades como Budapest. "Cuando Barcelona habla, el mundo escucha", le gusta recordar al alcalde.

Pero no nos engañemos: los minutos de oro, para el público, llegan cuando se desciende del cielo al asfalto. Y concretamente al asfalto de Barcelona, con obras, bicicletas y limpieza (o no) del espacio público. Frecuencias de paso de autobuses, de metros más o menos puntuales, y un horizonte del 2035 que suena a película de ciencia ficción pero que ya se gobierna desde hoy.

En la conversación apareció también otra cuestión destacada: la concesión de la Medalla de Oro de la ciudad a todos los alcaldes y alcaldesas que han pasado por el cargo. Un gesto de reconocimiento transversal que Collboni soltó como quien no quiere la cosa... y que, como se ha visto esta misma semana, no era sólo titular, sino hecho.

Quizás el mejor resumen de este diálogo es una frase captada entre el público: “Es la primera vez en mucho tiempo que, estando de público, en una hora, no he mirado el móvil”. No es poco. Esto, hoy, es una victoria comunicativa y política. Porque hablar de política y conseguir mantener su interés, es también una manera de gobernar.

Collboni, “un alcalde que camina”, como le gustaría ser conocido, volvió a demostrar, como tantos otros que como él trabajan a pie de asfalto, que la política municipal no es la hermana pequeña de nada, sino el lugar donde se gestionan las cosas más importantes de lo cotidiano. Que se puede pasar de Budapest a la parada del autobús sin perder el hilo. Y que, si la ciudad no se detiene, quizá sea porque, de alguna manera, los que trabajan para ella, tampoco lo hacen.

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