EL BAR DEL POST

Txarly Brown: Muchísimo de casi todo

El dissenyador gràfic, col·leccionista i DJ Txarly Brown, nom artístic de Carles Closa.
El dissenyador gràfic, col·leccionista i DJ Txarly Brown, nom artístic de Carles Closa.
(Escritor, periodista, gestor cultural)
28 de julio de 2025

“Ver a Skatalà en directo, a los 18 años, me hizo meterme de lleno en la música jamaicana, un sonido que me atrapó, que me gustó del todo, por encima de lo que hasta la fecha había ido escuchando”. La mirada del diseñador y agitador Carles Closa, más conocido como Txarly Brown, brilla a través de sus gafas Cazal. Aquel concierto de la mítica banda de ska capitaneada por Kike Gallart fue el inicio de un viaje sonoro y estético que lo ha llevado, desde aquel 1986, a bucear por diferentes atmósferas, contribuyendo a definirlas: desde la jamaicana hasta la rumba, pasando por la electrónica, el soul o el hip hop. “Disfruto escuchando, observando, documentándome, viendo otras realidades que están dentro de la realidad. La creación en cualquiera de sus formas es fruto del conocimiento”.

La voz de Terry Callier endulza el ambiente con su clásico Ordinary Joe, y el parroquiano sorbe un trago de cerveza artesanal, con aire ausente, pensando en todos los líos en los que ha tenido el placer de ir metiéndose. Ha sido editor del influyente fanzine (y más adelante revista) FBI, ha organizado conciertos, ha recopilado y producido discos, ha estado al frente de sellos como Novophonic o Business Class. Ha definido la identidad gráfica de innumerables proyectos: Dr. Calypso, Upshitters, So Dens, Rude Cat, Producciones Animadas, Moskito Byte… Y también ha sido el factótum del tinglado Achilifunk, con el que ha puesto en valor, a través de libros, recopilaciones, pinchadas, charlas y un activismo numantino, el patrimonio de la rumba catalana y sus infinitas posibilidades evolutivas. “He hecho un poco de todo y mucho de nada”, bromea. Aunque no es cierto: inquieto, tafaner, Carlos ha hecho muchísimo de casi todo.

“Tras trece años muy metido en el tema de la rumba, acabé harto, sobre todo de quienes me acusaban de sacar tajada de aquello, cuando en realidad estaba perdiendo pasta. Así que desde 2020 me he vuelto a involucrar en el terreno de la música jamaicana, que es un poco el de mis raíces. Además, aquí tenemos a músicos excepcionales que son el futuro de estos estilos”, explica. La cuestión es seguir metiéndose en los fregaos que le gustan ---“siempre he hecho lo que me ha dado la gana, a fondo, sin dejar las cosas a medias”--- como las pinchadas con el colectivo Skazal, la producción de discos o su recién publicado libro, Grandes fracasos (Verso), que recoge y explica su producción gráfica y artística ligada al ska, reggae y derivados en estos últimos casi cuarenta años. Un festín visual.

Tener claro lo que no se quiere ser

A los 19 años Txarly Brown supo exactamente qué es lo que no quería ser: “un imbécil engañado por la vida”. Lo aprendió por las malas, ingresando en la cárcel juvenil de la Trinitat por andar con compañías equivocadas. “Tuve suerte, si llega a pasarme tres meses después hubiese tenido la edad para acabar en la Modelo”, recuerda a propósito de aquel mes transcurrido entre rejas, “donde, como sabía dibujar, acabé tatuando a otros presos como se tatuaba entonces en las cárceles: con un boli atado a una aguja que iba percutiendo con un motor de Scalextric y una pila”. Y ríe, recordando aquellos monstruosos “Che Guevaras, Campanillas y Cristos” que plasmó sobre pieles ajenas.

Carles Closa, más conocido como Txarly Brown, ha organizado conciertos, recopilado y producido discos, además de estar al frente de sellos como Novophonic o Business Class.

Poco después, entraba en el estudio gráfico Celma Durán y ahí aprendía los rudimentos de una profesión, la de diseñador, que no ha dejado de encarar desde una perspectiva artesanal ---“aunque use una tablet, la hago servir como si se tratara de papel y lápiz”---, sabedor de que el éxito en este ámbito no lo determina la calidad del trabajo, sino la proyección de las marcas para las que se trabaja. Y eso, a él, le importa un pimiento.

“La vida es el presente, yo nunca me he planteado hacerme rico con esto. Prefiero poder hacer lo que me gusta y seguir arraigado a los mundos musicales y estéticos que he ido conociendo. Sigo yendo a conciertos, a pinchadas, sigo dejando que las cosas me sorprendan”. Y ahí va otra cosa que sabe que no quiere: envejecer espiritualmente.

Entre Europa y el tercer mundo

El parroquiano ha vivido en Burgos, Donosti y Madrid, pero para él Barcelona es la mejor ciudad del mundo, “que no cambiaría por ninguna otra”. Enamorado de su desarrollo urbanístico ---“cuadriculado, como yo”---, de la luz amarilla de cadmio que ilumina las calles nocturnas y de su “alma limítrofe entre lo europeo y el tercer mundo”, se considera barcelonés por encima de cualquier otro espíritu de pertenencia.

Aunque Txarly Brown también ha vivido en Burgos, Donosti y Madrid, sigue considerando que Barcelona es la mejor ciudad del mundo.

“Lamentablemente, ---añade frunciendo el ceño--- estamos en manos de políticos que tienen una visión a corto plazo, no ven más allá de cuatro años, y de una burguesía que, a diferencia de la de antaño, ya no se involucra tanto en el apoyo a la cultura local más allá del Liceu”. Y para él esa puede ser una clave para entender “la cantidad de gente guarra, que ensucia, que no ama su ciudad”, razona liquidando su cerveza. La presión es enorme, los alquileres altísimos, la masificación turística excesiva mientras se pierden espacios culturales propios, todas estas pueden ser claves para entender por qué tantos y tantas dejan de sentir como suya Barcelona.

--- Lo que puede restaurar fácilmente el amor por la ciudad es la oferta gastronómica de este Bar, que se acerca la hora de cenar y tal vez te pueda apetecer comer algo…

Txarly Brown sonríe. Las notas de Baby take your time de Terry Callier suenan en el aire. “A mí hay dos cosas que me gustan especialmente, porque nunca las puedo comer en casa ya que no gustan ni a mi mujer ni a mi hijo: los guisantes y el hígado”, explica, y antes de esperar a ver si algo de eso hay, pide otra cerveza. “Artesanal, claro”.

Sobre el autor

Alberto Valle
Alberto Valle

Escritor, periodista, gestor cultural

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