Todo aquello que sí funciona

*Lorem ipsum dolor sit amet consectetur adipisicing elit.

09 de septiembre de 2025 a las 00:59h

En Barcelona viven hoy en día 1,7 millones de habitantes. Y si miramos su área metropolitana, casi son cuatro millones. Menos de la mitad de las personas que viven en Barcelona nacieron en la misma ciudad. El resto, el 55 %, provienen de otras partes de Catalunya, de España y del mundo. De hecho, una de cada cuatro personas que vive en la ciudad es de origen extranjero, con Italia y Colombia liderando el ranking. Bueno, y si miramos quién vive aquí... también deberíamos hablar de los perros: en Barcelona hay censados cerca de 175.000 perros. Es decir, hay casi un perro por cada 10 habitantes. ¿Más cifras?

En términos macroeconómicos ---seré breve--- Barcelona representa el 34% del PIB catalán, con 107.699 millones de euros. El Global Power City Index 2024 (The Mori Memorial Foundation) sitúa la competitividad global de Barcelona en la 19ª posición mundial y la 9ª de Europa. En la ciudad hay censadas más de 171.000 empresas ---por cierto, casi el mismo número de empresas que de perros---, 453.568 en la provincia de Barcelona y 600.000 en Catalunya. La ciudad es un hub de innovación, de emprendimiento y de talento internacional: ocupa, de hecho, la quinta posición en Europa en cuanto a número de startups. ¿Los sectores principales? Salud (16,9%), servicios empresariales y software (15,2%); TIC y móvil (5,7%); alimentación (5,2%) y sostenibilidad y energía (5%). Es la economía más emergente de la ciudad y las migas de pan que marcarán su futuro.

Y me gustaría seguir, ¿eh? Pero no quiero perderos a mitad de lectura, y la lluvia de cifras que completan la fotografía de la ciudad es de lo más extensa, o infinita si la miras con curiosidad: número de estudiantes universitarios (más de 240.000), de turistas (15,6 millones en 2024), de hubs tecnológicos, de congresos, de inversión extranjera, de importaciones y exportaciones; número de visitantes a museos, de estrenos teatrales, de producciones cinematográficas, de galerías de arte, de nuevas aperturas gastronómicas ---¡o de restaurantes centenarios!---, de librerías, de clubs sociales y culturales...

Hablamos de una ciudad llena de casos de éxito, que podría presumir mucho más de sus cifras, pero que muchas veces se pierde en la autoexigencia y en las críticas envenenadas de intereses políticos o partidistas que contaminan el imaginario colectivo de la ciudad. No me malinterpretéis, tenemos problemas y retos trascendentales por afrontar, pero hagámoslo desde el relato positivo y constructivo. Sin perder la urgencia, sin caer en la autocomplacencia. Hagámoslo a golpe de Good News, que nos recuerden que hay mucho camino por recorrer, sí, pero que hay muchas cosas que funcionan cada día y que deberían llenarnos el pecho de orgullo. Y hablamos de la ciudad de Barcelona, pero, bien mirado, es extrapolable más allá de las ciudades que abrazan el Besòs y el Llobregat.

De hecho, la gente está cansada de leer noticias negativas. En los últimos años, en Europa ha crecido el número de personas que han abandonado la prensa para huir del exceso de noticias negativas. En España, por ejemplo, 3 de cada 10 personas evitan leer o ver noticias “a menudo o muy a menudo”.

¿El motivo? Según un informe del Instituto Reuters, el 36% de los encuestados afirma que éstas tienen un efecto negativo en su estado de ánimo. Otros apuntan a un exceso de información y se sienten agotados por la cantidad de contenidos (29%), y hay casi un 30% que señala una falta de credibilidad. No es ninguna noticia: la prensa sufre una crisis de credibilidad, que no mejorará precisamente con la disrupción de la inteligencia artificial en el ecosistema informativo. De hecho, ya lo decía Marc Basté hace poco en una entrevista del Col·legi de Periodistes de Catalunya: “la verdadera batalla será por la confianza”.

"El 36 % de los encuestados por el Instituto Reuters dice que las noticias tienen un efecto negativo en su estado de ánimo"

Necesitamos buenas noticias, cierto, pero también historias de verdad. True Stories. Volver a ganarnos, los periodistas y medios de comunicación, la confianza de quienes nos leen, y de quienes han dejado de hacerlo. No se trata de blanquear la realidad, ni mucho menos de pintarla del color que más convenga. Ni rosa, ni amarillo, ni azul…

La voluntad de tener un relato positivo no puede pasar por encima de la verdad. Como tampoco el entretenimiento debería disfrazarse tan a menudo de noticia para llegar al gran público. La gente pide verdad, y empieza a no tragarse muchas de las pseudo-verdades que invaden cada día su pantalla, como esas vidas idílicas que se nos presentan en muchas redes sociales mientras hacemos scroll.

Es simple: Good News. True Stories. Así abrimos las puertas de esta nueva temporada en The New Barcelona Post. Bienvenidos los que nos leéis a menudo, y los recién llegados. Muy feliz de abrir estas puertas.