Hacer un resumen, subrayar un texto y memorizar conceptos parece una fórmula conocida por cualquier estudiante. Difícilmente parecen los ingredientes de un truco de magia. Pero Ferran Ballard defiende que es precisamente aquí donde se esconde una de las claves del aprendizaje: adquirir un método y entender por qué funciona.
Esta idea es el origen de The Brain School, la academia fundada por Ferran Ballard y Alejandra Scherk que ha convertido el método de estudio en su principal modelo de negocio. Con sedes en Barcelona y Madrid, formación presencial y en línea y más de 10.000 alumnos formados —desde adolescentes hasta opositores y profesionales de grandes empresas—, el proyecto ha crecido alrededor de una premisa aparentemente sencilla: antes de aprender contenidos, hay que aprender a aprender.
“El problema no es tanto las herramientas que utiliza la gente cuando estudia, sino que a menudo las aplica sin entender por qué les funcionan”, defiende Ballard. “Muchos padres intentan transmitir a sus hijos el método que a ellos les funcionó: hacer esquemas, repetir conceptos en voz alta o subrayar. Pero a menudo no saben explicar por qué estas herramientas les funcionaban y, por lo tanto, los hijos tampoco entienden su utilidad”, añade.
Esta falta de una explicación clara sobre cómo aprender mejor fue precisamente el punto de partida de la investigación de Ballard. Si muchos estudiantes hacían, seguían, aparentemente, los mismos pasos, ¿por qué algunos obtenían resultados muy superiores? Cuando accedió a la Universitat Pompeu Fabra para cursar el doble grado de Derecho y ADE, Ballard empezó a buscar la respuesta. Y pensó que la mejor fórmula para encontrar estas respuestas provenía de otro ámbito: el de la magia. Cuando un mago quiere mejorar un truco, no intenta reinventarlo desde cero, sino que estudia qué hacen los mejores y busca entender patrones y formas de funcionar.
Ballard aplicó esta misma lógica al estudio. En lugar de buscar a los mejores magos, observó a los estudiantes con mejores expedientes de su promoción, analizó sus hábitos e intentó identificar los puntos en común. Después contrastó estas observaciones con los estudios y la literatura existente sobre psicología cognitiva. Pronto se dio cuenta de que la solución no era estudiar más horas, sino disponer de un método que permitiera aprovecharlas mejor.
Un método clásico, convertido en sistema
La investigación de Ballard acabaría cristalizando en una metodología propia estructurada en ocho pasos. El punto de partida no es memorizar, sino entender: el método propone empezar tomando apuntes y haciendo una primera lectura exploratoria para obtener una visión general del contenido antes de entrar en profundidad.
Después llega la lectura en profundidad, momento durante el cual el estudiante trabaja realmente el contenido: identifica las ideas más importantes, separa los contenidos esenciales de los que no lo son y empieza a dar una estructura a la información. A partir de aquí, el método incorpora herramientas muy conocidas como hacer resúmenes, preparar un listado de preguntas o crear esquemas, pasos que, destaca Ballard, no se deben hacer rutina, sino para que realmente ayuden a entender y retener aquello que se está estudiando.
Los últimos pasos son la memorización y el repaso, unos pasos que los estudiantes normalmente sitúan al inicio de todo el proceso pero que Ballard remarca que es esencial hacerlos cuando ya se ha entendido y ordenado toda la información. La clave del método, pues, no es ninguna técnica concreta, sino saber qué paso toca hacer en cada momento y sobre todo con qué propósito se hace.
De problema personal a negocio educativo
Esta metodología de estudio, que inicialmente Ballard había trazado para dar respuesta a sus propias dificultades como estudiante, acabaría convirtiéndose en una empresa educativa —y, recientemente, incluso en un libro (Aprender con estrategia)—. El proyecto empezó con tan solo 18 años, cuando creó una primera academia orientada a estudiantes universitarios de Derecho y ADE de la Universitat Pompeu Fabra, muchos de ellos compañeros de promoción. En aquel momento, el objetivo no era construir una gran empresa, sino compartir un sistema que había desarrollado para estudiar mejor.
El crecimiento llegó de manera progresiva, sobre todo gracias al boca a boca: primero entre estudiantes de otros ámbitos, después entre familias y, más adelante, entre empresas. A raíz de la pandemia, el método también se pudo adaptar a un curso que se podía ofrecer y recibir online, desde cualquier parte de España. Ballard resume este recorrido con una frase de Ernest Hemingway: “How did you go bankrupt? Two ways: Gradually, then suddenly”. La frase, que originalmente hace referencia a una quiebra, él la utiliza en sentido contrario: el proyecto no se hundió, sino que creció de manera gradual hasta que, con el tiempo, cogió velocidad.
Hoy, el negocio, con sedes físicas en Barcelona y Madrid y múltiples ediciones en línea, está dividido en tres grandes líneas: cursos presenciales, formación online y programas corporativos. Todas comparten una misma filosofía: que “el aprendizaje no es una etapa de la vida, sino un estilo de vida”. Esta es precisamente la base del modelo de The Brain School: el mismo sistema que ayuda a un estudiante a organizarse mejor también puede aplicarse en otros contextos, desde las familias hasta el mundo laboral.
Organizar información, estructurar conocimiento, revisar errores o aprender de manera autónoma son competencias que, según Ballard, tienen valor más allá del aula. Esta visión explica también por qué, cuando un adolescente se apunta al curso, es obligatorio que venga acompañado de su padre o madre: Ballard defiende que el entorno también forma parte del proceso de aprendizaje. Con el tiempo, The Brain School también ha incorporado formaciones para empresas, aplicando los mismos principios a otros contextos. Ahora, Ballard y su socia Alejandra Scherk preparan una etapa de internacionalización a partir de 2027, combinando grandes formaciones presenciales puntuales con una mayor presencia digital en diferentes idiomas.
La idea de fondo de esta nueva etapa de expansión internacional es que aprender bien es una habilidad útil en cualquier país y en cualquier etapa vital, especialmente en un momento en que la inteligencia artificial está transformando la manera como se estudia. Aunque Ballard admite que herramientas como ChatGPT pueden ser un apoyo valioso, alerta del riesgo de que los estudiantes deleguen en la tecnología procesos como resumir, ordenar o sintetizar la información. Según él, estos pasos no sirven solo para llegar al resultado final, sino que forman parte del mismo proceso de entender y aprender.
