Si el lector de esta Punyalada es alguien acostumbrado a la narrativa confesional o de autoficción (a saber, ese tipo de literatura que confunde escribir con visitar el terapeuta, en la que los plastas no paran de darnos la tabarra convirtiendo la menstruación, las erupciones acneiformes, o la precariedad habitacional ---ecs--- en un lloriqueo de aparente voluntad universalista) le recomiendo de todo corazón que no lea la última obra de Toni Sala. El escritor de Sant Feliu de Guíxols es un hombre antiguo, que no tiene la pretensión de sacudir conciencias ---grr--- ni de remover almas ---puaj---, pues se limita a entender la novela como un artefacto que debería estar la mar de bien parido a nivel estructural para así elevarse a la cima de la filosofía. Dicho de forma más cruda, Sala hace el puto favor de escribir historias verosímiles (por descabelladas que sean), con personajes muy bien esculpidos, que se acercan al palpitar de los tiempos a través de su misérrima anécdota.
Clausura de la trilogía que se inició con la obra maestra Els nois (2014) i la excelente Persecución (2019), Escenaris cuenta la historia de Tomàs Niubò, un actor que ha devenido archifamoso en televisión y series de fantasía encarnando a un personaje ficcional llamado Malicious. Prototípica víctima de una crisis de sobreabundancia y mediana edad, el protagonista decide reorientar su vida al monologismo teatral del circuito off barcelonés, recitando unos textos que memoriza viajando en automóvil allí por donde Cristo perdió el zapato. En uno de estos periplos montañosos, Niubò choca con un jabalí y se pega una hostia tremebunda; será recogido por Vadó, un hombre gordito sin aparente interés que trabaja en un polígono y se jala pizzas congeladas para cenar, pero que acabará convirtiéndose en su curador. También está Olga, la enfermera que ejerce de puente entre los dos hombres y, no spoilers, acaba sufriendo la tragedia de poder generar vida y muerte.
En un primer término, Escenaris aprovecha la amnesia disociativa de su protagonista para elevarse hacia el cielo y hablarnos de un país que ha olvidado las normas de cortesía fundacionales del contrato social y que también ha elegido divorciarse paulatinamente de su lengua (también de su historia), para así olvidar y alinearse medio inconscientemente de la política del último lustro, llena de falsarios i de caixacobris. A un nivel aún más profundo, diría que ésta es ante todo una novela sobre tres seres de pulsión autodestructiva que intentan pensar el delirio de un país hecho añicos a través de estrategias que mezclan la supervivencia agónica y la pulsión de matarse. A partir de un inicio fundacional-violento, la degeneración de este famoso actor nos regala la fotografía de un mundo donde todavía no sabemos a ciencia cierta por qué queremos seguir configurando una comunidad y sobre cómo ésta podrá sobrevivir en el alma de seres casi moribundos.
Afirmo solemnemente que, con Joan Jordi Miralles y Núria Perpinyà, Toni Sala es uno de nuestros mejores escritores y también que si esta novela llevara el nombre de Ian McEwan o Miranda July en portada los catalanets la compraríamos y alabaríamos con grandísimo entusiasmo. También sostengo que la novela es la más cruda de la trilogía mencionada; en una entrevista con el colega Bernat Puigtobella en Núvol, el escritor confesaba haberla urdido en una especie de estado de tránsito. Me atrevo a ponerme en la piel del autor y diría que más bien ha sufrido el mareo de tener que narrar un tiempo histórico donde todo dios transita de mala leche por el mundo y -si tiene suficiente pasta- lucha por salvarse travistiéndose ilusoriamente la identidad o, en caso de llevar una vida paupérrima, continuando la especie con parsimonia o abrazando la oscuridad del mar. El escritor, valiente como pocos, cuenta la inercia que nos lleva a matarnos en capítulos verdaderamente antológicos.
Esta novela de vómitos monologales ---ecs--- tiene un padre estilístico bien claro y se llama Thomas Bernhard. Desconozco si Toni ha estado leyendo el austriaco últimamente, pero Escenaris consigue recordarme muy a menudo a mi ídolo literario de todos los tiempos, con esa mezcla de ira y amor por las cosas que intenta destruir a través de largas diatribas sin un solo punto y aparte. También por una actitud de fondo, mediante la que nuestro escritor ha decidido urdir su carrera como una anacoreta, lejos del ruido del mundo y de la tontería supina de las redes sociales y del periodismo cultural. Como lector, saludo con gran entusiasmo este nuevo texto que certifica L’Altra editorial como la heredera de Quaderns Crema en cuanto a la literatura nostrada contemporánea y la búsqueda de textos de espíritu fundacional (ahora, en Can Vallcorba lo del catalán ya no les interesa una mierda). Aparte del escritor, felicitamos pues a la editora.
Os lo ruego, dejad de perder el tiempo con novelitas menopáusicas de mierda y precipitaros al nuevo gran texto de Toni Sala. Sufriréis, porque sólo así se aprenden las cosas fundamentales, pero ---al terminarla--- tendréis la tentación de levantaros del sillón y aplaudir a un excelente cronista de su tiempo. Prosa bien tejida, vidas al azar que nos explican el mundo, contingencias que, en definitiva, nos disparan a la estratosfera del pensamiento y nos cuestionan la normalización castrada del espíritu. Una novela sobre cómo digerir el delirio, en definitiva. Que el autor descanse y se tome su tiempo antes de volver; esperaremos con paciencia su nuevo accidente vital.
Añadir The New Barcelona Post como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.